viernes, 23 de diciembre de 2022

MEDITACIÓN DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

MEDITACIÓN DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

DICIEMBRE DE 2022.

La Iglesia se prepara para vivir en la tranquilidad y seguridad de los hogares de sus hijos los bautizados, pero antes en nuestros templos este maravilloso acontecimiento que antropizó totalmente nuestra relación con el Dios amoroso y por ende salvífico. Proclamó antes el profeta Isaías capítulo 7 versículo 14: “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”.  El Mesías anunciado entrará no precedido de un ejército numeroso y poderoso sino con la sencillez de su corazón viendo y sintiendo a todos sus hermanos y necesitados de su amor. Es la entrada de Dios, del Creador de todo en el reducido recinto de Nazaret, en la ciudad de David o Belén, arrullado por los cantos de cuna cuando había antes sido adorado por los coros celestiales de pléyades angelicales. Brillando en su presencia siempre, o como lo expresaría la mitología griega “Eran hermanas de Calypso y de las Hespéridas. Sus nombres eran Maya, Electra, Taigete, Alcíone, Selene, Estérope y Mérope”. En astronomía las Pléyades son un cúmulo abierto en la constelación de Taurus. Las estrellas más brillantes de las Pléyades pueden verse a simple vista incluso desde las grandes ciudades. Imaginándonos simplemente si una estrella brilla hasta nosotros con cuanto más poder cantaban sus Ángeles…

 Este era el escenario cósmico del Hijo de Dios, pero a pesar de todo su poder como Dios se encarna y disfruta de los cantos infantiles que le tributa la Virgen Madre. El dueño del universo reclama una cuna entre nosotros. Es una gran paradoja que el Creador necesite que le creen un espacio para descansar y un hogar para crecer y ser feliz… Es la familia el valor por antonomasia de este acontecimiento histórico-salvífico. Dios ha buscado un hogar para su Hijo hecho hombre, Dios lo confió a una joven esposa y niña en edad y dulce expresión…  

La Familia conformada por María, José y el Niño Dios, encarna el acontecer salvífico de toda la familia humana. De toda posible esperanza que se cierne sobre la humanidad aquí expectante, aquí materializada en la certeza de un acontecimiento que transformará su razón y fundamento de ser y sentir, la bendición de Dios santificando sus ciclos vitales y momentos de amor. Estos momentos salvíficos en esencia hacen de lo cotidiano oportunidad de adoración cuando nos reconocemos bajo la inspiración de este santo modelo de Nazaret. Belén no es la ciudad más reconocida por la tradición y los estudiosos, así como por los eruditos judíos, pero no obstante la proximidad de Dios con nosotros se revela en lo pequeño y muchas veces ignorado. Porque la cuestión radica no en el lugar sino en la Voluntad de Dios y la disposición de nuestra Fe… En una necesidad de manifestar su amor a la humanidad y mostrar que el camino que conduce a su Reino no necesita agregar portentos que solo con amar basta cuando este amar se convierte en el combustible que enciende nuestras lámparas vigilantes.  Santa noche por excelencia en la que se juntan las voces del cielo y la tierra y la luz brilla en ambos espacios. Bendita noche en la que un niño nos ha nacido y porta en su tierna sonrisa la esperanza de toda la humanidad y la creación. Pero cual fue la escena que contemplaron sus padres y quienes les visitaron. Y que dialogo el mortal podría sostener con la Palabra Eterna. Como expresarle al Dueño y Señor de todo, los sentimientos que embargaron a aquellas almas devotas. En la simpleza y humildad de los pastores, en el regocijo de una madre inexperta y un esposo maduro conocedor de la vida, pero de corazón henchido de amor y ternura. La expresión común en ángeles, pastores, familia y amigos era una sola, alabanza, alabanza y alabanza, nada distinto podría brotar de estas personas sus primeros amigos y futuros discípulos en la obra del Evangelio. Nada distinto a una Iglesia que como madre aguarda para adorar a su Señor y Salvador… Bendita noche llena de estrellas y astros anunciantes de aquel inenarrable misterio hecho carne.

 Abraham, Moisés, Jacob, David, Salomón, los profetas, todos ellos quisieron ver lo que los bautizados miramos hoy por los ojos de nuestra madre la Iglesia. Una expresión tanto de amor como de profunda Fe maravilla a los pastores y a los coros angélicos. Ha nacido el Verbo en la carne humana, ha nacido el que no tiene principio, pero aun así lo tiene en el corazón de una madre. Quien podría sospechar siquiera que el creador de todo cuanto existe, el que sostiene la creación y la justifica siempre, sea cargado y sostenido por brazos frágiles de mujer que paradójicamente como toda Niña, sus brazos, hechos para acariciar y no para sostener pesos, pero aquí se trata del creador que se rinde ante la niña Maria y su dulzura.  En esta noche maravillosa será posible unir los anhelos y la esperanza de toda la humanidad que sin saberlo por descansar plácidamente en otras latitudes serán bendecidos con la visita de la misericordia reconciliadora de Dios.

Paz a los hombres de buena voluntad, no es un saludo protocolar o la manera de agraciar a las personas de experiencia de Fe, es sobre toda expresión posible, el señalamiento de mujeres y hombres que han entendido que la vivencia del amor les hace participes de la misericordia de Dios, no es misericordia aprendida de experiencias de Fe sino de la praxis de un Ethos santo reflejado por el Dios amor.   Esta bendita noche nos hace participes y obreros de la misericordia y la bondad por quienes nos rodean, esta bella noche nos invita a trabajar por la extensión del Reino de Dios, de un Dios que aun infante trabaja por nosotros sin cesar.

La Paz que procede de Dios es y será uno de los mayores dones del resucitado, sus discípulos, y nosotros en ellos, y con ellos participamos de los mismos. La Paz que brota del corazón de un Padre, de Dios nuestro Padre, es la paz que da vida y lo hace en abundancia, es la paz de María y José como de los pastores y sus amigos los ángeles. Es la paz el don de vida que llega a nosotros por el santo Bautismo, es la Paz que hace de la tierra por ese dulce momento el hogar de los ángeles de Dios que llegaron a adorarle en la humanidad de su cuerpo frágil y tierno, del Dios antes reverenciado en su trono altísimo, ahora abajado a la carne de un niño lleno de amor y ternura. Tanta expectativa generó a sus padres que todo lo vivido se convertirá en un tesoro en el corazón de la niña María.   Esta bella noche nos recuerda que la paz llegó a la tierra para convertirse en el anhelo de cada bautizado y que todas las naciones de la tierra la podrán tener cuando verdaderamente reconozcan el imperio de Dios en sus corazones. Una paz como la que brinda Dios que no depende de nada que pueda suceder entre nosotros. Que no se rinde ante los imperios de este mundo o los valores arbitrarios impuestos en la sociedad sensualista y temerosa del verdadero amor, del único que trae Paz y esperanza. Es pues la oportunidad de la humanidad para alcanzar los ideales de su existencia, los ideales que respiran a vida eterna en los labios dibujada, por un frágil niño recién nacido. La sonrisa más profunda de la creación que todavía refleja lo divino y lo creado, que todavía ilumina la tierra, aunque de este maravilloso suceso han pasado 2000 años. Suceso que no tiene paradigma entre nosotros, suceso lleno de expectación. La madre del niño Dios guarda en su corazón cuanto acontece con su vida y su Fe como experiencia de misericordia de Dios y su gran amor.  Ella ante los sucesos que marcaran su vida recuerda impávida a su niño en los primeros meses de vida y renueva constantemente su amor de madre y su vocación como la futura hija de la Iglesia. La Fe de María y de su esposo José, se refleja en todos los cuidados y preocupaciones por la vida del niño reciennacido, lo que hay en sus corazones no se atiene al cuidado de los ángeles visitantes, sino que ellos asumen su rol como padres y familia. Una familia que comprende perfectamente que la vida compartida por el Creador debe ser protegida y promovida y que los valores y virtudes se cosechan también en familia.  Una familia que hace muy bien su trabajo de amar y cuidar, cuidar y amar, como promover y prosperar…

Lucas en su Evangelio se cuida de mostrarnos que esta bella familia cumplió con todas las prescripciones de la ley Mosaica, aunque algunas de sus prácticas no eran obligatorias, pero de esta forma desean mostrar al mundo que el compromiso de Fe es dulce como la miel y más refréscate que el bálsamo puro.  Familia que ora y permanece unida bajo la guía del Espíritu Santo, son ellos modelos de Padres y Madres que caminan con nosotros por el mundo. Sin duda que el niño Jesús fue criado como creyente y comprometido con el Dios de la vida, el mismo que por amor y en amor le engendró antes de todo tiempo o principio.  Los bautizados debemos subir de lo material a lo espiritual, de lo visible a lo invisible, es la trascendencia el alimento de nuestra Navidad… Para culminar esta breve reflexión los dejo con las palabras de Agustín de Hipona… “Mirad hecho hombre al Creador del hombre para que mamase leche el que gobierna el mundo sideral, para que tuviese hambre el pan, para que tuviera sed la fuente, y durmiese la luz, y el camino se fatigase en el viaje, y la Verdad fuese acusada por falsos testigos, y el juez de vivos y muertos fuera juzgado por juez mortal, y la justicia, condenada por los injustos. Y la disciplina fuera azotada con látigos, y el racimo de uvas fuera coronado de espinas, y el cimiento, colgado en el madero; la virtud se enflaqueciera, la salud fuera herida, y muriese la misma vida (Sermo 191,1: PL 38,1010)”. 

“Jesús yace en el pesebre, pero lleva las riendas del gobierno del mundo; toma el pecho, y alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, y nos viste a nosotros de inmortalidad; está mamando, y lo adoran; no halló lugar en la posada, y Él fabrica templos suyos en los corazones de los creyentes. Para que se hiciera fuerte la debilidad, se hizo débil la fortaleza... Así encendemos nuestra caridad para que lleguemos a su eternidad…”

UNIDOS EN CRISTO SEÑOR, SALVADOR, REDENTOR Y HACEDOR NUESTRO, Y DE SU SANTA IGLESIA, PLEROMA, VOZ, BRAZOS Y PIES… AMÉN.

 

miércoles, 14 de diciembre de 2022

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. EL FIAT DE LA NIÑA MARÍA.

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 7 versículos 10-16. Salmo 80: 1-7, 16-18. Romanos capítulo 1 versículos 1-7. Mateo capítulo 1 versículos 18-25.

18. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. 19. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. 20. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: 23. Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros. 24. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. 25. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús. https://www.bibliacatolica.com.br ›  › Mateo › Capítulo 1

El Texto Mateano nos presenta un relato bien interesante sobre la concepción del Señor.  Y recalca algo vital para el futuro de las ideas textuales del Evangelio. Esta definición apunta a la concepción Divina del embarazo de la Virgen Madre y como la Tercera Persona de la Santísima Trinidad interviene en el proceso, la generación de vida en el orden biológico-natural sigue su curso. Aquí rescatamos el “desposorio” de la tradición judía, aunque el matrimonio no había sido consumado se consideraba ya al esposo el marido y lo mismo a la esposa. Los compromisos apuntaban a la ratificación del acuerdo de carácter legal entre las familias de los novios. El no hacer público un repudio implicaba desde el contenido de la Ley Mosaica un “sin precedentes” que habla muy bien del carácter espiritual de este hombre. El señalamiento de “hijo de David” corresponde más a la misión futura del niño que a un interés de tipo nacionalista cómo es posible pensar, aunque el propio José era descendiente del Rey David. Ser parte de esta genealogía implicaba una visión amplia sobre su futuro mesianismo para la psique de los judíos, pero tal mesianismo rompió los esquemas esperados.

La consideraron de la generación por obra del Espíritu Santo supone un concepto amplio de redención todavía en potencia o visualizado en las escuelas proféticas de Israel. Un mesianismo que supera la concepción nacionalista para asumir una relación intrínseca con la humanidad y por ende de carácter universal. Esta postura sin duda se afirmó de manera propia una vez los acontecimientos que todos conocemos. Podríamos decir que se hace una lectura ante y pospascual de la obra salvífica iniciada en el Vientre de la Niña Maria. Aquí queda super claro cuál es el aporte de José al estatus del niño Jesús, y como precisamente su presencia le incluye formalmente en la genealogía esperada para darle autenticidad a su presencia en el contexto de una sociedad cerrada y predominante en el derecho de tribu y sangre. José es parte de la norma y su actuar es propio de un hombre bueno que sabe amar y acatar el mandato de Dios sin que con ello implique absoluta comprensión, es parte de un proceso de discernimiento desde la perspectiva de la Fe convertida en historia.

El Texto Mateano encaja perfectamente con el acontecer profético de Israel y prueba de ello es el Texto Isainiano citado a propósito de las escenas que nos describe el evangelista. El “Dios con nosotros” Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel (Reina Valera edición de 1909, Isaías capítulo 7 versículo 14). La tradición se valida por si misma en la relación textual y el acontecer de la profecía en Israel, es una cita a propósito de lo descrito por Mateo. Lo demás que se muestra nos permite ver cómo la conciencia religiosa del evangelista se entronca con la proyección de la obra redentora desde su inclusión en la historia. Mateo como buen judío es pera confirmar el advenimiento mesiánico desde su tradición profética lo que sin duda dará bases y fundamento legal a la misma. Entender el misterio no es la prioridad para el relato y la forma como gramaticalmente fue confeccionado, es una aseveración de Fe tanto para su autor como para los lectores. Hay una comunidad judía interesada en conocer sobre Jesús y también griegos que desean ver cómo es posible tal embarazo. Recordemos que lo más parecido es en la cultura clásica la forma de proceder de Zeus quien se hace pasar por el esposo de una mujer bella para tener intimidad con ella, y de tal intimidad nace un “semi-dios” por esta razón Mateo insiste en la obra del Espíritu Santo como Causa Eficiente del embarazo o Encarnación del Verbo de Dios. No hay una razón seminal o biológica que convierta al niño en un ser humano con algunos dones divinos como en las mitologías vecinas, sino una verdadera entrada de Dios en la historia de la humanidad.

El nombre posee sus connotaciones para la cultura religiosa de Israel, y también al ser un nombre popular evoca una tradición creíble y solicitada por los judíos. El Texto Isainiano describirá algunas peculiaridades en el niño que son propias de los Nazareos o consagrados a Yahveh, esto sin duda afirmará en los imaginarios judíos la forma de su obra y misión.  La realidad de la obra del Mesías iniciará construyendo una relación espiritual profunda de la cual los esposos de Nazaret se constituyen en modelo de absoluta credibilidad.  No se trata de una relación social o cultural tan solamente sino de la aceptación radical de la redención en la forma como esta llega a nuestras vidas. José y María son fruto de una profunda entrega y dedicación a la obra salvífica dando de su parte un SI o FIAT radical y fuertemente enraizado con su psique y praxis de Fe mesiánica.

El Texto Paulino a la comunidad en Roma, Este primer capítulo inicia describiendo cuál será el contenido de toda la Epístola o Carta, la intención del apóstol con referencia a una necesidad que previamente debió conocer. El llamarse siervo sin duda lo pone en la categoría de enviado como lo eran los profetas de Israel. Para Pablo es claro que la resurrección del Señor es una acción de Dios con la participación de su Espíritu que como en la Encarnación que veíamos anteriormente hace del Espíritu Santo la “Causa Eficiente de la resurrección” Lo mismo acontecerá con los bautizados, no se trata de una gracia que actúa por sí misma sino de la relación vital entre Cristo y los creyentes de todas las épocas. Es el Kyrios o Hijo de Dios así constituido por su Padre Dios y ligado poderosamente con la resurrección que ratifica en la visión Paulina su condición. Hoy como hace tanto tiempo los creyentes tenemos el deber de vivir y configurar la existencia según este contenido y hacer creíble con la vida y sus acciones que verdaderamente Cristo está transformando nuestro ser en un Ser glorioso como el suyo. Este cambio de condición solo será posible bajo el contundente influjo del amor y su praxis. No podemos vivir como si la Gracia no transformará la condición de nuestra realidad mortal llamada a un Reino pleno y totalizante en cada uno de nosotros los bautizados. Pablo se circunscribe a este orden redimido y anunciado por el papel protagónico de la Gracia en la vida de los bautizados. El paso a paso dependerá de la respuesta positiva que demos a la Gracia del “Dios con nosotros” como era señalado por el profeta Isaías.

jueves, 8 de diciembre de 2022

III DOMINGO DE ADVIENTO.

 

III DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 35 versículos 1-10. Salmo 146:4-9. Santiago capítulo 5 versículos 7-10. Mateo capítulo 11 versículos 2-11.

Uno mayor que el Bautista: 2. Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:3. ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?4. Jesús les respondió: Id y contad a Juan lo que oís y veis: 5. los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; 6. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí! 7. Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?8. ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. 9. Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. 10. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.11. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. https://www.bibliacatolica.com.br › la-biblia-de-Jerusalén › mateo › 11

Aun el propio Bautista queda extrañado por el tipo de manifestaciones del Señor ya que en su cultura el mesianismo tendría que ser distinto a las obras de Jesús. Una realidad plasmada por Jesús que no se compadece de los presupuestos nacionalistas de los judíos sometidos a potencias extranjeras por más de 600 años. El Mesías llega rompiendo todos los esquemas posibles, se adentra en la consideración personal del otro como parte vital de cada uno de nosotros, desarrollando una idea bien amorosa y fraterna sobre el próximo o prójimo. Identificar al Señor no se hará desde la doctrina judía sino desde la concepción del amor como el eje motivacional de toda obra buena. El Mesías llega anunciando su presencia en el corazón de los demás. Respondiendo a una situación de injusticia personal y social que dejaba a los más pobre en absoluta vulnerabilidad. El Bautista atento a su praxis de Fe y justicia espera ansioso ver al Redentor y aun él mismo no conoce la dimensión de la obra de Jesús. Los signos mesiánicos son propios de un anuncio desde el conocimiento Escrituristico desarrollado por todo el pueblo de Israel. Los más pobres de entre los pobres son en potencia evangelizados por la obra de Jesús y su atención será puesta aprueba muchísimas veces. El proceder posterior de Jesús es la prueba reina de su tiempo mesiánico y como esta realidad tocará la conciencia religiosa de todo el pueblo y con el tiempo del mundo entero. El Evangelio sale de sus palabras y nuestras acciones ratifican que debemos estar de parte de los sufrientes y menesterosos, aunque esto último sea verdaderamente difícil. Los necesitados serán pues el receptáculo de la Gracia en los comienzos del anuncio salvífico. El propio Señor nos recuerda por medio de sus obras que Dios el Padre eterno es el Dios y Padre de las familias y toda la creación. Los pobres son también sus hijos y como tal llega la respuesta del Salvador del mundo.

La obra divina llega a nosotros y a toda la humanidad mostrándonos su propio tiempo para actuar. Encontramos el tiempo del anuncio del Bautista ligado intrínsecamente con Abraham y Moisés y los demás personajes del (A.T) pero dejando en claro que el bautizado solo por el hecho de serlo será aún mayor que estos personajes de renombre en el (A.T) La relación cercana de Cristo con el creyente le hace participe de su Reino y si hablamos de relación entonces tendremos que asumir que tal relación solo es posible sobre la praxis de una auténtica experiencia con el resucitado. Las palabras son un indicador de la profundidad de su contenido y más que ellas, las acciones coherentes de los bautizados. El Bautista vivió su coherencia como uno que espera enfáticamente vivir según el contenido de sus creencias. El Bautista vivió en un tiempo conflictivo y no por ello perdió el norte de su experiencia de Fe.  El signo de su bautismo es simplemente un llamado de atención desde una perspectiva moral en el acontecer de los judíos, pero el Bautismo de Cristo es la ratificación de una intención salvífica.

Todos los bautizados nos constituimos en mensajeros de Cristo con nuestras vidas al servicio de su Palabra y viviendo realmente como quien espera confiado y no dormido un Reino. Tal actitud de vida dará sus frutos en nosotros y en nuestro entorno. Saber esperar implica saber actuar en orden a su Reino, el creyente es y será más en Cristo, pero solo cuando vive radicalmente su opción de Fe y todo el contenido transformador de su espiritualidad. El apóstol Santiago, desde este enfoque insiste en la paciencia constructiva ante las dificultades de la vida y cómo estas pueden hacer perder de vista el objetivo realizable del Reino de Dios. La caridad que brota de la vida en Cristo es tan poderosa que puede ella sola, cambiar o transformar la realidad presente. La ausencia del amor como factor de vida y acción es sin duda el mayor obstáculo del Reino para ser realidad concreta en nosotros. Estamos aguardando y esa consigna es un aliciente para vivir auténticamente la esperanza cristiana. El mundo tiene sus propios afanes y sus “caducidades” el amor, por el contrario, no tiene fecha de expiración. El juicio que se adelanta se argumenta por sí mismo en la autoridad del tener antes que el ser y el poseer como fin último de la vida y obra de los bautizados no es ni puede ser, hay entre nosotros quienes buscan ser reconocidos, pues tal actitud ya recibió su paga. Santiago tiene muy claro que el orden y su estética se traducen en una vida sobrenatural plena que en Cristo alcanzará su más absoluta plenitud.  La enfermedad como condición unida a nuestra humanidad puede ser agravada por la injusticia o vida vacía de quien la sufre. La Gracia puede por el contrario transformar la debilidad en fortaleza y la esclavitud en perfecta libertad.

El profeta Isaías fiel a su estilo nos muestra tanto el castigo como la bendición de lo que implica el actuar coherentemente y sobre todo el saber esperar de Dios la realización de toda obra y vida ordenadas. La consecuencia del pecado no solo desestabiliza a la persona, sino que afecta negativamente su entorno. Esta condición es solo anulada por la obra salvífica de Dios que se convierte dialécticamente en la Gracia. Tal acontecer de Cristo en nosotros puede hacer de los tiempos una oportunidad inmejorable para fortalecer neutra relación con su Ser de Dios. La esperanza aflora siempre en todo proceder y es un mandato supremo el actuar conforme al valor del amor de Dios en nosotros y la experiencia que de ese amor tenemos. Este tipo de mensaje de retribución puede ser visto desde la perspectiva escatológica y lo cierto de ello está precisamente afirmado en la obra de la Gracia en nosotros. Las manifestaciones excepcionales de este orden y retribución no puede ser el factor decisivo en la praxis de nuestra Fe. El recibir de Dios una gracia no implica que esa gracia sea la que debe mover nuestra expresión de Fe. El amor es confiado y nunca busca una retribución que no sea el amor mismo. El orden de cosa y su estatus es una responsabilidad de los bautizados conforme su experiencia con el resucitado. La praxis de una espiritualidad madura nos permite aguardar en el dinamismo de nuestra vida su cumplimiento futuro. Estamos viendo el camino y conocemos donde llegar. La visión Isainiana parte de la gratuidad de Dios sobre su pueblo y como este amor gratis no es reconocido o aceptado por todos sino por algunos marcando una clara alusión a ritmos espirituales en la vida de los bautizados del presente.

 

jueves, 1 de diciembre de 2022

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 11 versículos 1-10. Salmo 72:1-7, 18-19. Romanos capítulo 15 versículos 4-14. Mateo capítulo 3 versículos 1-12.

 

1. Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: 2. Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos 3. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.4. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. 5. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,6. y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.7. Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: Raza de víboras, ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? 8. Dad, pues, fruto digno de conversión, 9. y no creáis que basta con decir en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. 10. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.11. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.12. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/mateo/3/

 Mateo en su Evangelio hace eco de la misión del Bautista y como su condición de “consagrado a Dios” o Nazareo (aquellos que hacían voto a Yahveh y lo manifestaban por medio de sus penitencias y forma de vida renunciando al mundo) le exigía vivir de una manera muy particular, sin duda que esto le trajo problemas con los fariseos que no aceptaban tradiciones que no se reflejaran en las Sagradas Escrituras, es decir, con un fundamento presente en su contenido. De entrada, el Precursor del Salvador se muestra muy distinto al estereotipo del israelita promedio. Podríamos decir entonces, que quien le cree a Dios en su vida actuará y vivirá de una manera distinta a como el común denominador de su entorno social incluso familiar está acostumbrado a hacerlo. El desierto puede llegar a nosotros cuando nuestro estilo de vida no da los frutos esperados o necesitados. En la espiritualidad judía el desierto era el lugar de encuentros y grandes retos. así como dificultades. Hoy hemos trasladado esta figura hasta sumirla como una condición espiritual. Nuestra conversión personal es la única capaz de reconocer la senda por la cual Dios quiere que transitemos. No es tarde nunca para caminar bajo la guía de la Gracia de Dios. No es tarde para corregir nuestros errores, no es tarde para vivir como hijos del Padre Dios.

Confrontarnos con la verdad revelada en las Sagradas Escrituras siempre traerá dificultades, pero tal realidad nos permite crecer y madurar en la opción de nuestra Fe como bautizados, cada uno por medio del santo Bautismo se consagra a Dios. Este acto de consagración lo sellamos por medio del Pacto Bautismal cuya fuerza nos da el valor para vivir conforme a las enseñanzas de Cristo y su Iglesia. Renunciar al mundo ya no necesita ser tan literal como en la vida monástica, pero si requiere de nosotros saber quién es el soberano de nuestras vidas y no vivir como desea que vivamos el mundo y sus insatisfacciones. Estamos pues ante un dilema que de no ser manejado desde nuestra perspectiva de Fe podríamos caer en el indiferentismo que tanto perjudica la vida sobrenatural en los bautizados de este siglo. El Bautista salió de su vida penitente para encontrar al Señor y proclamarlo a sus hermanos, esto es, a su entorno social, cultural, político, económico y religioso. Hoy podemos ser precursores de Cristo si vivimos como se vive en relación amorosa y fraterna, si nosotros queremos ser cristianos y vivir conforme a nuestros pareceres personales entonces nada será posible. La verdadera transformación de nuestro entorno solo puede partir de nuestra renovada visión del mundo y la vida en todas sus formas. Ser criaturas nuevas nos asegura que la Gracia trabaja edificando en nosotros, donde había pecado ahora hay esperanza y amor por quienes nos rodean.

Los frutos dignos de conversión citados por el Bautista no son más que la afirmación soberana de Dios en nuestra vida y entorno. Somos pues, una manifestación amorosa de Dios en la creación y como tal debemos vivir. El Texto Isainiano citado para este domingo entronca perfectamente con la visión del Bautista, solo que potencia la identidad del Mesías por sobre cualquier otra manifestación humana por santa y noble que esta sea. Isaías ve en el Mesías la consumación de todas las expectativas del pueblo y cita una serie de atributos que sobrepasan a sus antepasados tanto a los patriarcas como a los profetas y en general a todos los personajes relevantes del (A.T). Pero desde luego en la sucesión de eventos será en el (N.T) donde encuentre toda su plenitud esta exposición de atributos mesiánicos en la Persona de Jesús. Estas manifestaciones escribirán plenamente una obra de amor de Dios narrada por la propia humanidad, pero escrita en Cristo. No se trata de anhelar su manifestación sino de vivir sus enseñanzas, las mismas que aseguran una relación espiritual sana y necesaria en términos salvíficos. El pecado rompe dramáticamente la relación de Dios con la humanidad, no es precisamente Dios quien renuncia a nosotros, somos nosotros quienes renunciamos a su amor. Una autonomía dañina que hace centrar y gravitar nuestras vidas en el orden de las relaciones pasajeras del mundo. La Paz aparece como uno de los valores de la Alianza definitiva entre Dios y la humanidad, a propósito, vemos como en el mundo la Paz es un artículo de lujo porque se pretende afirmar en relaciones económicas y políticas cuyos intereses son tan altos que nadie por más poder que posea podrá pagarlos.

La Paz reconoce sus orígenes y la tierra también, de allí las figuras sobre una tierra próspera que da sus frutos abundantes, metáfora tan empleada en estos diálogos idílicos del profeta con los suyos, es decir, su pueblo. Somos ese resto del que habla el profeta y por ende debemos asumir un compromiso en orden a nuestra Fe y su praxis. La naturaleza y las formas de vida también disfrutaran de un cambio de visión en la humanidad, pasaremos de ser los grandes depredadores, a conservar con amor y respeto la obra de Dios. Podemos comenzar cuidando nuestras vidas y salud tanto física como mental y moral. Una relación integral con el Dios de la vida supone en nosotros una permanente actitud de respeto y tolerancia, generando un ambiente de paz y sosiego para quienes se aproximan a nuestras congregaciones. En ella se inicia el proceso de santificación colectiva a la que estamos llamados, sin desconocer la personal, desde luego.

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