martes, 19 de marzo de 2019

TERCER DOMINGO EN CUARESMA...


TERCER  DOMINGO  EN  CUARESMA. Éxodo capítulo 3 versículos 1-15. Salmo 63: 1-8.  1 Corintios capítulo 10 versículos 1-13.  Lucas capítulo 13 versículos 1-9.



El Texto de la “Zarza ardiendo” como fenómeno presenciado por el propio Moisés trae a la mente escenas que sin duda alguna nos hablan de la relación con el Dios trascendente.  Conocer el nombre de Dios es más que poder llamarlo según una determinada tradición religiosa, su nombre, con todo lo que ello implica es apenas el inicio de una relación espiritual llamada a trascender…El bautizado tiene hoy la certeza de amar al Dios revelado en aquella planta, hoy tenemos la plena seguridad de que su nombre se escribe amorosamente en cada uno de nosotros. Hoy sabemos que el mismo Dios Altísimo no reveló nombre alguno sino que en su perfectísima trascendencia habla de sus propios atributos como si hablara consigo mismo. Su trascendencia es tal que no conocemos sino lo que Dios mismo quiso revelarnos. Su Esencia está lejos de ser conocida por nosotros y es el espíritu del Texto que hemos leído atentamente.  Moisés ante la manifestación de Dios solo puede permanecer atento y dispuesto a asumir tamaña responsabilidad.

La connotación del nombre de Dios se siente especialmente en el proceso espiritual de definir una relación amorosa que nos llene de familiaridad con el Dios revelado. La vida del bautizado puede y debe ser una “Zarza ardiendo” para el mundo que le rodea, el testimonio de vida puede mantener encendida la llama de Dios en nuestras vidas. Hoy como hace tanto tiempo en el pasado, Dios revela no su nombre porque es el absolutamente Trascendente y Otro, pero si su misericordia que se muestra activa en nuestra existencia. La relación entre Dios y la humanidad está llena de altibajos de nuestra parte y una radical fidelidad   suya. Hoy estamos siendo llamados a consumirnos de amor en Cristo y ser luz para los que nos rodean. Hoy en el acontecer de la Iglesia esta debe “arder” con el amor de Cristo y contagiar a todos con sus llamaradas y resplandores de testimonio y fidelidad al Evangelio.

El Salmo 63…  nos habla de una muy particular “Sed” del creyente por su Dios, de una relación de dimensiones espirituales que hace que nada nos tenga conforme solo el amor de Dios en  nosotros. Un desierto espiritual puede ubicarnos en la realidad espiritual que describe este Salmo, estamos como errantes por la vida y muchas veces tenemos sed y no una saciada fácilmente con agua sino del alma, del espíritu, aquí es donde Dios se manifiesta llenando esas expectativas. La oración y la meditación son sin duda elementos que pueden darnos sosiego en los momentos en los que atravesamos por nuestros desiertos personales. Por aquellos  parajes del alma donde no hay consuelo más que en Dios. Es pues una oportunidad de caminar de su mano sin importar el camino sino quien nos ha tomado de la mano para no soltarnos nunca más...

El Apóstol Pablo en su Carta a los Corintios,  evoca los acontecimientos salvíficos del pueblo de Israel y como Dios actuó en su favor. La preexistencia de Cristo se refleja en la Historia de Salvación ofrecida por Dios a su pueblo, en el contexto del termino pueblo invocamos la dinámica universal de la propuesta salvífica de Dios, es decir,  hoy es encarnada por la Iglesia. Las realidades espirituales de Dios a la humanidad se muestran en algunos tipos concretos de personas y actitudes. La figura de los patriarcas y otros personajes relevantes de las Escrituras del (A.T) fueron figura del mismo Señor. Es una figura de la pedagogía divina empleada por Dios para revelarse a la humanidad. Dios guía al creyente por el camino de su existencia y le hace proclive bajo el influjo de su Gracia para la salvación.

Ya no necesitamos figuras para creer o entender ya que Cristo consumó toda posible revelación de Dios, la Palabra encarnada  se hizo naturaleza humana con la finalidad de hablar con nosotros y permitirnos entenderle, se abajó por amor a nosotros hasta emplear una serie de acciones a nuestro alcance. Los símbolos del (A.T) fueron cambiados por esta maravillosa presencia que inaugura los futuros tiempos escatológicos.

Solo la plenitud está en Cristo y con Cristo trascendemos a su Reino, es pues, la consumación de toda promesa en la Persona Adorada de Jesucristo el Hijo de Dios, todas las figuras como la Zarza ardiendo, el paso del Mar Rojo, la Pascua judía, y otros más son figura de la plenitud que solo podía llegar en Cristo.

El Texto Lucano,  nos hace un llamado esencial a la penitencia, la misma que puede ser motivada en su praxis  por calamidades de la comunidad o  factores de índole estrictamente personal. El llamado a la conversión es consecuencia  de la necesidad de la purificación tanto mental como material. Jesús habla sobre las consecuencias del pecado y como este priva de conciencia para reconocerle como Señor y Salvador.

El Texto que señala la “higuera estéril nos muestra claramente el espíritu penitencial de lo que implica toma de conciencia en la vivencia de este tiempo privilegiado que en la liturgia eclesial llamamos “tiempo fuerte”.  Lucas nos invita a prepararnos para dar frutos abundantes, esta preparación  es básicamente vivencial y aterriza en el diario convivir y expresar relaciones en el entorno de la comunidad donde vivimos y hacemos nuestra historia.

Dios nos ha dado tiempo efectivo en nuestras vidas y la finalidad no es solo gastarlo en la vida natural, también reclama de nosotros un crecimiento constante en la vida espiritual y en la toma de conciencia salvífica. La connotación crítica de nuestra conciencia nos permite analizar y valorar en justicia nuestro comportamiento.   

La realidad vivida desde la observancia de la Cuaresma es tanto espacial como temporal y los frutos de su praxis son concretos una vez el bautizado los lleva  a su vida cotidiana, no puede haber conversión sin la claridad objetiva de la Gracia en nosotros y por nuestro medio al entorno donde la vida se recrea. Hoy la naturaleza nos pide a gritos que la incluyamos en nuestras motivaciones, que ayunemos y demos frutos naturales y no artificiales como el consumo de plásticos y recipientes no biodegradables, la convivencia nos invita a ayunar de “lengua” respetando al otro y sus circunstancias de vida.



lunes, 18 de marzo de 2019

TEOLOGÍA DE LAS VISITAS PASTORALES DEL ORDINARIO DE LUGAR EN LOS TERRITORIOS DE SU JURISDICCIÓN.


TEOLOGÍA  DE  LAS  VISITAS  PASTORALES  DEL ORDINARIO  DE  LUGAR EN  LOS  TERRITORIOS  DE   SU  JURISDICCIÓN  CANÓNICA.


OBJETIVACIÓN CONCEPTUAL.


El Obispo diocesano canónicamente es reconocido como: El Ordinario de Lugar o Diocesano, (1) los términos canónicos son claros en cuanto a que su expresión reconoce implícitamente la Jurisdicción en el desempeño de la autoridad de una Diócesis. Solo las iglesias de tradición apostólica, es decir, aquellas que conservan el triple ministerio ordenado reconocen y viven como parte de su ser eclesial e identitativo la presencia tanto del Obispo como del Diacono y el Presbítero. El reconocimiento de la autoridad por via apostólica es aquella que atañe a la Sucesión Apostólica, es decir del orden ininterrumpido de  obispos bajo la sucesión de la Iglesia de Cristo. No es del todo exacto suponer que el Obispo sea solo administrativo y removible de su dignidad que no obedece a la persona sino a la autoridad apostólica inherente a su condición ministerial. Del latín episcopus; en griego ἐπίσκοπος. (2) Es importante tener presente que la  connotación ministerial que conocemos como el triple ministerio ordenado se desarrolló bajo el modelo de la realeza, de esta expresión viene la jerarquía convertida en servicio a la Iglesia bajo la figura del ministerio ordenado.

TRIPLE MINISTERIO ORDENADO: Agustín de Hipona en su definición sobre el Ministerio Ordenado afirmaría entre su clero “El Orden Sacerdotal imprime carácter”… (3).

El termino Clero se empleó por vez primera en el medio evo para evocar los privilegios de los señores feudales y como estos podían ser “copiados” por la Iglesia. (4) El Obispo con jurisdicción ejerce su autoridad en todos los territorios de su Diócesis, los Presbíteros o Sacerdotes,  ejercen el ministerio como participación y explicitación del Diocesano que a su vez se erige como el Oficial de la liturgia y administración sacramental y de los ritos contenidos en los manuales de liturgia debidamente aprobados, en nuestro caso del Libro de Oración Común, por las siglas (L.O.C). Y otros elementos al servicio de nuestras acciones culticas. En el presente y ante la extensión universal de la Iglesia el gobierno recae sobre los obispos (Comunión Anglicana) en cuanto a las diócesis y otras divisiones político-administrativas de un territorio, que no  son del caso mencionar en cuanto a que  su estudio no hace parte de este muy breve ensayo. Los modelos feudales desencadenaron una serie de jerarquización de privilegios y gobierno que todavía y particularmente en el anglicanismo se mantienen, nos referimos al Clero Alto, compuesto por Arzobispos, Obispos, Abades, Priores, y posteriormente de índole honorifico a discreción del Diocesano por múltiples razones los canónigos (solo aplica para quienes son parte del clero), es importante destacar que este tipo de nombramientos nobiliarios entraron en desuso en Iglesias como la católica romana (5).

El Diocesano como Oficial de la vida de la Diócesis vela celosamente por la Doctrina, Tradición, Magisterio y en esta perspectiva por los Usos y Costumbres de la Iglesia particular que pastorea.   El Clero Mayor   está conformado por aquellos eclesiásticos que recibieron una o dos dimensiones del ministerio ordenado donde técnicamente y para efectos de los ministerios como el diaconado y el presbiterado incluimos a los abades, canónigos y demás clérigos no de carácter episcopal. Todas estas distinciones persiguen el objetivo de afirmar que la autoridad recae sobre el Obispo Diocesano, es decir, con jurisdicción sobre una Diócesis (6).

El Diacono sirve al Diocesano y el sentido ministerial que recibe camina en dicha dirección. El servicio en la Edad Media se efectuaba bajo los dictámenes del Ordinario de Lugar, es decir, El Diacono,  debe servir según las políticas pastorales establecidas por el Diocesano. Lo anterior no lo exime de asistir a una congregación y vivir en esta su diaconía. Para efectos de gobierno, solo los diáconos responsables de una congregación (en ausencia de un Vicario)  pueden gozar de privilegios eclesiásticos como la remuneración económica, los demás viven su ministerio coherentemente con su vocación de servicio cristiano (7). 

VISITAS PASTORALES.

En nuestra reflexión teológica y bajo la guía de una perspectiva desambiguada de su contenido sociológico, las Visitas Pastorales del Diocesano en su Diócesis fue percibida particularmente desde el siglo XV como una forma viva de Relación y Comunión, explicando las connotaciones de estas dos posturas diremos en su orden:

A-    Visitas como Relación: En el presente de la vida diocesana y concretamente en República Dominicana nuestra Diócesis requiere ser consolidada en los distintos escenarios donde hacemos presencia. El Diocesano en pleno uso de su jurisdicción acude a animar y promover desde su Catedra y Sentido Común, a las distintas comunidades a él confiadas como supremo pastor de la vida diocesana. Esto trae implicancias bien particulares como es sin duda su visión del hoy de la Iglesia y el encuentro fraterno con sus clérigos y feligresía en general. La Relación de naturaleza pastoral solo puede ser trabada en el escenario congregacional particular, es decir, de cada congregación y su intríngulis. Si en una congregación hay Diacono o Diáconos, estos, en su ejercicio ministerial  por delegación se convierten en el “puente” que une las expectativas de una asamblea con su Pastor,  el Diocesano (no es solo litúrgico o dominical el servicio de la diaconía), el Ordinario de Lugar reconoce el trabajo y comparte sus expectativas con ellos y los Presbíteros a cargo. El conocimiento de las Visitas sin duda alguna permiten al Diocesano trazar políticas pastorales acordes con las necesidades del lugar. De lo anterior se desprende que sus Visitas son entre otras cosas de Supervisión, y en esta dinámica relacional entran también las indagaciones sobre la “buena marcha” de la congregación. Tanto los Presbíteros (Vicario) como el Diacono deberán tener un informe sobre sus acciones pastorales de ser necesario según la directriz  del Diocesano. Conocemos que los informes oficiales se rinden en otros momentos de la vida diocesana, pero esto no impide socializar lo inherente a las pastorales congregacionales. La Relación fruto de la Visita del Diocesano,  la Iglesia la entiende en la perspectiva de su crecimiento en vínculos que superan lo nominal de las fechas establecidas y se adentran en la relación necesaria para el fortalecimiento y vida de la congregación y su inserción en la vida de la Diócesis. La congregación es la expresión local de la vida diocesana por ende está y debe estarlo, íntimamente ligada a su pastor principal. Los sacramentos y ritos que el Diocesano preside en ella son parte de esas relaciones necesarias y del mutuo conocimiento que se establece como indispensable  en dicha relación pastoral. El carácter de la Koinonia pone de relieve tal relación y la vitalidad que procede de ella empapa los escenarios de la vida congregacional. Superando los mandatos canónicos nos adentramos en una relación de espiritualidad y paternidad espiritual del Diocesano hacia los feligreses y sus clérigos. Los procesos de la Sanación, Reconciliación y Evangelización deben ser vistos como parte de la Relación entre el Diocesano y la congregación.  Sin la constatada paternidad del ordinario de Lugar no será posible tales acciones afirmantes del Carisma de la Diócesis y su presencia en el mundo (visto aquí en la perspectiva de la congregación con su entorno)…El Evangelio necesita de las debidas condiciones para producir los frutos esperados. En esta Relación de vitalidad pastoral, todos los bautizados entran necesariamente, pero de forma particular los Líderes o Ministros Laicos Licenciados que proyectan en la comunidad eclesial local la postura y visión del Diocesano.  Esta postura se debe reforzar con la Formación Continuada bajo la gravedad de una Institución Eclesial historica en posesión de una  Doctrina, Tradición, Magisterio, Usos y Costumbres, y una dimensión canónica cuyo mensaje es articulado y consecuente con la disciplina eclesial. El modelo epistemológico de la Relación con el Diocesano en el plano de una congregación se construye con la supervisión y Cátedra del Diocesano y sus facultades para formar e instruir a sus feligreses en lo que hemos determinado como función suprema del Ordinario de Lugar. Tal facultad es intrínseca a su ministerio episcopal y no proveniente de consideración distinta  a la asumida en el gobierno de la Diócesis. Es importante conocer que en esta relación el Presbítero Rector o Vicario, ejerce su ministerio en participación con el Diocesano, es decir, el Diocesano faculta a estos para ministrar los sacramentos e instruir a la comunidad eclesial bajo su cargo. Positivamente hablando el ejercicio ministerial del Diacono y el Presbítero dependerán estrictamente del Diocesano y las facultades tacitas que este otorga y que llegan por el acto sacramental de la Ordenación y destinación para una misión en concreto. Ubicamos los escritos Paulinos a distintas iglesias como función de suprema autoridad en su gobierno e instrucción. En el presente las visitas proceden en la función formativa y fraterna propia de una institución donde prima el Ser. El ministerio facultado  se convierte en parte viva de la acción salvífica de la Iglesia en su Relación con el Dios humanado, fija su mirada en Cristo como el único mediador entre el Padre Dios y la humanidad (8).

“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también” 1 Timoteo capítulo 2 versículo 5. (9).


B-    Visitas como Comunión: Es parte de la dimensión de nuestra eclesiología. Las Visitas son signo vivo de Comunión que se asume con cada uno de los bautizados que participan de la vida y obra de la congregación. Las relaciones se extienden a un plano más que formal, se muestran vivas en el encuentro del Diocesano con su clero y con los feligreses, es decir, con los bautizados, confirmados y recibidos, todo ello en un  ambiente festivo propio de una eclesiología que propende por la vida y su promoción. La Visita que genera un vínculo profundo de Comunión, se sostiene de los principios mismos de gobierno eclesial y relación necesaria entre el Diocesano y sus clérigos en determinada misión. La mistagogia de la liturgia celebrada en Comunión invita a fortalecer los nexos de Comunión y poner de manifiesto el poderoso componente eclesial que se desarrolla a partir de la necesaria interacción entre los clérigos y sus distintas responsabilidades asignadas intrínsecamente por el Diocesano. La Comunión reconoce que tanto el Obispo como los demás clérigos poseen un carácter ministerial que solo se da en plenitud en el propio Cristo Sumo Sacerdote de su Iglesia. La obra eclesiológica no podría estar completa sin esa consideración, la Iglesia está presente donde Cristo lo está por tal razón todo lo que se hace en la vida de la Iglesia es un signo vivo de Alabanza y Adoración al Dios viviente. La razón de ser del ministerio Episcopal está en Cristo y su suprema autoridad como poseedor del pleno y totalizante sacerdocio. El Obispo Diocesano asume como es conocido la triple función de su ministerio y ministerialidad a saber: Enseñar- Gobernar- Santificar, y no solo lo hace desde su cátedra sino que se extiende en cada una de las misiones y congregaciones de su Diócesis, su ministerio es propio en todo lugar donde este se haga presente (en su jurisdicción) y lo pone de relieve en las funciones enunciadas que son también signo de unidad en su vida ministerial. La Ataraxia  es un vínculo relacional muy fuerte que se anima gracias a la  (raíz griega que traduce armonía)  inclusión del ser Diocesano en el ser eclesial establecido bajo su gobierno y pastoreo (10). La Comunión no solo reposa en la espiritualidad lo hace también en la enseñanza de la recta doctrina de la Madre Iglesia de la que el Diocesano es su guardián y al resto de sus clérigos le ha encomendado esta función de ser celosos defensores de nuestra identidad doctrinal. No es propio de este principio tratar de cimentar relaciones de unidad donde la identidad doctrinal está siendo asumida parcialmente o se sospecha de su negativa o ausencia de praxis. La Comunión posee  signos Identitativos y la doctrina es sin duda uno de los más poderosos, la praxis cristiana bajo el signo de la Iglesia es muy fuerte y nos asegura su presencia ininterrumpida en la Historia de la Salvación. La dinámica eclesial que parte de una doctrina segura es fundamentalmente historica, somos producto de la reflexión de la Fe en escenarios tan variados como la filosofía y la naturaleza que  rodea las operaciones de nuestro raciocinio. Tal ejercicio no vive de Hipótesis como cualquier teoria ya que vamos más allá y como la frase lo dice estamos en una postura Metafísica necesaria que brota de la Comunión eclesial que se vive a nivel local entre el Diocesano, su clero, y los feligreses bajo su pastoreo. El Vicario no puede creer que su Visita es solo para confirmar o recibir bautizados en el ámbito de la vida congregacional y diocesana, el clérigo debe tener presente que la Visita del Ordinario de Lugar es la materialización de los fundamentos de la Comunión eclesial bajo el signo de las funciones si las hubiere de la liturgia (11). El pastoreo supera con creces el contenido de cualquier función litúrgica,  por esta razón el Diocesano a cargo de una Diócesis se reunirá con la Junta Congregacional, como un padre escucha a sus hijos en la Fe y presta su sapiencia en la solución o exaltación de alguna determinada situación congregacional. No obstante puede el Diocesano descargar en los Arcedianos o en quien el considere oportuno la revisión de los Libros de Culto y registro de sacramentos de la congregación según sean las costumbres de su Diócesis. La Visita Pastoral alimenta las relaciones Ad-intra y Ad-extra de la Diócesis frente a sus congregaciones, es pues, una fiesta eclesial importante para el Vicario, Diacono, la Junta de la Misión y en general para los Episcopales del lugar.  Todos los miembros de la Misión o Congregación deben participar de la Visita del Diocesano… Desde una perspectiva Ontológica podemos asegurar con certeza que las funciones sacramentales que competen también el Orden son vitales en la vida de la Iglesia y que su contenido no difiere por mucho que los Cánones lo inviten a realizarlas. La disposición de una manifestación Ontológica en la liturgia queda manifestada cuando el ser eclesial se consolida por acciones vitales como la administración de los sacramentos y el recibimiento de nuevos Episcopales. Es pues del Oficio del Diocesano las funciones de la liturgia como Oficial (manus) de la misma. Los Cánones no generan oposición alguna a este principio aunque las funciones del Obispo muchas veces sean para algunas resumidas en la Visita Pastoral es mucho más su contenido y responsabilidad en la vida de la Diócesis (12).  El manus Pastoralae o Pastorale, del latín que expresa tácitamente el Oficio de Pastor, en una proporción mayor depende del Diocesano en virtud de su anterior consagración episcopal. Desde el parangón evangélico vemos que el referente para el Clérigo y el Diocesano (que también es clérigo) es Cristo como Sumo Sacerdote y Buen Pastor,  (13) es un testimonio atemporal que se hace más fuerte en el vínculo de la Visita Pastoral como Comunión. El todo jurídico y canónico va de la mano con el todo misionero de la vida del Diocesano y cada uno de los clérigos bajo su gobierno diocesano.  La connotación de la misión toca la Comunión en la vida eclesial de una diócesis y tal relación se explicita en el ser formativo del Pastor Diocesano, nuestras diócesis en América Latina son misioneras no es factible pensar en una Iglesia establecida cuando no somos mayoría. La Comunión nos debe animar para querer compartir estos dones con quienes nos rodean en el anuncio del Evangelio de Cristo Cabeza de la Madre de los bautizados.  La identidad fruto de la misión se asemeja con el contenido universal del anuncio, la Comunión local es expresión viva de dicho amor (14).

MISIÓN CONGREGACIONAL Y VISITA PASTORAL DEL ORDINARIO DE LUGAR.

La Evangelización es un proceso complejo y con variedad de elementos: renovación de la humanidad, testimonio, anuncio. Explícito, adhesión del corazón, incorporación en la comunidad, aceptación de los signos, iniciativas de apostolado. Puede parecer que estos elementos son discrepantes y que hasta se excluyen, pero en realidad se completan y se perfeccionan recíprocamente… (15).

La obra y misión de la vida de una Diócesis se pone de relieve en el quehacer y rutina de la congregación. La misión entendida como expectación y contacto con el entorno tiene su epicentro en la misión o congregación. El Diocesano fortalece tal postura de su Diócesis cuando anima este trabajo evangelizador y lo enmarca en los objetivos de su pastoral. La naturaleza de su Visita toca profundamente las políticas e iniciativas de la congregación en esta materia  de su obra y función. La misión que aborda la realidad congregacional es en sí Kerigmatica porque su anuncio es el triunfo de Cristo, porque su cometido es el conocimiento salvífico de su Señor bajo los signos propios de su identidad congregacional que no son otros que los Identitativos de la Diócesis. La responsabilidad del Diocesano frente a las visitas congregacionales es perenne ya que estas articulan  su política pastoral (16).    

La dimensión soteriológica de la Iglesia de cara a su Señor y Salvador es siempre una, estamos asumiendo que el anuncio de un Cristo resucitado es proclive a transformar estructuras en la vida de los bautizados y su entorno, entendemos por entorno el espacio vital para vivir y sostener la vida lo que está implicando directamente la promoción y sublimación del todo social y sus Ethos constituidos  partir de los valores cristianos. La misión es un recurso evangelizador en todas las direcciones en las que podamos abordar su presencia en un sector  o enclave social. El Evangelio difundido es parte vital del Ethos de la misión y de sus Usos y Costumbres que aquí es lo mismo (17). El Cristo Señor de la vida y triunfante anunciado se manifiesta en el ser comunidad y por ende en el contenido de Comunión vivido en la misión o congregación. La Visita Pastoral toca poderosamente todos los elementos constitutivos de una congregación, colegios, clínicas, centros de enseñanza superior, asilos, escenarios deportivos, comunidades religiosas, órdenes, entre otros,  todos son parte de la vida congregacional y deben estar bajo el mismo signo de autoridad del Diocesano.  La Visita Pastoral es desde esta perspectiva un mecanismo que recauda valiosa información y permite en la contraparte informar y mostrar al Diocesano la realidad de los distintos escenarios que rodean o conforman una congregación (18).  

El Anuncio es parte crucial de la Visita Pastoral puesto que en su esencia se vivifica y ejemplariza a un Dios humanado vivo y activo en el ámbito de la Iglesia, es pues una de las funciones vitales de la Visita del Diocesano, el poder encarnar en su mensaje a la congregación el contenido explicito Escrituristico sobre los misterios en la vida del Señor y poder traducirlos en un lenguaje comprensible para cada uno de los feligreses. La Palabra de Dios actualiza la misión y vida de toda congregación introduciendo en ella la Esperanza para enfrentar su presente y futuro. La realidad de la congregación nos exige el poder dar respuesta a los contenidos inquietantes de la reflexión Escrituristica de los bautizados. La información aportada se constituye en el cotidiano contenido de nuestra doctrina en materia de Sagradas Escrituras. La Palabra revelada alimenta todos los momentos y funciones de la vida de una congregación, esta afirmación es coherente con una Iglesia que privilegia el estudio y meditación de la Biblia (19).

La espiritualidad de nuestra Iglesia es también Escrituristica, lo que implica que la Palabra del Dios viviente debe ser entronizada en el corazón de cada feligrés Episcopal…  (20).

Nuestra Evangelización no será otra que el anuncio de Jesucristo Señor y Salvador nuestro y tenemos también en ello un modelo de vida que asegura el Ethos cristiano. Esta configuración la podemos encontrar en el Texto Sagrado de Tradición.

15. Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. (Marcos capítulo 16 versículos 15-16). (21).


El Anuncio se convierte en universal sin dejar de lado su componente congregacional, es decir, en la congregación se universaliza el mandato de Cristo a su Iglesia, por esta razón debemos estar unidos  a la autoridad eclesial como signo de coherencia en el anuncio. La condición clave radica precisamente en la esencia de la misión eclesial que no es otra que la de facilitar estructuras visibles para la Evangelización siendo la congregación una de ellas y la autoridad del Ordinario de Lugar la supervisión de ese anuncio en los términos eclesiales aceptados por esta comunión. La Visita Pastoral es pues el  anuncio de la Buena Nueva al interior vital de toda congregación entendida como estructura visible al servicio de Cristo y su Iglesia (22). También otros participan de este anuncio, es aquí donde la labor pastoral del Vicario o Rector, los diáconos asignados a esa misión y su Junta Congregacional se empoderan de su papel en la Evangelización (23).

Todas las estructuras congregacionales son parte activa del anuncio del Evangelio de Cristo. No existe excepción alguna en esta función congregacional… (24).

La vivencia de los ministerios laicales licenciados por el Diocesano son por extensión  la acción compartida de la misión de la Iglesia en la congregación lo que implica que ellos estan no solo en la liturgia dominical sino en los quehaceres de su familia de Fe o congregación. La Iglesia Episcopal como Institución historica está unida a  Cristo por medio de su ser extensivo eclesial o Pleroma, no se trata solo de ministerios congregacionales sino de su insinuación en el mandato universal de anunciar su nombre a la humanidad. Los referentes culturales y paradigmáticos de los ministros laicos es la Iglesia de Cristo (25). En el accionar del Ordinario de Lugar  es clara su importancia para la salud de la vida diocesana.  Los anuncios de la misión involucran la integralidad de las vivencias de la misión o congregación,  y sus miembros no deberían argumentar su antigüedad  sino compromiso en el anuncio, esto último, es atemporal. La misión encarna el interés de los bautizados por anunciar a Cristo glorioso y Señor triunfador sobre la muerte y el pecado, la misión debe vivir su ser profético anunciando el Evangelio y denunciando las estructuras de pecado que tocan la vida de los bautizados y su entorno somático. De lo anterior suponemos que el anuncio posee también la vitalidad de la protesta ante el pecado y su influjo en los seudo-modelos sociales y culturales que nos rodean. Protestamos viviendo de manera distinta siendo testimonio de coherencia con el anuncio que no es nuestro sino un mandato de Cristo a su Iglesia por medio de la vida de la Diócesis y la supervisión del Diocesano (26).


 BIBLIOGRAFIA/ ARTÍCULOS/ INSUMOS/ FUENTES.

1-      Nota del autor.
2-      Nota del autor.
3-      Nota del autor.
4-      Nota del autor.
6-      Nota del autor.
7-      Nota del autor.
8-      Nota del autor.
9-      https://www.bibliacatolica.com.br › La Biblia de Jerusalén › I Timoteo
10-  Nota del autor.
11-  Nota del autor
12-  Nota del autor.
14-  Nota del autor.
16-  Nota del autor.
17-  Nota del autor.
18-  CIC cc. 396-398; Directorio Apostolorum Sucesores (22-II-2004) n. 220-224; Caeremoniale Episcoporum (1985) n. 1177-1184.
19-  Nota del autor.
20-  Nota del autor.
22-  Nota del autor.
23-  Nota del autor.
24-  Nota del autor.
25-  Nota del autor.
26-  Nota del autor.



jueves, 14 de marzo de 2019

SEGUNDO DOMINGO EN CUARESMA...


SEGUNDO DOMINGO EN CUARESMA.  Génesis capítulo 15 versículos 1-12, 17-18. Salmo 27. Filipenses capítulo 3 versículo 17 y capitulo 4,1. Lucas capítulo 13 versículos 31-35.



El relato del Génesis, evoca un principio Yavista en su composición y también una fuente más antigua como quiera que describe el esquema o el modo como en la antigüedad los pueblos y especialmente los débiles se comprometían con los más poderosos en el pago de tributo o solidaridad en la defensa. Las partes vencidas pasaban en medio de las victimas del sacrificio afirmando que igual suerte correrían sino cumplían su pacto o alianza, en el caso de “Abram” quien hace tal recorrido y promesa es el mismo Dios poniendo de manifiesto el carácter unilateral de esta alianza y por ende se compromete con este hombre y los suyos. Los temas de la herencia y los hijos son importantes en el modelo de una sociedad agraria donde el cuidado de la tierra es vital para la sobrevivencia del clan.

En cuanto a los animales ofrecidos en sacrificio, es común en las culturas primitivas que rodean a Israel. La relación entre la agricultura y la cría de animales domésticos lo es desde hace mucho tiempo, las primeras gallinas o aves de cerrar se domesticaron hace más de 15.000 años en el pasado remoto de la región visitada por el pueblo de Israel. El premio que ofrece Dios es correlacionado con las expectativas propias de la cultura de Abram y su entorno socialmente aceptado, dando prioridad al derecho de sangre como sucederá hasta la Edad Media con el cambio de los medios y modelos de producción donde el dinero se convirtió en definitivo y vital frente al apellido y abolengo de las familias, el modelo feudal enterró esta práctica milenaria, que reemplazó el capitalismo.

Las estrellas es un recurso que habla de las categorías inalcanzables de la promesa por medios humanos, y precisamente Dios recompensa la Fe de este Patriarca,  el Texto que alude  este libro, es claramente usado por Pablo para hablar sobre el valor de la Fe en la vida del creyente y/o bautizado. Más tarde Santiago en su Carta reflejará el valor de la Fe viva, que es aquella que produce obras de Justicia en el bautizado. No se trata solo de Fe como expresión intelectiva del creyente sino de capacidad y vitalidad para la obra encomendada por el Dios amoroso.

El Patriarca que todavía no ha definido el sentido vital de su llamado y misión se llamará Abraham más adelante cuando esto último sea una realidad. De paso se conecta las expectativas con la realidad presente y lo que el pueblo puede esperar de esta relación y experiencia de Fe.

El Salmo 27, nos relata la visión del creyente frente a Dios, y como lo que vive se pone de relieve en el quehacer de su convivencia y expectativas de vida y promoción. La confianza en Dios es patrimonio de los bautizados y esta  postura dicta su forma de vida y obra. La realidad que se percibe desde la Fe es subjetiva pero también, puede objetivar la conciencia de Fe de los creyentes… No hay dificultad que pueda vulnerar la esperanza de los bautizados. Dios escucha la voz esencial de los fieles y se proyecta en sus necesidades y angustias, es una manera de manifestar la Teonomia propia del creyente y en potencia de visibilizar la Fe de Abraham en medio de la comunidad.

El Apóstol Pablo en su Carta a los Filipenses,  invita a los integrantes de esta comunidad de Fe a fortalecer los valores que el Apóstol vive y enseña en sus actitudes y acompañamiento en la obra del Evangelio.  La imitación de los modelos evangélicos es fruto del discernimiento de los bautizados.  Pablo argumenta desde la Fe la posibilidad de fundamentar la praxis de los creyentes en el ámbito del quehacer tanto personal como congregacional.

El Pastor se alegra por los frutos de sus feligreses y su compromiso es ante todo testimonial. Aquí en testimonio responde positivamente a las inquietudes de los bautizados y su afán por crecer y vivir la trascendencia de su Fe. Los testimonios son fuente de conversión pero solo cuando resisten el paso del tiempo y las dificultades  e intríngulis de la vida.  El éxito de un pastor se refleja en la comunidad en la que este actúa en nombre de la Iglesia de Cristo.  

El Texto Lucano,  nos muestra en su juego de palabras e ideas la forma como Jesús responde a las insinuaciones que buscan minar su voluntad y llenarle de temor ante la opinión y actitud del gobernante de turno. El creyente se enfrenta  diariamente a situaciones que pueden atentar contra su fortaleza y hacerle dudar de su cometido y vivencia espiritual. La obra del Señor no está terminada por esa razón no hay temor alguno que limite su voluntad salvífica. Recordamos que los bautizados se enfrentan cada día a situaciones difíciles donde el “qué dirán”  puede hacer eco de sus sentimientos y cosmovisiones.

El llamado profético se puede confundir con  una respuesta mediática ante las exigencias de nuestro medio o entorno somático, la única verdad que prima es aquella que   anida en el corazón y se convierte en vivencia, vivir de la verdad revelada es el reto de nuestra concepción de Fe al servicio de la vida en todas sus formas… las palabras del Señor ante su amada Jerusalén nos dejan ver un rasgo maravilloso de su humanidad pero también de la incomprensión que le rodea. Jesús está solo ante el rechazo futuro y la gran paradoja es su conocimiento que vincula su ser como Hijo de Dios a su desempeño como Hijo del Hombre y uno más de nosotros.  

El Texto lucano culmina con la invocación del  Salmo 118,26. “Bendito el que viene en nombre del Señor” el Señorío  de Cristo esta ratificado desde tiempos antiguos y su profecía se aclimata en la sique de los judíos piadosos. No siempre somos comprendidos pero la verdad inherente al creyente prima como absoluta experiencia de Fe  en la vida y obra de la  Iglesia.

jueves, 7 de marzo de 2019

PRIMER DOMINGO EN CUARESMA...


PRIMER DOMINGO EN CUARESMA. Deuteronomio capitulo 26 versículos 1-11. Salmo 91:1-2 y 9-16. Romanos capitulo 10 versículos 8b- 13. Lucas capitulo 4 versículos 1-13.



El Libro del Deuteronomio  nos relata la manera como el pueblo individualizado hacía sus aportes y reconocía de esta manera la Providencia amorosa de Yahveh. Tal ejercicio se acompañaba del recuento de las acciones salvíficas que Dios hacia por ellos. De esta manera se construye la memoria religiosa en el colectivo y en la persona. La clave interpretativa desde nuestra percepción la entrega el último versículo citado: “Luego te regocijaras por todos los bienes que Yahveh tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, y también se regocijaran el levita y el forastero que vive en medio de ti”. En nuestro presente es tentador hablar de “Diezmo” pero en el contexto judío muy anterior a nosotros. Hoy se pretende hablar del 10% de los ingresos cuando se desconoce el aporte de la Mayordomía Integral que no solo conjuga los estados de aportes y cuentas que nuestros tesoreros congregacionales llevan disciplinadamente, sino que también asume el compromiso y servicio que muchos feligreses brindan y cuyas acciones no son medibles en términos financieros.

 Los aportes en misión urbana que cada Episcopal puede hacer en su entorno congregacional y vecindario debe ser tomado en este rublo de Mayordomía, no olvidemos que como institución eclesial privilegiamos al ser por sobre el tener. Nuestra Mayordomía no puede estar por fuera del abanico de la razón y su análisis, en el presente el contexto congregacional reclama conciencia y trabajo de misión. Las connotaciones de índole espiritual son muy respetadas pero no desdibujemos el concepto de nuestra tradición.

El Deuteronomio se abre ante otras posibilidades (no confundir su gramática, es un verbo conjugado en tiempo presente) y es absolutamente universal al vincular a la Mayordomía sus relaciones con quienes te rodean, con el otro, aquí bajo la figura del extranjero. Una ofrenda de las primicias también lo es sobre la importancia y dignidad del otro en nuestras vidas. Una ofrenda autentica reclama más compromiso congregacional de nuestra parte es un reflejo del valor eclesial en nuestro entorno.

El Salmo 91, inicia su contenido invocando a Dios  con un nombre antiguo en sus tradiciones, nos referimos a Elyón, es el Dios del cielo, y luego emplea el nombre Yahveh, que es propio de la Tradición Yavista, mostrando de esta manera la relación vital de Dios con su pueblo y sobre todo dejando en claro aquello que pueden esperar de Dios. Un Dios amoroso que acoge y protege a los suyos, es un amigo que libra de todo mal, son estos algunos atributos del nombre de Dios. La relación con el Dios vivo se define desde el encuentro personal como opción radical de vida. El Salmista confía en la intervención de Dios sin importar la situación en la que este clama. Dios ama y como ama una consecuencia de su amor es nuestra protección, este Salmo lleva  a un nivel superior la conciencia sobre el favor de Dios.

El Apóstol Pablo en su mensaje a los Romanos deja en claro el valor total de lo que implica confesar abiertamente nuestra Fe en Cristo. Se plantea la necesaria relación entre la Fe y las obras como explicitación y testimonio de lo que cree el bautizado. Confesar a Cristo es más que un enunciado o formula verbal es la absoluta vivencia de sus enseñanzas  y solo así lo que confesamos toma forma definitivamente.

No podrá haber engaño en nuestra confesión de Fe y mucho menos en aquellas accionas que nos identifican como cristianos. Creer es vital para configurar el ser creyente y esta forma de asumir nuestra vocación salvífica nos une con Cristo. Las distinciones entre personas no poseen en el Evangelio fuerza o forma alguna ya que la filiación es y será por nuestra opción en Cristo. Vemos de esta manera como la universalización del mensaje facilita el conocimiento de Cristo y compromete vitalmente la misión de la Iglesia y cada uno de los bautizados.

Invocar el nombre del Señor se constituye en la respuesta confiada del amor del bautizado que reconoce a su Señor y se cumple en su vida la enseñanza del Buen Pastor al reconocer cada uno de nosotros la voz de su Señor y Salvador. Sin conocer al Dios de la vida sus Palabras podrían  sonar y resonar en la conciencia como algo vacío carente de identidad.  Pablo nos está llamando sutilmente a la interiorización de su mensaje como signo vital de nuestra Fe…

 La Salvación es fruto de la vivencia del amor de Dios en nuestras vidas. La Palabra salvífica es parte del anuncio perenne de la Iglesia y de la congregación como manifestación local de la institución eclesial, la obra del creyente se revalida cada que la Palabra cala en lo más profundo de su ser. Sin Fe no hay Justicia salvífica en nosotros, al menos como creyentes en el modelo eclesial en el que vivimos nuestra Fe sin que con ello desconozcamos el valor de la misericordia de Dios por su creación. Los Episcopales estamos llamados a vivir ardientemente el contenido salvífico de la Palabra de Dios, no es compatible con el episcopalianismo un bautizado que no lea y medite la Palabra de Dios.

El Texto Lucano sobre las tentaciones a las que fue sometido el Señor muestran el inicio de una experiencia humana en el Dios Encarnado,  la figura en su más pura materialización del mal procede como es de esperarse bajo las categorías materiales que gobiernan el mundo,  el antagonismo será definitivo en la misión Redentora y es un antagonismo entre Cristo y el mundo visto aquí no como creación Divina sino como las relaciones y expectativas desencarnadas del ser humano y sus ambiciones frente al mensaje salvífico. El llamado “diablo” solo está empleando el recurso que nosotros con nuestro apego  y egoísmo desmedido al dinero, al poder, al prestigio,  le hemos facilitado.  

Las tentaciones son realmente fuertes y tocan a cada creyente cuya experiencia en el mundo pasa por experimentarlas y vivirlas desafortunadamente. La ambición mueve naciones enteras a la guerra, los grandes imperios del mundo hacen todo lo humanamente posible por extender su hegemonía en la geopolítica actual. No hay hoy en día una sola latitud donde la guerra no reine (económica, dialéctica, cultural, militar, de recursos naturales estratégicos, entre otros).

Los evangelistas se cuidan de hacer derivar estas tentaciones en el concurso de las enseñanzas del (A.T). Aquí vemos una inexorable dicotomía que apunta a la instauración de un reino terrenal y la explicitación de la supremacía de Dios sobre toda esta realidad. La lucha entre el poder mundano y el Evangelio toca a los bautizados y su autentica vivencia de la Palabra revelada. No hay poder del mal sobre el bautizado solo cuando este decide caminar por su lindero y dejar a un lado el contenido salvífico de su propia Fe…

El conocimiento de la tradición puesta en boca del Señor por parte del evangelista es signo de la dialéctica congruente con la enseñanza de un Dios Poderoso que gobierna la creación, el Episcopal debe ir más allá y reconocer el Señorío de Dios en su vida y por ende en la Iglesia.


TERCER DOMINGO EN CUARESMA...

TERCER   DOMINGO   EN   CUARESMA. Éxodo capítulo 3 versículos 1-15. Salmo 63: 1-8.   1 Corintios capítulo 10 versículos 1-13.   Lucas capí...