domingo, 17 de diciembre de 2017

GUILLERMO DE OCKHAM, ULTIMO FILOSOFO MEDIEVAL.

GUILLERMO  DE   OCKHAM.   Parte Tres, ciclo de pensadores ingleses.



INTRODUCCIÓN.



Guillermo de Ockham (Siglo  XIII) puede ser considerado como el último filósofo medieval o el primero que anticipa ideas renacentistas. Su filosofía se encuentra marcada por el fin de una época, por el hundimiento y la crisis de toda una visión del mundo ( medieval) y el palpitar de una nueva forma de pensamiento que comienza a nacer, caracterizada por un dato esencial que implica una ruptura radical con todo lo anterior: el teocentrismo medieval será sustituido por el antropocentrismo renacentista. Es este el escenario de ideas en el que Guillermo desenvuelve su pensamiento y según el enunciado anterior ser considerado vivaz en un periodo de transición  histórico. Igual que los maestros anteriores aquí tratados era religioso franciscano (Escuela Agustiniana). La Omnipotencia Divina y la separación entre la Fe y la Razón fueron las ideas centrales de su reflexión teológica. No podemos dejar fuera de su círculo inmediato de acción el problema del Nominalismo que arrebató gran parte de su academia. Afirmar que los universales existen de un modo separado, a la manera de las Ideas platónicas, o como el Ejemplarismo neoplatónico de San Agustín. Para ambas teorías, la esencia o Idea de cada cosa existe de un modo separado a la realidad material, y es el fundamento último de la misma (Idealismo. Realismo exagerado)… Afirmar que los universales no existen al margen de las cosas, sino dentro de cada una de ellas. Es la forma aristotélica, que será adoptada también por Santo Tomás. (Realismo moderado) como observamos su pensamiento se movió también en la esfera del tomismo como era de esperarse, pero creo, relacionó ambos aspectos de la teoria del conocimiento Nominalista donde involucra el moderado propio de Agustín de Hipona (1).

 Guillermo aborda la realidad desde esta perspectiva capaz de identificar al ser en su esencia metafísica la misma que define concretamente bajo el signo apreciativo de un Nominalismo. Su concepción ejemplarista  sede terreno a la Nominalista del tomismo.  La búsqueda de la percepción de la realidad en el individuo genera la conciencia de su ser metafísico, es decir, que trasciende la sola idea de la existencia material y espiritual para ubicarse en el plano de la realidad concreta que procede de la mente de Dios. Aplicando la navaja de Ockham, parece que nos quedaríamos con la opción aristotélica. Sin embargo, Ockham es capaz de encontrar una teoría aún más simple: el universal no existe ni separado de la realidad, ni dentro de la misma.  Es en alguna proporción escéptico frente a la percepción de los universales lo que le permite concluir que esta fenomenología no es probable porque simplemente no existe.  Solo existe según su doctrina lo real y lo concreto, así es imposible dialécticamente hablar de la intuición como percepción de la realidad. Aquí encontramos la base y esencia de su metafísica al parecer según lo anterior es  una metafísica particular (2). Donde la realidad  se determina por la percepción de los cuerpos y objetos sometidos a la razón y su criterio, es aquí donde el maestro ingles se aproxima en potencia a las ideas del futuro Renacimiento.  En su teoria del conocimiento lo intelectivo asume lo percibido por los sentidos. Como nos podemos dar cuenta estamos ante las bases el futuro Empirismo (400 años antes encontramos en Guillermo las bases y ejes relacionales de la filosofía moderna de David Hume, otro pensador ingles). Su empirismo como lo propuesto por el franciscano (Guillermo) insiste en la necesaria investigación de las ideas. Para continuar diremos lo que leemos en el ambiente de la presente  reflexión, y es precisamente que este autor crítica todo intento metafísico anterior a él cosa que acontece con la agustiniana y la tomista, aquí se produce el cambio de época y concepción en teoria del conocimiento alguna (3).

SU  PENSAMIENTO.

El Maestro Ockham es ante toda consideración un hombre de una profunda espiritualidad que como muchos autores de toda época encuentran en la “teología Brillante” sus reflexiones una manera valedera de expresar su Fe y vivirla, aunque persista la tentación de creer que solo es un esfuerzo académico sin espíritu y unción la verdad nos dice lo contrario, es un intento por interiorizar y hacer cognoscible lo que por Fe creemos y Amor vivimos.  Ockham como cristiano consagrado centra sus primeros esfuerzos en exaltar al Dios Todopoderoso que se revela de esta forma, parte como buen bautizado del Credo y expresa con toda la fuerza de su contenido CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO,  su gran aporte cuestiona abiertamente la postura tomista y también la neo-platónica que limita por distinción  de las formas y las esencias el poder creador de Dios. Es tanto el reconocimiento de la libertad de Dios que sostiene que desde luego lo único que Dios no puede crear es lo contradictorio porque en Dios no hay posibilidad alguna de contradicción o contaminación alguna.

Así de un dogma puramente teológico (omnipotencia divina) se derivará una consecuencia en principio inesperada, pero tremendamente moderna: la negación de las esencias, que es precisamente el nervio central del nominalismo. En cada criatura manifiesta Dios su poder de creación y la diversidad la entiende Ockham como una manifestación del poder creador de Dios, que no puede verse constreñido por ningún tipo de Idea que exista separada de la realidad, o por esencias o formas que están dentro de cada individuo (4). La creación es una muestra del capricho de Dios, de su acto de creación y originalidad extremas. Dios se recrea en cada criatura, siendo capaz de dar la existencia a una cantidad enorme de seres absolutamente diferentes, particulares, exclusivos. Cada realidad existente es única e irrepetible, lo que sería un signo, a juicio de Ockham, de la omnipotencia divina. Las consecuencias no sólo serán importantes para su metafísica, sino que, como veremos al final, se dejarán sentir también en su ética. La creación para este autor es la clave de la interpretación de lo que a su juicio revela el Poder pero sobre todo la sabiduría de Dios que conserva en las leyes naturales tanto la vida como la potencia de estas y las formas que aún no conocemos o que aparecerán a partir de las existentes. Parece conveniente citar los tipos de leyes que en su transversalidad tocan el trabajo de Guillermo:

·         Leyes naturales
·         Leyes de la ética
·         Leyes de la moral
·         Leyes civiles
·         Leyes de la Ley de Dios
·         Leyes de la configuración tacita y activa del Ethos.
·         Leyes de la filosofía y la Teología.  

Son algunos de los principios que este autor aplica junto con los teólogos reflexionados en este espacio y que bajo la idea de la creación como el escenario donde Dios muestra su Omnipotencia nos permite asumir que la limitación corresponde a la dialéctica y el discurso teórico-especulativo más no en relación con la acción de Dios y su presencia en la perfección de lo creado incluyendo sus leyes. Todo es único en la mente de Dios no existe la posibilidad Platónica de los Moldes y sus Ideas, como tampoco la pre-existencia de la materia y un componente intelectivo anterior a la creación que no sea la mente de Dios. No hay esencias anteriores y existentes de forma individual todo por decirlo así es un reflejo de cuanto existe en términos y categorías tanto cognoscibles como dialécticas, es la metafísica del ser y su evolución como citábamos arriba. A manera de ADN cada individuo posee todo cuanto es y necesita ser en términos biológicos y fisiológicos. Es pues un principio de evolución en su pensamiento que antes que ser expuesto por el Aquitense fue doctrinalmente intuido por el Doctor de Hipona en su concepción de la evolución y perfección de la vida En efecto, hay que citar las posibles fuentes. Sin embargo, San Agustín sin ser evolucionista tampoco fue fijista. De lo que se deduce de sus escritos en este tema fue original, exponiendo su pensamiento totalmente personal admitiendo la ontogénesis (cambios evolutivos de los individuos y organismos) pero no una filogénesis (evolución de las especies) de los seres vivos (5).

 En síntesis sostiene que Dios creó los animales en una especie de estado embrional o incipiente. Esto admite la posibilidad de alguna forma potencial para su desarrollo posterior, en resumen, las rationes seminales, expresión suya, las cuales, dadas las condiciones favorables, hubiesen posibilitado el desarrollo de organismos adultos.
Pero, las  rationes seminales  no habrían formado el organismo completo, ni tampoco mediante fases que pasarían a través de estadios de especies inferiores, sino a través de las formas embrionales del desarrollo individual.

 La herencia sobrevive a pesar de la confrontación teórica y dialéctica que con el paso de los siglos nos muestra la creación,  hoy en este siglo del Dogma de la naturaleza para indicar con ello no solo la sacralidad sino el origen de la misma, que bajo los conceptos de sus leyes y evolución ilustran para nosotros la concepción de un Dios amoroso que deja en las especies una huella de su amor creador o Vestigia, siendo la persona humana la misma por excelencia. Es fácil para nosotros hablar hoy de la construcción tanto teórica como fenomenológica de un dogma  de la naturaleza si tenemos presente que la vida y sus procesos son por extensión signo inequívoco de la sabiduría de Dios y por ende de su Estética creadora. Es muy posible que relacionemos la creación con la mente de Dios que no solo ordena sino que contiene los universales (opinión personal) y por ende la explicitación de la vida en todas sus formas y complejidades, dicho de otra forma la vida se recrea por Voluntad de Dios y se  materializa su deseo creador sin límite alguno en las perfecciones de las formas de vida. La Información del Creador en su obra no acontece como “una mano sostiene una cosa” sino como la configuración de los compuestos y elementos propios de su naturaleza, los mismos que le permiten a la vida ser de forma individual, recordemos que en Ockham no existe limitación alguna para el proceso de la Voluntad creadora de Dios. No hay barreras de esencias y sustancias que delimiten la creación y sus formas vivas como inertes.   Para Ockham es prioritario el “conocimiento intuitivo” o de experiencia. El tomismo consideró que el objeto propio del entendimiento humano era la esencia (común y universal) de las cosas sensibles, pero para este pensador si sólo existe lo singular, éste ha de ser el objeto del entendimiento. Lo individual sólo puede ser conocido por la experiencia o conocimiento intuitivo, conocimiento directo e inmediato de lo singular que permite conocer si la cosa existe o no. Es sin duda la Intuición empirista la que nos enseña en su manera de conocer la realidad y su interpretación (6).

Como en Escoto encontramos rastros de Voluntarianismo, es decir, que todo depende de Dios aún más que de su intelecto  aceptando de esta forma radical la Omnipotencia de Dios sobre cuanto existe y desde luego el ser humano aquí ubicado. Principio de economía. Llamado también navaja de Ockham consiste en eliminar todo aquello que no fuera evidente en la intuición (experiencia) o absolutamente necesario para la explicación de la realidad. Metodológicamente no debemos multiplicar las entidades para explicar los acontecimientos tal como lo había hecho la escolástica anterior. Que interesante su método denominado “Navaja de Ockham” gracias a su postura la realidad es como se percibe y no determinamos la existencia de los seres por puro capricho o reflexión que no se contienen desde la demostración de su existencia.
La salvación como acontecimiento de Dios en relación con el ser humano no implica para nosotros la existencia parcial o segmentada de eventos que la originan sino toda ella brota indefectiblemente del Amor de Dios que es la materialización de su Voluntad absoluta de salvarnos. La Navaja es un principio cierto y dialécticamente hablando determinado por la razón y la concepción humana que comprende cuanto vive y le rodea, es una tesis de conocimiento sobre la existencia y cuanto la compone sin ir más allá a su determinismo y necesarianismo, es decir, nada es necesario por sobre la Voluntad de Dios y mucho menos nada creado es indispensable por sobre su Voluntad salvífica.

 Mantuvo una nueva relación entre la razón y la fe, al reducir notablemente los límites de la razón humana. Sólo se conoce aquello que puede ser experimentado o intuido. Por tanto, Dios y todo lo que se refiere a la salvación eterna del ser humano son inaccesibles a la razón. Los ámbitos de la razón y la fe quedan totalmente separados. Pretende depurar la fe de toda adherencia filosófica. Ockham intenta establecer una neta separación entre la Iglesia y el Estado. Sólo reconoce un poder moderador del Papa en el terreno exclusivamente espiritual, y defiende una concepción  laica de la sociedad. Ockham busca separar lo espiritual de lo temporal, del mismo modo que separa la fe de la filosofía, con una intención clara: garantizar la espiri­tualidad de la comunidad cristiana. El Estado ejerce dominio en la sociedad y la determina, de esta forma los valores eminentemente sociales son fruto de su poder en la vida de los ciudadanos, debe ser civil puesto que la administración eclesial es distinta aunque exista la posibilidad de algunos paralelismos.  La existencia de una ética vinculada a principios racionales; para él, todos los preceptos mora­les dependen de la pura voluntad divina: un acto es malo simplemente porque Dios lo prohíbe, y bueno porque lo pres­cribe. Su crítica contempla la refutación sucesiva del realismo extremo y moderado, del formalismo escotista y del conceptualismo de Tomás de Aquino. Tal como la presenta Ockham, en la teoría del Doctor Subtilis (Duns Scoto) hay una naturaleza que es realmente idéntica con la diferencia individuante; pero distinta formalmente de ella. Esta naturaleza en sí misma no es ni universal singular ni, sino commnunis. En las cosas es incompletamente universal, y sólo en el entendimiento es universal e inmanente a él. De modo que esta naturaleza resulta algo intermedio, ni es universal ni es individual; se individualiza mediante la adhesión de un principio de diferenciación o contracción, y se universaliza en el alma mediante la acción del intelecto. Y así como debe al individuo su existencia, debe asimismo, a la acción del intelecto su pleno ser como universal: en cuanto pensada deviene universal y en cuanto realizada, individual…  Ockham objeta la lógica de esta teoría y trata de mostrar que la naturaleza escotista fracasa en su esfuerzo por superar el realismo exagerado por la vía de las distinciones formales. En efecto, ya que la distinctio formalis no es ni real ni de razón, aparece como un subterfugio metafísico del principio de no-contradicción.

La naturaleza y la diferencia individuante son en el escotismo una misma res aunque sean formalitates distintas: si la naturaleza y la diferencia contractante no son lo mismo, entonces algo puede afirmarse verdaderamente de una y negarse de la otra; pero sí en cambio, son la misma cosa en lo real, no puede con verdad afirmarse algo de una y negarse de la otra. Por tanto no son la misma cosa. La menor es evidente porque si se diese lo contrario se destruiría toda vía para probar cualquier distinción real porque la contradicción es la vía más poderosa (vía potissima) para probar la distinción entre realidades (7). El realismo tanto moderado de Tomás de Aquino como el exagerado de Duns Escoto. Es posible coincidir con este autor en cuanto a la naturaleza de la que aceptamos su Singularidad que compete más bien a su expresión como a su esencia, la misma que distingue la racionalidad de las funciones instintivas de las especies. La no-contradicción es conocida como un principio aristotélico, el cual aplica al pensamiento y ubica las ideas desde la percepción que sobre estas se genera en la esencia  de los seres, particularmente de la existencia racional del ser humano. Sobre el realismo los escolásticos coincidieron fundamentalmente mientras que los PP. De la Iglesia apuntaron a la expresión Nominalista y por ende a los Universales (Agustín de Hipona). Las funciones de los individuales rezan desde luego en Ockham  a la naturaleza que se manifiesta toda ella en absoluta dependencia de su Creador, la racionalidad es tan solo consecuencia del grado de información de Dios a la vida del ser humano, ni más ni menos. La Conciencia aquí no solo corresponde al análisis crítico de la realidad, el Acto Humano, sino también a la percepción de la propia racionalidad tan única como la Voluntad de Dios que nos llamó de no ser para que seamos en su Reino. Su Realismo de corte Moderado supone que la misma singularidad de una cosa en cuanto Universal no puede ser predicada para muchos. Esto último me recuerda que las características de un ser aunque estén presentes en otro no supone identidad sobre la misma expresión de sus dones o atributos pues existe la posibilidad de expresiones tan propias como la manera como empleamos la inteligencia aunque todos la poseamos. Lejos de asumir una relación directa entre el orden ontológico y el conceptual, Ockham exploró sistemáticamente sus diferencias e independencia. No admite la posibilidad de que una misma forma se reproduzca en individuos materialmente distintos: dos hombres no pueden ser idénticos en nada y por tanto son completamente distintos el uno del otro. Sin embargo, en algo coinciden: ambos son hombres. Ockham reconoce como único fundamento real de la predicación de conceptos universales, la semejanza entre las cosas, tema este central que admite sin cuestionamientos. La unidad del concepto depende de la semejanza: cuando por primera vez se instituyó la voz homo, al ver a un hombre particular, se significó aquel hombre, y cualquier otra sustancia semejante (qualis est iste homo). Y por tanto no se pensó en ninguna naturaleza común, que no existe. Aquí encontramos la ratificación de la naturaleza singular propia del ser humano aunque de existencias distintas estamos relacionados como especie y dotados de las mismas posibilidades. Esto fue visto y asimilado por Guillermo siglos antes de las definiciones modernas sobre persona humana (8).  

La concepción de la notitia intuitiva tal como la entienden los filósofos del siglo XIV, constituye un modo de acceso a la realidad de cuño agustiniano que subsiste en la escuela franciscana, a pesar del progresivo avance de la concepción aristotélica de la abstracción. Tanto la intuición como la abstracción son modos posibles de conocer: nuestro entendimiento en el presente estado puede tener dos conocimientos incomplejos, distintos en especie respecto del mismo objeto y bajo la misma razón: uno intuitivo y el otro abstractivo. A  diferencia de la notitia abstractiva que conlleva un conocimiento mediato, producido por el entendimiento agente y sus especies, la notitia intuitiva representa un contacto inmediato con la realidad.  Si bien Ockham no ha sido el primero en reconocer la distinción entre estos dos órdenes de conocimiento: el intuitivo y el abstractivo fue él quien precisó el concepto de intuición poniendo de relieve pretendidas ventajas  particularmente su inmediatez  frente a una limitada teoría de la abstracción que asume, en su sistema, un carácter totalmente secundario. El conocimiento intelectual intuitivo, indica, es aquel que nos permite conocer con evidencia una verdad contingente, referida al presente. En cuanta aprehensión inmediata de lo existente individual, tiene en el objeto su causa y su garantía; y a su vez, precede todo otro conocimiento del cual es raíz y principio (8.1).  El maestro franciscano precisa los momentos dialecticos por los cuales la verdad que no necesita más reflexión que la sola contemplación de sus enunciados llega sin discusión al intelecto, ejemplo de esta afirmación podría ser: El amor es el móvil ultimo y sublime de las acciones del ser humano, esta postura es radicalmente cierta para el creyente.

Utilizando el mismo ejemplo del Inceptor, podemos ver a Sócrates y diversos objetos blancos; de cada uno de esos objetos y de Sócrates formamos conceptos que son los signos naturales de los objetos que significan y que Ockham denomina incomplexaSe pueden unir lo incomplexa mediante la cópula “es”, constituyendo una proposición: “Sócrates es blanco”. Finalmente, de este complexum así constituido podemos tener un doble conocimiento…Así como es naturalmente imposible que un ciego de nacimiento pueda adquirir conocimiento de los colores, del mismo modo ningún hombre puede conocer abstractivamente un objeto sin haber tenido una intuición antecedente Pero la intuición se distingue del juicio existencial: mientras el objeto de la intuición intelectiva es un incomplejo  aprehensión o concepto simple , el objeto del juicio es un complejo, una proposición. La aprehensión de lo simple, la aprehensión de lo complejo y el juicio son los tres actos constitutivos del conocimiento de los cuales, los más elementales están presupuestos en los superiores que no podrían existir sin ellos Se podría hablar de una teoría del conocimiento modular estableciendo posibles nexos con la teoría contemporánea.

  La reflexión, en cambio, suele ser posterior a este primer conocimiento directo; pero también  nos dice Ockham podrían ser actos simultáneos Veamos el ejemplo que nos propone: el acto de amar a Sócrates presupone el conocimiento simple de Sócrates; pero también estos tres actos: a) conocer a Sócrates, b) amar a Sócrates y c) saber que se ama a Sócrates podrían ser simultáneos. Dos de ellos existirían simultáneamente en el intelecto (a y c), y uno en la voluntad (b) constituyendo un doble ejemplo de coexistencia en la misma facultad de dos actos distintos; y a su vez, de simultaneidad de dos actos procedentes de facultades distintas De toda esta línea argumentativa se desprenden algunas conclusiones. Quizá la más importante de las que enuncia radica en señalar que ningún acto de la parte sensitiva es causa inmediata próxima y total, del acto judicativo del intelecto En apoyo de esta afirmación Ockham sólo ofrece un argumento persuasivo: en algunos casos  dice el intelecto puede juzgar sin ayuda o concurso de la sensibilidad y esto sucede en los razonamientos en los que para conocer las conclusiones basta con conocer sus premisas.  Pero si el intelecto puede juzgar, es necesario que también pueda aprehender lo simple. De modo que, como se ha indicado, los conocimientos intuitivo y abstractivo  ambos intelectuales  se distinguen sólo porque el primero es conocimiento de un objeto en cuanto existente o inexistente; mientras que el otro, en cambio, hace abstracción de esta existencia o inexistencia.

En síntesis y tal como Ockham lo reconstruye, el proceso cognitivo se presenta como una secuencia causal compleja que resignifica integralmente la doctrina aristotélica.  La cosa sensible produce a) una sensación; a partir de ella se genera b) una intuición intelectual singular, que a su vez, produce en el intelecto: c) un juicio singular de existencia, o de manera general, la adhesión cierta a proposiciones contingentes relativas al presente; y d) un acto abstractivo simple, indiferente a la existencia o a la no existencia de la cosa. A su vez, este acto abstractivo es causa de: e) la formación de un habitus, esto es, una disposición que es una forma de memoria intelectual, que permitirá f) la reactivación del acto abstractivo inicial (9).

La Summa Logicae, Ockham establece las características fundamentales de su reflexión y expresa la centralidad del problema del conocer frente al problema del ser Junto al signo simple o concepto y al signo compuesto, Ockham contempla la posibilidad de un tercer tipo de “noticias primeras”. Se trata de la ciencia estricta (10).

El funcionamiento autónomo, formal del intelecto en un silogismo verdaderamente demostrativo da lugar a conocimientos inalcanzables por intuición inmediata, pero asequibles por intuición lógica desarrollada según “cierta forma”. La forma del silogismo radica en el carácter condicional que el silogismo imprime a sus premisas y conclusión. Que la forma silogística permita ampliar el área de noticias primeras sobre la realidad es lo que justifica el gran aprecio de Ockham por el silogismo demostrativo.

Ockham sostiene una doble definición de ciencia que es entendida como conocimiento cierto y evidente de algo verdadero y necesario que procede de premisas necesarias o, desde el esquema de los predicamentos, como  una cualidad existente en el alma como en su sujeto; o bien, un conjunto de tales cualidades que informan el alma.  En efecto, cuando conoce, el alma humana se modifica y este cambio no es ni generación ni corrupción, tampoco un aumento o disminución, ni una traslación. Sólo puede tratarse de un cambio cualitativo; y dentro de las cualidades es un hábito puesto que la potencia se modifica y enriquece a través del conocimiento, tornándose hábil y pronta en el ejercicio de nuevos actos cognoscitivos. Por lo demás, la ciencia en cuanto “conocimiento cierto y evidente de algo verdadero”, se basa siempre en la experiencia. Ockham considera que puede existir, conocimiento científico de cosas contingentes (11).  Desde luego que no admite que una proposición afirmativa y asertórica, relativa a cosas contingentes, y referida al tiempo presente pueda ser una verdad necesaria. Pero puede llegar a serlo en cuanto equivalente a una proposición hipotética concerniente a la posibilidad…En otras palabras, Ockham considera las proposiciones necesarias que incluyen términos que representan cosas contingentes como equivalentes a proposiciones hipotéticas, en el sentido de que son verdaderas respecto de cada una de las cosas a las que representa el término-sujeto durante el tiempo de la existencia de las mismas. Así, la proposición: “todo x es y” (donde “x” representa determinadas cosas contingentes, e “y” representa la posesión de una propiedad necesaria), se considera como equivalente a: “si hay un x, x es y”, o “si es verdadero decir de algo que es un ‘x’, es verdadero decir que es ‘y’”.

Las ideas no son necesarias: nec ipsae ideae requiruntur proprie loquendo ad hoc quod Deus agat, sed tantum requiritur cognitio ipsarum idearum que est ipse Deus omni modo o similar en español: no es ajeno a las ideas necesarias para hablar del hecho de que Dios está haciendo, sino que sólo requiere el conocimiento de las ideas, que es Dios mismo modo…  Suprime así un elemento que ha sostenido el razonamiento filosófico por más de dos milenios. Para Platón una idea, como quiera que se la interprete, y las interpretaciones abundan, es un paradigma universal participado en el ser que posibilita pensar. Añaden a esta doctrina Filón y san Agustín una tópica o sede propia: la mente de Dios creador y la intermediación instrumental del Logos. Ockham precisamente niega esto. Hay un indisimulado enojo de Ockham con Platón para quien las ideas son exclusivamente de los universales: si esto es lo que afirmó expresa el Venerabilis Inceptor o Venerable principiante.  Y agrega que no sostiene lo mismo san Agustín, lo cual en verdad no es cierto; por lo que, se podría concluir que, la crítica ockhamista los alcanza a ambos. Apelar al hombre y su capacidad sígnica para poder filosofar es la marca de modernidad del siglo de Ockham. Ni la verdad acontece ni el ser se da como participación de las ideas sino tomando como referente al hombre, con lo cual el centro del filosofar pasa a ser sustancialmente otro. La voluntad puede elegir o no su efecto, pero no de un modo simultáneo. La explicación requiere un análisis temporal de la libertad en el que Ockham divide el proceso de causar libremente en tres momentos: “antes, durante y después de”. Antes de la elección, la voluntad está indeterminada para producir o no, un acto. En el momento de la elección, la voluntad está en sí misma determinada y es incapaz de producir actos contrarios simultáneamente. Finalmente, después de elegir su acto, la voluntad humana recupera su indiferencia para continuar o terminar su decisión. Y en este itinerario la única causa de la acción contingente es la preferencia personal. La prueba de la libertad se alcanza así en estas tres etapas y sostiene un perfil contingente e indiferente antes y después de cualquier elección definida.

 En el discurso ockhamista no late el ser, sino el tiempo, y particularmente el tiempo del discurso, el antes y el después de proposiciones que se verifican en las intuiciones sucesivas que se enlazan en un proceso… Las ideas expresadas por Ockham las percibimos como si estuviéramos estudiando a Agustín y posteriormente a Descartes, la formulación de la Duda metódica es un principio intuitivo de la verdad que se fundamenta en los procesos que son contingentes con esta por fundamentarse en principios descriptivos de la evidencia, es como afirmar personalmente que: Podemos dudar de una cosa, pero nos es imposible dudar de que estamos dudando de una cosa, con esta tesis resumo la postura del franciscano sobre las ideas y la percepción de su singularidad quedando a salvo lo intelectivo y su intuición (11.1).
Ockham quiere señalar con ello que mientras la elección no ha sido efectuada, la voluntad permanece esencialmente indeterminada. La libertad no es sino una con la espontaneidad del querer, origen mismo del libre albedrío.

TEOLOGIA  POLITICA.

El tema de la pobreza evangélica es abordado en los primeros escritos polémicos. Ockham considera que el hombre tiene el derecho natural, dado por Dios, a la propiedad de los bienes de la tierra, pudiendo disponer de ellos según el dictamen de la recta razón. In principio, el hombre dispuso de un dominio genérico sobre el universo y sólo después del pecado, se manifiesta a través de la razón, que tanto la propiedad privada como la jurisdicción son necesarias para introducir orden en la vida dierum,  De modo que toda soberanía humana sea ésta sobre las cosas o las personas reconoce como origen al pecado; y su conocimiento tiene como fuente a las Escrituras El derecho a la propiedad es inviolable, y nadie puede ser desposeído por un poder terrenal, de un modo contrario a su voluntad. Pero a diferencia de otros derechos naturales, como el derecho a la vida que convierte en un precepto moral la obligación de conservarla, no es necesario que todos los individuos ejerciten el derecho a la propiedad privada. Un hombre puede, por una causa justa y razonable, renunciar voluntaria y legítimamente a la posesión de propiedad. Así lo hicieron los franciscanos quienes, a imitación de Cristo y los apóstoles, habían renunciado a este derecho. Esta posición fue considerada herética por el papa Juan XXII, al sostener que la renuncia al derecho de propiedad, implicaba también una renuncia al derecho a la comida y al vestido.

Tanto el poder civil como el eclesiástico deben mantenerse dentro de los límites de su potestad. Pero no se trata de compartimentos estancos: el bien común es más importante que la separación de poderes y puede exigir, en determinadas circunstancias y bajo ciertas condiciones, que uno de ellos intervenga en el ámbito propio del otro. En efecto, a partir de 1337 Ockham formula algunas precisiones en cuestiones institucionales y establece un principio fundamental: regulariter hay dualismo de poderes, casualiter tanto el Papa como el Emperador pueden intervenir en el ámbito que de un modo habitual corresponde al otro poder (12).

TESIS  DE  OCKHAM.

A manera de conclusiones deseo citar los conceptos relevantes de su teoria del conocimiento y determinar su importancia genérica para nuestra posterior reflexión:

·         Aborda el problema y su fenomenología refiriéndose a los Universales y el Nominalismo que partiendo de este principio orienta tanto la Razón y la Fe y  su independencia de la voluntad humana como la concepción de las mismas en la creación y su lugar natural la mente de Dios.
·         Sigue las ideas de Agustín en lo relacionado con la creación y la generación de las especies no en vano argumenta desde las “Razones Seminales”.
·         La tesis derivada del credo sobre la Omnipotencia de Dios  asegura la exposición tanto de su propia Fe como de la libertad misma de Dios creador de cuanto existe, filosóficamente rompe las cadenas que la generación de sustancia, esencia y accidente, ocasionan sobre la definición de creación.  Concluye como lo hicieron los escolásticos (tomistas y agustinianos) Dios es el creador y solo se comunica amorosamente posee en sí y para si la perfección total y absoluta.  
·         La diversidad en la vida y sus formas es prueba intelectiva del poder creador de Dios.
·         La salvación como acontecimiento de Dios en relación con el ser humano no implica para nosotros la existencia parcial o segmentada de eventos que la originan sino toda ella brota indefectiblemente del Amor de Dios que es la materialización de su Voluntad absoluta de salvarnos.
·         Todo es único en la mente de Dios no existe la posibilidad Platónica de los Moldes y sus Ideas, como tampoco la pre-existencia de la materia y un componente intelectivo anterior a la creación que no sea la mente de Dios.
·         Sigue la doctrina de las razones seminales del Hiponense.
·         Las ideas se expresan en la concepción de lo singular sin que con ello lo comuna la especie racional se vea afectado.
·         Descartes sigue el principio de este maestro al igual que de Agustín de Hipona. Dudar en síntesis es propio de la conciencia de la propia existencia y las ideas percibidas en la intuición y el juicio sobre lo percibido.
·         Cree en la separación de poderes (religioso civil) y el ciudadano posee moralmente el derecho a la propiedad.
·         Los procesos de la aprehensión mental desde la voluntad del individuo descubre el proceso del conocimiento, una epistemología guiada por la razón y el tiempo.
·         Las ideas no son necesarias: nec ipsae ideae requiruntur proprie loquendo ad hoc quod Deus agat, sed tantum requiritur cognitio ipsarum idearum que est ipse Deus omni modo o similar en español: no es ajeno a las ideas necesarias para hablar del hecho de que Dios está haciendo, sino que sólo requiere el conocimiento de las ideas, que es Dios mismo modo.
·         considera que puede existir, conocimiento científico de cosas contingentes.
·         Que la forma silogística permita ampliar el área de noticias primeras sobre la realidad, es lo que justifica el gran aprecio de Ockham por el silogismo demostrativo.
·         Su pensamiento es moderado y contiene algo de Voluntarianismo necesario para asumir la potencia de Dios en la Trinidad tanto Económica como Inmanente.
·         El último filosofo del medioevo.
·         Antecedente del Empirismo inglés… (13).

BIBLIOGRAFIA  Y  NOTAS  SOBRE  EL  TEXTO  CITADO.

(1). Nota del autor del  ensayo.
(2). Rodríguez-Pereyra, Gonzalo (2008). "Nominalism in Metaphysics", The Stanford Encyclopedia of Philosophy, Edward N. Zalta (ed.).
(3). Nota del autor del  ensayo.
(4). Expositio in libros Artis Logicae Proemium et Expositio in Librum Porphyrii de Praedicabilibus, edited by E. Moody; Expositio in Librum Praedicamentorum Aristotelis, ed. by A. Gambatese and S. Brown; Tractatus de Praedestinatione et de Praescientia Dei et de Futuris Contingentibus, ed. by Ph. Boehner, revised by S. Brown, St. Bonaventure University, New York, 1978.
(5). Nota del autor del ensayo.
(6). Nota del autor del ensayo.
(7). M. Beuchot, El problema de los universales, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1981; 2ª ed.: Universidad Autónoma del Estado de México, México, 1996.
(8). Nota del autor del ensayo.
(8.1). SAN AGUSTÍN: La filosofía es amor de Dios" (que es la verdadera sabiduría) "verus philosophus est amator Dei" (De civ. Dei, VIII, 1). No se olvide el trasfondo maniqueo de esta obra de San Agustín, significado por las dos ciudades. Pues San Agustín, que ha superado el maniqueísmo en el terreno metafísico, lo ha conservado en el plano antropológico y moral -- “Crede ut intelligas...” (Sermo 43,7, cf. Sermo 190, II, 2).
(9). “Utrum prima notitia intellectus primitate generationis sit notitia intuitiva alicuius singularis” (Sentent. Lib. I, dist. 3, q. 6).
(10). Sentent. Lib. I, dist. 3, q. 6; Ed... Cit. p. 494.
(11). TOMAS DE AQUINO: De Verit. q.2, a. 6, 3m; q. 10, a.5; I, q.86, a. 1; Quodl. VII, q.1, a.3,  etc. En todo caso, y frente al dualismo antropológico, Tomás de Aquino advierte que tal conocimiento de lo singular se basa justamente en la unidad del ser humano: homo cognoscit singularia per imaginationem et sensum, et ideo potest applicare universalem cognitionem quae est in intellectu ad particulare; non enim proprie loquendo sensus aut intellectus cognoscunt, sed homo per utrumque” el hombre sabe los detalles a través de la imaginación y el sentido, y por lo tanto se puede aplicar el conocimiento universal que está en el intelecto, con el particular (De Verit., q.2, a. 6, 3m).
(11.1). Nota del autor.
(12). Villey, Michel, La génesis del derecho subjetivo en Guillermo de Occam, Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1976, Sitio web Universidad del Salvador, [en línea], disponible en: http://www.salvador.edu.ar/juri/apuntes/Uncal-%20 Filosofia%20del%20D/Occam.pdf. Consulta: 05 de Marzo de 2008.
(13). Nota del autor.


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