viernes, 13 de diciembre de 2019

RECURSO PARA UNA PREDICA. III DOMINGO DE ADVIENTO...


III DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 35 versiculos 1-10. Salmo 146:4-9. Santiago capitulo 5 versiculos 7-10. Mateo capítulo 11 versiculos 2-11.

Uno mayor que el Bautista:

2. Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:3. ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?4. Jesús les respondió: Id y contad a Juan lo que oís y veis: 5. los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; 6. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí! 7. Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?8. ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. 9. Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. 10. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.11. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
https://www.bibliacatolica.com.br › la-biblia-de-Jerusalén › mateo › 11

Aun el propio Bautista queda extrañado por el tipo de manifestaciones del Señor ya que en su cultura el mesianismo tendría que ser distinto a las obras de Jesús. Una realidad plasmada por Jesús que no se compadece de los presupuestos nacionalistas de los judíos sometidos a potencias extranjeras por más de 600 años. El Mesías llega rompiendo todos los esquemas posibles, se adentra en la consideración personal del otro como parte vital de cada uno de nosotros, desarrollando una idea bien amorosa y fraterna sobre el próximo o prójimo. Identificar al Señor no se hará desde la doctrina judía sino desde la concepción del amor como el eje motivacional de toda obra buena. El Mesías llega anunciando su presencia en el corazón de los demás. Respondiendo a una situación de injusticia personal y social que dejaba a los más pobre en absoluta vulnerabilidad. El Bautista atento a su praxis de Fe y justicia espera ansioso ver al Redentor y aun él mismo no conoce la dimensión de la obra de Jesús. Los signos mesiánicos son propios de un anuncio desde el conocimiento Escrituristico desarrollado por todo el pueblo de Israel.

Los más pobres de entre los pobres son en potencia evangelizados por la obra de Jesús y su atención será puesta aprueba muchísimas veces. El proceder posterior de Jesús es la prueba reina de su tiempo mesiánico y como esta realidad tocará la conciencia religiosa de todo el pueblo y con el tiempo del mundo entero. El Evangelio sale de sus palabras y nuestras acciones ratifican que debemos estar de parte de los sufrientes y menesterosos, aunque esto último sea verdaderamente difícil. Los necesitados serán pues el receptáculo de la Gracia en los comienzos del anuncio salvífico. El propio Señor nos recuerda por medio de sus obras que Dios el Padre eterno es el Dios y Padre de las familias y toda la creación. Los pobres son también sus hijos y como tal llega la respuesta del Salvador del mundo.

La obra divina llega a nosotros y a toda la humanidad mostrándonos su propio tiempo para actuar. Encontramos el tiempo del anuncio del Bautista ligado intrínsecamente con Abraham y Moisés y los demás personajes del (A.T) pero dejando en claro que el bautizado solo por el hecho de serlo será aún mayor que estos personajes de renombre en el (A.T) La relación cercana de Cristo con el creyente le hace participe de su Reino y si hablamos de relación entonces tendremos que asumir que tal relación solo es posible sobre la praxis de una auténtica experiencia con el resucitado. Las palabras son un indicador de la profundidad de su contenido y más que ellas, las acciones coherentes de los bautizados. El Bautista vivió su coherencia como uno que espera enfáticamente vivir según el contenido de sus creencias. El Bautista vivió en un tiempo conflictivo y no por ello perdió el norte de su experiencia de Fe.  El signo de su bautismo es simplemente un llamado de atención desde una perspectiva moral en el acontecer de los judíos, pero el Bautismo de Cristo es la ratificación de una intención salvífica.

Todos los bautizados nos constituimos en mensajeros de Cristo con nuestras vidas al servicio de su Palabra y viviendo realmente como quien espera confiado y no dormido un Reino. Tal actitud de vida dará sus frutos en nosotros y en nuestro entorno. Saber esperar implica saber actuar en orden a su Reino, el creyente es y será más en Cristo, pero solo cuando vive radicalmente su opción de Fe y todo el contenido transformador de su espiritualidad. El apóstol Santiago, desde este enfoque insiste en la paciencia constructiva ante las dificultades de la vida y cómo estas pueden hacer perder de vista el objetivo realizable del Reino de Dios. La caridad que brota de la vida en Cristo es tan poderosa que puede ella sola, cambiar o transformar la realidad presente. La ausencia del amor como factor de vida y acción es sin duda el mayor obstáculo del Reino para ser realidad concreta en nosotros. Estamos aguardando y esa consigna es un aliciente para vivir auténticamente la esperanza cristiana. El mundo tiene sus propios afanes y sus “caducidades” el amor, por el contrario, no tiene fecha de expiración. El juicio que se adelanta se argumenta por si mismo en la autoridad del tener antes que el ser y el poseer como fin último de la vida y obra de los bautizados no es ni puede ser, hay entre nosotros quienes buscan ser reconocidos, pues tal actitud ya recibió su paga. Santiago tiene muy claro que el orden y su estética se traducen en una vida sobrenatural plena que en Cristo alcanzará su más absoluta plenitud.  La enfermedad como condición unida a nuestra humanidad puede ser agravada por la injusticia o vida vacía de quien la sufre. La Gracia puede por el contrario transformar la debilidad en fortaleza y la esclavitud en perfecta libertad.

El profeta Isaías fiel a su estilo nos muestra tanto el castigo como la bendición de lo que implica el actuar coherentemente y sobre todo el saber esperar de Dios la realización de toda obra y vida ordenadas. La consecuencia del pecado no solo desestabiliza a la persona, sino que afecta negativamente su entorno. Esta condición es solo anulada por la obra salvífica de Dios que se convierte dialécticamente en la Gracia. Tal acontecer de Cristo en nosotros puede hacer de los tiempos una oportunidad inmejorable para fortalecer neutra relación con su Ser de Dios. La esperanza aflora siempre en todo proceder y es un mandato supremo el actuar conforme al valor del amor de Dios en nosotros y la experiencia que de ese amor tenemos. Este tipo de mensaje de retribución puede ser visto desde la perspectiva escatológica y lo cierto de ello está precisamente afirmado en la obra de la Gracia en nosotros. Las manifestaciones excepcionales de este orden y retribución no puede ser el factor decisivo en la praxis de nuestra Fe. El recibir de Dios una gracia no implica que esa gracia sea la que debe mover nuestra expresión de Fe. El amor es confiado y nunca busca una retribución que no sea el amor mismo. El orden de cosa y su estatus es una responsabilidad de los bautizados conforme su experiencia con el resucitado. La praxis de una espiritualidad madura nos permite aguardar en el dinamismo de nuestra vida su cumplimiento futuro. Estamos viendo el camino y conocemos donde llegar. La visión Isainiana parte de la gratuidad de Dios sobre su pueblo y como este amor gratis no es reconocido o aceptado por todos sino por algunos marcando una clara alusión a ritmos espirituales en la vida de los bautizados del presente.



lunes, 9 de diciembre de 2019

NATURALEZA TEOLÓGICA DE LOS MINISTERIOS LAICALES...


NATURALEZA TEOLÓGICA DE LOS MINISTERIOS LAICOS.


RESUMEN.


Los ministerios laicales consagrados en los cánones de esta Iglesia están enfocados positivamente en el servicio diligente de la vida congregacional y por tanto vinculados esencialmente con la vida de la Diócesis. Son en cuanto a su naturaleza teológica un signo fehaciente del Pacto Bautismal que como bautizados los lleva a profundizar su vida de Fe y espiritualidad, dando a luz al servicio cristiano y la diaconía de la Iglesia primitiva hoy actualizada. Nuestra Diócesis como expresión local de la Iglesia de Cristo (PP. del Movimiento de Oxford) promueve y alienta este servicio reconociéndose y formándose, para mayor eficacia de este trabajo amoroso en la base congregacional. Por medio del Bautismo se desarrollan estos ministerios que conocemos (Canon 4: De los Ministerios Autorizados. Sec 1 Líder Pastoral, Líder de Culto, Predicador, Ministro Eucarístico, Visitante Eucarístico, Evangelista o Catequista) es una forma de dimensionar la Gracia activa en el creyente, y desde esta perspectiva de intima comunión con el Dios revelado un signo escatológico entre nosotros. Desde la realidad ministerial de la Iglesia son un recurso vital para el crecimiento de la obra misionera diocesana y congregacional, así como socios diligentes del clérigo o responsable de una misión o congregación.


INTRODUCCIÓN.


“Los ministerios laicales y ordenados hacen a la comunidad y la comunidad discierne los ministerios que otorga el Espíritu”.

La naturaleza formativa de la Iglesia se expande más allá de las aulas de sus seminarios y monasterios, este apropiarse más espacios se manifiesta en la formación laical que, aunque no es una instrucción ministerial ordenada (estado clerical) si se perfila en el quehacer del laico o feligrés en la vida de la Diócesis y concretamente de la congregación en la que este vive su Fe.  La experiencia del Líder Laico en la esfera eclesial no es solo el ejercicio de una u otra habilidad sino la explicitación formal de la naturaleza ministerial de la Iglesia y toda ella apunta a una finalidad que es su misión como organismo vivo y comunicante. La Gracia se explicita en los ministerios laicales de una manera histórica y también intestina, es decir, profundiza en la relación del creyente, el bautizado y el comulgante tanto doctrinal como socialmente. Los líderes laicos antes que desempeñar una u otra función son y deben ser los primeros creyentes de su congregación (1).  No entendemos distinta su inserción en el medio eclesial. El ser y corpus eclesial se hace visible precisamente en la Fe y ministerios tanto ordenados como laicales. Hoy estamos empeñados en la diversidad del servicio laico licenciado que de esta manera se inserta en el orden institucional específico de la Pastoral u Apostolado.  La noción de su naturaleza de servicio se remonta a la inserción del Evangelio en la praxis del bautizado. La connotación salvífica es y será una consecuencia de lo anterior.  Los ministerios laicales son históricamente nexo dialéctico entre la doctrina eclesial y las congregaciones. Lo anterior supone acertadamente la necesidad formativa para su eficiente desempeño y espiritualidad. El Episcopal da razón de su Fe estableciendo una relación crítica que ilumina su Fe y sus prácticas. La Iglesia considera fundamental esta relación que da luz a la conciencia de sus ministros y conocimiento del mundo y sus realidades. La hipóstasis ministerial se expresa vivamente en la construcción de un modelo pastoral laico que permita a estos últimos insertarse en la vivencia de su Pacto Bautismal. Un ministro laico licenciado vive a plenitud las implicancias de su sacerdocio común e identidad profética. (2) Si eres un ministro laico entonces la realidad que percibes estará informada por la Gracia y su vivencia te hará proclive a la misión eclesial. La Gracia bautismal acompaña y potencia las posibilidades de servicio de los laicos en la vida de la Iglesia. Es pues, factible y necesario que el ser y quehacer ministerial refleje la propuesta de Fe de quien vive su naturaleza. La construcción dialéctica es importante en la elaboración doctrinal y su comunicación idiomática aproxima categorías cognoscibles que el líder laico debe vivir y difundir, asumiendo un estado personal de vida que sea testimonio de su servicio. La Teologia ve en los ministerios laicos la síntesis de su pensamiento sobre el Bautismo, la Confirmación y el Orden Ministerial, como quien dice, del carácter de irrepétibilidad que alcanza la perfección de servicio y vivencia, por esta razón que objeto tendría un ministerio laical en bautizados y no confirmados. Aquí persistiría la imposibilidad testimonial de una Gracia en plenitud no poseída por estar fuera de su consecución habitual en la vida eclesial. “Si eres bautizado y confirmado tu ministerio laico dará los frutos y tendrá razón de ser testimonio vivo de Cristo y su diaconía” (3). 

MINISTERIOS LAICALES Y EL PACTO BAUTISMAL.

La fuente que explicita el servicio cristiano parte del Bautismo como “incorporación al pueblo de Dios que es su Iglesia” y esta participación en la vida de la Iglesia asume estadios de madurez espiritual que atraviesan los creyentes. El signo bautismal nos sumerge en la muerte de Cristo para resucitar con Él, de igual manera el ministro laico asume su rol en los ministerios del N.T donde su accionar es vital para la salud de la Iglesia. Una Iglesia sin ministerios laicos es una institución en problemas. El Bautismo abre las puertas de la vida de la Gracia de la que se alimentan los ministerios laicales. Sin la Gracia su trabajo sería estéril totalmente y no tendrían razón de ser.  Ese despertar como “criaturas nuevas” es un despertar a la praxis ministerial de la Iglesia cuya puerta es el santo Bautismo.  La condición escatológica de los ministerios laicales depende de su relación directa con la Gracia y el ejercicio ministerial de los bautizados. La razón eclesial se manifiesta activa en cada uno de los bautizados que la asumen y concretizan y de una manera particular en los ministros laicos (4).

La fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia es otro de los componentes vitales de los ministerios licenciados. La acción que realizan los laicos dentro de la Iglesia no es indiferente. Su participación no es indiferente ni debe reducirse a la recepción de los sacramentos, antes bien, debe ser muy activa de forma que ayuden a que todas las realidades en las que ellos trabajan sean invadidas por el espíritu del Evangelio. Por lo tanto, la familia, la profesión y el trabajo que desempeñan, sus actividades sociales, deportivas y de descanso, todo, absolutamente todo lo que conforma su vida, debe quedar informado por el espíritu del Evangelio. En pocas palabras, los laicos son los encargados de que el Reino de Dios se haga realidad en los diversos campos que forman su vida.  Allí donde el sacerdote, el religioso, el obispo no puede llegar, allí es donde el laico debe comprometerse para hacer llegar el mensaje de Cristo. De esta forma la realidad percibida desde el Bautismo se fortalecerá en la vivencia del Cristo resucitado. Los ministerios laicales tienen su fundamento escatológico en el resucitado y su razón de ser es precisamente contribuir a su difusión. Miremos la siguiente consideración (5):

La comunión de la Iglesia es “abierta” a toda la humanidad, a un verdadero ecumenismo y a la Jerusalén celeste. Es signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano. La comunión con Dios Trino significa comunión con Dios Padre, Por Jesucristo, en el Espíritu Santo. La comunión con el Padre es respuesta a la llamada que convoca a los “santos” (kletoi hagioi) a vivir su misma vida (Romanos capítulo 1 versículo 7) en el seno de la asamblea de los llamados (koinonia Ekklesia). Comunión por el Hijo, para ser miembros de su cuerpo cuya expresión máxima es la Eucaristía, misterio Pascual de Jesucristo.  Comunión en el Espíritu Santo. Él es quien guía a la comunidad de los santos y convocados por el Padre, confirmados en el Hijo, hacia la plena comunión y unidad (Gálatas capítulo 5 versículo 16-18; 1 Corintios capítulo 12 versículos 4-11; 2 Corintios capítulo 13 versículo 13). El Espíritu Santo, que vive en los creyentes y en la Iglesia, realiza aquella maravillosa comunión de los fieles y une tan íntimamente a todos en Cristo que es el principio de unidad en la Iglesia.  El Espíritu Santo es para la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes, principio de asociación (congregatio) y de unidad en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. El Espíritu Santo unifica, sin uniformidades, y regala diversos dones jerárquicos y carismáticos. Pero el misterio de la comunión no es sólo con Dios Trino, sino con los hermanos. Porque la comunión se hace fraternidad desde la participación en la vida teologal de Dios, sabiendo que esa fraternidad es al mismo tiempo don y tarea. Esta comunión con los hombres ofrece, al menos, estas características: comunitariedad, pluriformidad en la unidad, libertad de los hijos de Dios, reciprocidad, participación y corresponsabilidad mutua. Rasgos o notas todas ellas que hace posible la experiencia sinodal y articulan y se expresan en dicha experiencia. La Iglesia, además de comunión, es también misión. La misión es una proyección de la comunión. Se ejercita desde, en y para la comunión. Es una misión comunional. Una misión que tiene su origen en el proyecto Trinitario de la historia de la salvación, desde la creación a la elección del pueblo, hasta la misión de Jesús y la conciencia misionera de la Iglesia apostólica. La misión, pues, encierra un significado Trinitario y teologal. Nace de la caridad del Padre actualiza en cada momento de la historia la misión de Jesús, el Hijo de Dios y se hace posible por el Espíritu Santo. La misión es, además de don, una tarea histórica, contextuada, como diakonía de la caridad y diálogo interreligioso e intercultural (6).

ACCIÓN ORIENTADA DE LOS MINISTERIOS LAICALES.

Los ministros laicos tienen la tarea de construir el testimonio congregacional con sus aportes constantes a la vida en comunidad de Fe. Es la expresión fraterna de la Gracia que se recrea en la acción pastoral y de esta manera se da a otras personas en las circunstancias de vida que estas están atravesando. Los Visitadores Eucarísticos, no solo llevan la comunión al enfermo estando recluido en casa o en un centro médico, sino que extienden la solidaridad eclesial a estos lugares haciendo presencia desde la Fe y la convicción sanadora de la Iglesia que por su medio se aproxima a la realidad de estos hijos sufrientes. Es una elaborada significación de la comunión de valores, doctrina y esperanza en manos de estos ministros laicos (7).  Aquí la salud posee dos componentes, lo eminentemente físico y biológico y lo espiritual/moral, y en ambas realidades que se unen en la vida y obra del enfermo la Iglesia se muestra activa y consiente de la vivencia y limitación de quien padece o bien en el cuerpo o en su espíritu. Se establece un fundamento de solidaridad palpable que humaniza el medio congregacional (8). De esta manera la expresión: “sufriendo uno todos sufren” toma sentido a la luz de la enfermedad o el mal moral. El ministerio laico se convierte en un puente que permite a la esperanza irradiar el corazón del sufriente y alimenta su convicción sobre la presencia del Cristo sanador y liberador, pero sobre todo el Dios amoroso y misericordioso que no ama la muerte o la enfermedad sino a la persona humana redimida por su Adorado Hijo. Es también desde esta perspectiva de comunionalidad una figura activa del misterio Trinitario que se muestra escondido en las verdades de nuestra Fe (8).

 Los Predicadores como ministros laicos no solo deben hacerlo desde el “púlpito” como figura natural de su ministerio, sino que deben ser versados sobre temas relacionados con la comunidad y la experiencia cotidiana, un Predicador debe vivir actualizado y conocer la dinámica de la cultura y sociedad. Haciendo suyas las palabras del Hiponense: “Nada de lo humano me es desconocido”. El Predicador licenciado por el Diocesano (ministro laico) debe ser un bautizado creyente y practicante en comunión como todos los demás ministros laicos. Su testimonio de vida hablará más que sus elaboradas predicas. Su vivencia de la esperanza le convertirá en animador constante de sus hermanos en la Fe…  La difusión del Evangelio de Cristo no es una Buena Nueva cualquiera sino el triunfo del amor como razón de ser de nuestra existencia sublimada. Los ministros laicos licenciados son portadores de los fundamentos de ese amor y no solo como bautizados deben vivirlos sino también testimoniarlos desde la pastoral que adelantan. Es un error pensar que sus actuaciones son solo dominicales o litúrgicas son en síntesis interlocutores de la Fe de la Iglesia en su entorno o espacio vital. Al vivir los valores del cristianismo nos hablan con acciones de un Cristo posible y cercano a nosotros (9).

Los Catequistas o líderes de la Instrucción en la escuela dominical, no se constituyen en los “niñeros congregacionales” sino en orientadores doctrinales de los más pequeños enseñando los rudimentos de la Fe eclesial. Ellos presentan a los más pequeños lo que entendemos por “síntesis doctrinal” enseñando con argumentos pedagógicos y metodológicos los quehaceres que los niños desde su expresión incipiente de Fe deben vivir y afirmar. Hoy en día muchos de nuestros ministros laicos y ordenados desarrollaron su vocación gracias a estas primeras letras en la Fe. En síntesis, los ministros laicos deben estar absolutamente seguros de sus convicciones y formación para asumir el rol de evangelizadores en el medio congregacional donde creemos que estas verdades se conocen, pero no es siempre así. La dinámica de la instrucción requiere probada certeza de lo que estamos transmitiendo por esta razón el ministro laico es el primero en la línea de Fe de su congregación amándose así mismo a los suyos y a su Iglesia en una conjugación de valores y virtudes cristianas (10).

Los Lectores, como ministros laicos participan de forma decidida en la mayor expresión de adoración eclesial como lo es la Eucaristía, ellos son parte activa de la confección de nuestra liturgia y hacen de su participación un elemento consecutivo de su espiritualidad. La oración de los lectores debe iniciar con las consideraciones de la Palabra de Dios proclamando en sus hogares y vecindad como lugares de estudio y trabajo que la Palabra seduce y alienta en la vida y su quehacer   cotidiano. Un lector es un Proclamador de la Palabra inspirada y debe hacerlo con Unción y Reverencia como quien está hablando con Dios. Se cuenta en la vida del Hiponense que él instruía a sus lectores y a la asamblea diciéndoles: Hoy leeremos una carta que Dios nos envió considerando que las Escrituras son la savia que alimenta el árbol de la Fe y de esta forma el respeto y su interiorización son totalmente necesarios para vivir la espiritualidad de este y todos los ministerios laicales (11).

NATURALEZA DEL LAICADO EN LA IGLESIA EPISCOPAL.

*** Canon 4: De los Ministerios Autorizados. Sec 1.  Un comulgante confirmado, de gran estima, o, en circunstancias extraordinarias, con sujeción a las directrices establecidas por el Obispo, un comulgante de gran estima, podrá ser autorizado por la Autoridad Eclesiástica para servir como Líder Pastoral, Líder de Culto, Predicador, Ministro Eucarístico, Visitante Eucarístico, Evangelista o Catequista. Los requisitos y las directrices para la selección, capacitación, educación continua y utilización de tales personas y la duración de las licencias serán establecidos por el Obispo, en consulta con la Comisión sobre el Ministerio.

Como Iglesia Universal se toman medidas para favorecer la aproximación de los bautizados a la vivencia de su Pacto Bautismal, el mismo que se expresa en la vocación salvífica de cada uno de nosotros, miremos pues, desde el punto de vista de nuestros cánones tal afirmación:

*** TITULO III. Del Ministerio. Canon 1: Del Ministerio de Todas las Personas Bautizadas. Sec. 1. Cada Diócesis tomará las medidas necesarias para el desarrollo y la consolidación del ministerio de todas las personas bautizadas, lo que incluye: (a) Ayudar a entender que se convoca a todas las personas bautizadas al ministerio en el nombre de Cristo, a identificar sus dones con la ayuda de la Iglesia y a servir a la misión de Cristo en todo momento y en todo lugar. (b) Ayudar a entender que se convoca a todas las personas bautizadas a que sustenten sus ministerios entregándose a la formación cristiana para toda la vida.

Podemos iniciar diciendo como es obvio que lo propio de los laicos es la secularidad, es decir, su vida y participación en las profesiones y ocupaciones del mundo.  Esta naturaleza social del bautizado feligrés le permite vivir de cerca la realidad de los distintos escenarios donde este su mueve. En su trabajo lleva a Cristo como misión eclesial a la que este pertenece por el Bautismo y ahora por la vivencia del ministerio licenciado. Es un entronque bien particular con el entorno y sus contenidos culturales. Nuestra categórica tendencia a la Laicidad en nuestros laicos y particularmente en los ministros laicales es entendida como un componente importante en la expansión del Evangelio. El feligrés se relaciona con su entorno desde las actividades y construcciones eminentemente sociales y familiares, descubriendo en su cotidianidad la presencia amorosa de Dios (12). El ministro licenciado en sus diferentes ministerios de servicio congregacional puede convertirse en un “puente” que une las realidades dentro y fuera de su congregación y con sus vecinos y socios del día a día. De una actualidad contundente que hace de su servicio un acercarse más aun a sus hermanos que cuando era participante dentro de la asamblea (congregación) (13). Sin duda que el activismo es un mal para las Iglesias históricas particularmente donde sus feligreses hacen muchas cosas, pero ignoran muchas otras más especialmente en el plano de la formación cristiana. Nuestra Diócesis dispuso de un Programa abierto a todos los bautizados con la finalidad de formar sus expresiones y conocimiento de la praxis de su Fe o experiencia con el Dios vivo (14). Pues nuestra postura formativa reconoce tanto la pluralidad de los dones y carismas como de los distintos roles vocacionales de nuestros laicos. Esta Diócesis como Iglesia particular, anuncia la resurrección del Señor, resalta el triunfo del amor manifestado en la vida, anima mediante la liturgia a la permanente actitud de adoración de nuestros feligreses, lee y medita la Palabra de Dios y alimenta con los signos del Nuevo y definitivo Pacto, nos referimos a la vida sacramental. Es pues, nuestra visión del mundo y la necesidad de una postura teológica del laico formado y licenciado para el ministerio laical. Hoy se nos presenta una dificultad y es precisamente como generar estas inquietudes en los feligreses que sirven en las distintas congregaciones de la Diócesis (15).

Estamos asumiendo una relación que se puede establecer como un binomio de Fe, nos referimos a la relación Mundo-Iglesia, con escenarios compartidos pero con dos realidades distintas solo en la medida en la que el bautizado construye su experiencia de Fe y la une al Dios revelado, este es el presupuesto de trascendencia que hay en nuestra Iglesia y el cual debe ser animado y fortalecido, no sea que nos convirtamos en activistas y de espiritualidad poco. La formación es y debe ser totalizante de todos los escenarios donde el ministro laico vive su ministerio de amor y servicio (16). Esta realidad nos debe llevar a generar espacios permanentes de formación para nuestros laicos y muy decididamente para los ministros laicos. No se trata de un hacer sino de un conocer y amar para que la obligatoriedad asuma su rol salvífico en el pueblo de Dios que es su Iglesia. Recordemos que se está enfatizando en el ministerio fruto del Bautismo que es común a todos los bautizados, de la Gracia inherente a las experiencias de servicio en la vida congregacional. Por lo anterior el ministro laico en nuestra Iglesia está más que antes unido a la verdad del Bautismo y todo su poder trascendente. No son los ministerios laicales factor de discordia en la congregación, son todo lo opuesto signo de madurez y crecimiento en la Fe comunitaria (17). La sociedad reclama de la presencia viva y testimonial de la Iglesia y sus hijos los ministros laicos y ordenados como de todos los bautizados, solo que su orientación es de servicio ministerial transitorio y permanente en el caso de los ministros ordenados o clérigos (Diáconos, Presbíteros, Obispos). Todo ello desde una Iglesia contextualizada o local, remitiéndonos al triple munuso en castellano, función de Jesucristo (Sacerdote, Profeta y Rey) y a las cuatro dimensiones que configuran la Iglesia: al servicio de la comunión, al servicio de la Palabra, al servicio de la celebración y al servicio de la caridad y compromiso. En este sentido, los ministerios son el rostro y espejo de una Iglesia en medio del mundo que es sacramento de comunión y, al mismo tiempo, evangelizadora, celebrativa y comprometida. Movida por el Espíritu Santo… El conjunto de carismas y ministerios, ordenados y laicales hacen posible la realidad de una Iglesia Trinitaria como “Pueblo de Dios”, “Cuerpo de Cristo” y “Templo del Espíritu”.

 la Iglesia es ministerial y se articula desde diversos ministerios podemos descubrirlo con claridad en el Nuevo Testamento, particularmente en las cartas Paulinas (1 Tesalonicenses capítulo 5 versículo 12; Romanos capítulo 12 versículos 6-8; 1 Corintios capítulo 12 versículos 4-11. 28-31; 14,6). De entre los diversos ministerios Pablo destaca, al menos, tres: el ministerio de apóstol, de profeta y de doctor (1 Corintios capítulo 12 versículo 28; Efesios capítulo 4 versículo 11). Sin olvidar los responsables de las comunidades, a quienes Pablo llama “sus colaboradores” (Romanos capítulo 16 versículo 3; 1 Tesalonicenses capítulo 3 versículo 2; 2 Corintios capítulo 8 versículos 23; 1 Tesalonicenses capítulo 5 versículo 12; 1 Corintios capítulo 16 versículo 16), y los evangelistas y pastores (Efesios capítulo 4 versículos 1-6). No entramos en detallar las referencias que se hacen en Lucas, Cartas de Pedro, Cartas Pastorales, Carta a los hebreos y Apocalipsis… Podemos concluir que se da, desde el comienzo de la Iglesia, “diversidad y creatividad de carismas y ministerios” en una Iglesia carismática y ministerial: los ministerios hacen a la comunidad y la comunidad discierne los ministerios que otorga el Espíritu. La evolución histórica de los ministerios es muy compleja. No podemos entrar en ella. En resumen, se ha llegado a la conclusión de que existen ministerios por designación expresa de Jesús (los doce-apóstoles: Lucas capítulo 6 versículo 13; Mateo capítulo 10 versículo 2; Marcos capítulo 6 versículo 30); otros, por designación del Espíritu Santo (ministerios señalados en las cartas Paulinas: Romanos capítulo  12 versiculos 6-8; 1 Corintios capítulo  12 versiculos 8-11; 1 Corintios capítulo 12 versículo 28; Efesios capítulo 4 versículo 11) y, otros, por designación de la Iglesia (ejemplo. los “colaboradores” de los que se habla en Hechos de los Apóstoles capítulo 6 versículos 1-6; 13, 1-3 o en las cartas Paulinas (1 Corintios capítulo 16 versículo 16; 1 Tesalonicenses capítulo 5 versículo 12; Romanos capítulo 16 versículo 1, etc.) (18).

Las Escrituras alimentan nuestra concepción ministerial, pero es importante visualizar el panorama presente y las necesidades de la Iglesia explicitada o materializada en la Fe de los bautizados, la misma y única Fe que se abre paso en el mundo como realidad relacional. Una Iglesia de estas dimensiones está presente en el drama y conflicto humano y en muchas ocasiones se puede dejar arrastrar por las seducciones del mundo presente. De un mundo compuesto por infinidad de expresiones y matices. La connotación del sacerdocio común se siente con mucho peso particularmente entre los ministros tanto laicales como los ordenados, si bien el ministerio de los hermanos laicos es de índole transitoria se pueden renovar a discreción del Diocesano (Ordinario de Lugar). Y quien los recibe puede dignificarlos en el contexto de la santidad eclesial a la que está siendo llamado (19). La Iglesia no puede dejar de promover a sus hijos los bautizados para un servicio más profundo y amoroso que exprese la realidad trascendente de su sentido salvífico.  La Madre Iglesia se hace realidad en cada uno de sus hijos comprometidos con sus hermanos y la creación, en el servicio de su ministerio laico comprometido y amoroso en medio del pueblo de Dios (20). La santidad es un llamado perenne de la Iglesia a sus hijos, es un recordatorio de nuestra naturaleza vocacional y como este llamado se expresa en el servicio congregacional (21).

La economía salvífica expresada en categorías de la revelación requiere del concurso de los ministros para su auténtica aproximación al pueblo de Dios. Los ministerios laicales hablan de la prolijidad de esta opción de vida en Cristo revelado. No se muestran ausentes de la connotación económica (Gracia) en su desempeño, como quiera que ellos   son el reflejo de la nueva condición redimida de los creyentes.  Hoy estamos al frente de los desarrollos ministeriales y de servicio de la Iglesia, hoy estamos atentos a los cambios del mundo y su forma de proceder acuñando y fortaleciendo los valores eclesiales que llegan al mundo testimoniando nuestra opción fundamental por Cristo Señor de la vida (22). La palabra “laico” es un término griego κοσμικόo que en el NT significa pueblo (en sentido general) el pueblo que pertenece a una estirpe determinada (en sentido particular). En un primer momento los “laicos” son la comunidad constituida por la Fe en Cristo, en contraposición a los gentiles y a los judíos. Posteriormente significó la comunidad congregada para el culto divino, en contraposición a los dirigentes de la misma. Pero aún en este caso, el puesto de los laicos estaba absolutamente en el ámbito interno de la Iglesia, no estaban fuera de la jerarquía, sino que formaban con ella una unidad, la cual se manifestaba particularmente en la vida sacramental (23). La participación histórica de los feligreses en la vida de la Iglesia se fue transformando en mayor vivencia de la liturgia y la Palabra, y esto último generó conciencia sobre la importancia del Pacto Bautismal.  La realidad ministerial toca las fibras del creyente al punto de hacer que su vida se centre en el misterio de la regeneración, es decir de las cualidades inherentes al Bautismo. Una condición redimida es el único escenario posible para la vivencia de los ministerios laicales en la Iglesia. Desde este panorama, la instrucción debe ser eficaz y mover a reflexión como a la acción a todos los feligreses que solicitan tales funciones en su congregación (24).

MINISTERIOS LAICALES COMO EXPRESIÓN DE MAYORDOMÍA CONGREGACIONAL.

 La Mayordomía congregacional toca desde su perspectiva unitaria la participación de los bautizados congregantes en la dinámica de la ofrenda desde su visión ministerial. No se trata de una serie de intercambios por recursos o tiempo de calidad en la congregación sino de atender a su naturaleza participativa. El ministro laico licenciado al vivir su ministerio de amor y servicio, lo hace como parte de su Mayordomía en cuanto a los talentos y habilidades recibidas y re-definidas vocacionalmente. Esto último es de suma importancia ya que es un argumento que involucra el sentido escatológico de la congregación y en ella la misión de la Iglesia. No podemos considerar que su aporte queda fuera de la definición de Mayordomía, sino que gracias a su ministerio se convierte en testigo y testimonio, el primero sobre la Gracia bautismal que edifica comunidad de Fe y vivencias con el Resucitado y el segundo como ejemplo a seguir en la congregación lo que implica una vivencia autentica del ser cristiano (25).

La connotación de la comunidad de bautizados que se congrega posee en sí misma la suficiente fuerza expresiva para trabar relaciones con su entorno y el ministro laico es parte de ese engranaje relacional. No pudiera ser de otra forma si tenemos presente que la realidad congregacional necesita de los talentos y recursos humanos para explicitar su Fe y Amor (26). La auténtica vivencia del Evangelio hace de los ministros elementos vivenciales de su propuesta y no solo meros ejecutores litúrgicos, por lo anterior diremos que no existe un “Ministerio dominical” sino un ministerio vivencial permanente en la congregación. La manifestación ministerial no es una cronología elaborada a partir del sentir del ministro, sino una profundización en la verdad salvífica anunciada por la Iglesia y explicitada por la congregación como expresión local de la universalidad eclesial (27).   El ministro laico es invitado siempre a ser testigo de la Gracia habitual ya que ella permite el vivir y dimensionar la relación con Cristo en el orden y espacio de lo social y urbano como rural, es decir, la Gracia transforma toda manifestación social donde la Iglesia hace presencia por medio de sus ministros licenciados y más perfilados en los ordenados (28).  La connotación de la Gracia se puede transformar en histórica como sabemos por las aportaciones y vivencias de los bautizados, lo que sin duda asegura que el ministerio laical puede y debe convertirse en esa expresión histórica de la Gracia (29). La dinámica espiritual de la Gracia se constituyere en la primera de todas las mayordomías posibles en la congregación y desde luego en la vivencia de los ministros laicos. El componente de la Mayordomía en el ministerio de los laicos no riñe con la actividad de los feligreses, ante bien, se afirma testimonialmente (30).

Ser buen mayordomo es una tarea general en toda congregación y quienes fungen en el servicio laical con mayor responsabilidad y obligatoriedad ya que su servicio está siendo formado y capacitado por la Iglesia, de la anterior afirmación podernos concluir fácilmente que la Iglesia en su ser diocesano tiene el deber de hacer Mayordomía y la adelanta precisamente en la formación de sus ministros laicos.  No es de otra forma como el seguimiento de Cristo toca las esferas de la vida eclesial (31).  Los ministros laicos se constituyen en la esfera de la Mayordomía, en fundamento de nuevos liderazgos para el interior y exterior de la congregación y la Diócesis. Sus actividades son también presencia diocesana lo que implica como hemos expresado formación y supervisión para que el servicio sea transparente y eficiente tanto para la Iglesia como para el ministro laico y su familia, entorno este que se puede afectar positivamente con su actividad. La Iglesia en su referente local que es la Diócesis se puede beneficiar de estos ministerios una vez los establezca, oficialice y supervise (32).

No podemos tampoco sustraernos a la afirmación orgánica de que en el futuro muchos ministros laicos quieran profundizar su ministerio optando por el ordenado, desde luego y en esta perspectiva la Iglesia discierne sobre sus vidas y actitudes. El llamado ministerial no posee barreras entre nosotros, pero si espera las cualidades propias de cualquier servicio y aspiración (33). El sacerdocio común entre los bautizados puede ser perfeccionado en el ministerio ordenado si las condiciones lo dictaminan de esta manera. La Iglesia estará activa en todos los procesos formativos para garantizar tales acciones y requerimientos. Nosotros debemos prodigar todo tipo de directrices para el ejercicio coherente de los ministros laicales y cada clérigo en su medio y responsabilidad pastoral debe promoverlos y presentarlos ante el Diocesano y los organismos formativos que este determine en la Diócesis (34). La realidad vinculante del servicio eclesial estará en términos canónicos enfocado a los ministros ordenados sin desconocer las normas y procedimientos para los ministros laicos. Estamos ante una organización creada en el espíritu del servicio ministerial y no en políticas de simple manejo y regularización.  La obra del ministro laico licenciado sin duda es parte viva de la Iglesia que ve en su dedicación y servicio rasgos vivos del servicio del propio Cristo, es una forma de indicar su alta estima e importancia en la dinámica de su propia alteridad (35). La obra de Cristo necesita de manos y corazones y esto último enmarca perfectamente la espiritualidad de los ministros laicos.

ESPIRITUALIDAD DE LOS MINISTERIOS LAICALES.

No podríamos dejar fuera de contexto la vivencia espiritual de los ministros laicos y sus ministerios de servicio y compromiso, son en esta dirección en la que la vida congregacional opera y faculta el aprendizaje que sin duda alguna fundamenta la espiritualidad de sus ministros laicales. Diremos que existen una serie de elementos que hacen del servicio laical una manera o medio de crecimiento espiritual para quienes son cooperantes con la vida eclesial en esta categoría (36). La espiritualidad de los ministerios laicales toca de lleno su naturaleza de servicio y cooperación con la vida congregacional y para su crecimiento emplea los recursos propios de los bautizados, nos referimos a la lectura y meditación de la Palabra de Dios, que debe ocupar un lugar de suprema importancia y respeto en su vida personal y familiar, la oración diaria empleando no solo su  estilo propio sino también acudiendo al modelo que consagra nuestro L.O.C y sus distintas devociones, la Salmodia es la oración oficial de la Iglesia y por ende también del ministro laico, la vida sacramental teniendo presente que los sacramentos son los signos visibles de la Nueva y Definitiva Alianza de Dios con la humanidad, su frecuencia marcará la motivación en torno a  la Gracia. Las obras de Misericordia que le permitirán visibilizar al otro sufriente en la Persona del resucitado, son sin duda los elementos más determinantes de la vida y espiritualidad del ministro laico licenciado (37).

 Nuestro L.O.C en la página 344 da una pista segura sobre el valor del “Servicio Cristiano” y lo ubica en un tiempo especial o de forma permanente según sea la responsabilidad que el bautizado asume, esta dedicación se hace más radical cuando es el Diocesano quien sacando al laico de su servicio ocasional le concede la licencia para su ejercicio más dedicado y permanente en la congregación. Siempre se invoca al Espíritu Santo como Dios y revelador del misterio Trinitario, es Él la fuente y fundamento de todo servicio en la santa Iglesia. Aquí se pone de manifiesto la Voluntad de Dios y el sentir de la comunidad de Fe quien acoge y apoya a sus hijos en este santo servicio. Es importante que los bautizados dimensionen el servicio que se presta en la congregación como signo de la Gracia del Dios revelado y que por su amor y misericordia transforma vidas y realidades desde la perspectiva del servicio cristiano (38). La espiritualidad de los bautizados se mueve gracias a la presencia de Dios que ratifica nuestro Pacto Bautismal siendo este Alianza engalanada en el servicio de sus ministros. Es una realidad que nos debe motivar a continuar entregando lo mejor en la construcción de su Reino y siendo sus ministros materia preciosa y disponible. La Madre de los bautizados necesita de sus hijos y especialmente de quienes dimensionando desde el servicio su Bautismo pueden aportar a la construcción de una sociedad más justa y en rescate de los valores espirituales propios del cristiano. Los ministros laicos son hombres y mujeres llamados a vivir en justicia y ser signo de justicia entre sus hermanos… es de esta manera como la construcción del Reino de Dios inicia en el corazón de los bautizados para luego trascender, recordemos que la Iglesia  como sierva de Dios  está presente en el acontecer de nuestras  vidas y su misión es llevarnos de la mano al Reino de su Señor y qué  Madre hay que no quiera lo mejor para los suyos, pues la Iglesia es esa Madre amorosa que recibe con amor el aporte de sus hijos los ministros laicos licenciados y los ordenados (39). No son los ministerios laicales factor de discordia en la congregación, son todo lo opuesto, signo de madurez y crecimiento en la Fe comunitaria.


BIBLIOGRAFIA/CIBERGRAFIA/FUENTES.


*** https://episcopalchurch.org › posts › publicaffairs › la-constitución-y-los-c... Citamos losa Cánones y Constituciones de la Iglesia Episcopal/año 2018.
1.      Nota del autor.
2.      Nota del autor.
3.      Nota del autor.
4.      Nota del autor.
5.      Nota del autor.
6.      LOS MINISTERIOS, ESPECIALMENTE LAICALES, EN UNA IGLESIA “MISTERIO DE COMUNIÓN PARA LA MISIÓN”. Profesor Raúl Berzosa Martínez, Obispo Auxiliar de Oviedo, Santander, 20 de marzo de 2007, Aula de Teología//.
7.      Nota del autor.
8.      Nota del autor.
9.      Nota del autor.
10.  Nota del autor.
11.  Nota del autor.
12.  Nota del autor.
13.  Notad el autor.
14.  Notad el autor.
15.  Nota del autor.
16.  Nota del autor.
17.  Nota del autor.
18.  www.mercaba.org/Pastoral/M/ministerios_laicales.htm. es.catholic.net/op/articulos/18452/cat/748/los-ministerios-laicales.html.
19.  Nota del autor.
20.  Nota del autor.
21.  Nota del autor.
22.  Nota del autor.
23.  theologicaxaveriana.javeriana.edu.co/descargas.php?archivo...pdf&idArt=1054.
24.  Nota del autor.
25.  Nota del autor.
26.  Nota del autor.
27.  Notad el autor.
28.  Nota del autor.
29.  Nota del autor.
30.  Nota del autor.
31.  Nota del autor.
32.  Nota del autor.
33.  Nota del autor.
34.  Nota del autor.
35.  Nota del autor.
36.  Nota del autor.
37.  Nota del autor.
38.  Nota del autor.
39.  Nota del autor.
40. https://www.bibliatodo.com › la-biblia › version › Biblia-de-Jerusalen// de manera virtual proceden las citas bíblicas que hemos incluido en el presente ensayo.
41. cristoeseltema.blogspot.com de nuestro Blog hemos tomado contenido para la presente presentación de recursos sobre los Ministerios Laicales Licenciados.




jueves, 5 de diciembre de 2019

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO.


SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 11 versiculos 1-10. Salmo 72:1-7, 18-19. Romanos capítulo 15 versiculos 4-14. Mateo capítulo 3 versiculos 1-12.


1. Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:
2. Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.3. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.4. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. 5. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,6. y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.7. Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? 8. Dad, pues, fruto digno de conversión, 9. y no creáis que basta con decir en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. 10. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.11. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.12. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/mateo/3/

 Mateo en su Evangelio hace eco de la misión del Bautista y como su condición de “consagrado a Dioso Nazareo (aquellos que hacían voto a Yahveh y lo manifestaban por medio de sus penitencias y forma de vida renunciando al mundo)  le exigía vivir de una manera muy particular, sin duda que esto le trajo problemas con los fariseos que no aceptaban tradiciones que no se reflejaran en las Sagradas Escrituras, es decir, con un fundamento presente en su contenido. De entrada, el Precursor del Salvador de la humanidad se muestra muy distinto al estereotipo del israelita promedio. Podríamos decir entonces, que quien le cree a Dios en su vida actuará y vivirá de una manera distinta a como el común denominador de su entorno social incluso familiar está acostumbrado a hacerlo. El desierto puede llegar a nosotros cuando nuestro estilo de vida no da los frutos esperados o necesitados. En la espiritualidad judía el desierto era el lugar de encuentros y grandes retos. así como dificultades. Hoy hemos trasladado esta figura hasta sumirla como una condición espiritual. Nuestra conversión personal es la única capaz de reconocer la senda por la cual Dios quiere que transitemos. No es tarde nunca para caminar bajo la guía de la Gracia de Dios. No es tarde para corregir nuestros errores, no es tarde para vivir como hijos del Padre Dios.

Confrontarnos con la verdad revelada en las Sagradas Escrituras siempre traerá dificultades, pero tal realidad nos permite crecer y madurar en la opción de nuestra Fe como bautizados, cada uno por medio del santo Bautismo se consagra a Dios. Este acto de consagración lo sellamos por medio del Pacto Bautismal cuya fuerza nos da el valor para vivir conforme a las enseñanzas de Cristo y su Iglesia. Renunciar al mundo ya no necesita ser tan literal como en la vida monástica, pero si requiere de nosotros saber quién es el soberano de nuestras vidas y no vivir como desea que vivamos el mundo y sus insatisfacciones. Estamos pues ante un dilema que de no ser manejado desde nuestra perspectiva de Fe podríamos caer en el indiferentismo que tanto perjudica la vida sobrenatural en los bautizados de este siglo. El Bautista salió de su vida penitente para encontrar al Señor y proclamarlo a sus hermanos, esto es, a su entorno social, cultural, político, económico y religioso. Hoy podemos ser precursores de Cristo si vivimos como se vive en relación amorosa y fraterna, si nosotros queremos ser cristianos y vivir conforme a nuestros pareceres personales entonces nada será posible. La verdadera transformación de nuestro entorno solo puede partir de nuestra renovada visión del mundo y la vida en todas sus formas. Ser criaturas nuevas nos asegura que la Gracia trabaja edificando en nosotros, donde había pecado ahora hay esperanza y amor por quienes nos rodean.

Los frutos dignos de conversión citados por el Bautista no son más que la afirmación soberana de Dios en nuestra vida y entorno. Somos pues, una manifestación amorosa de Dios en la creación y como tal debemos vivir. El Texto Isainiano citado para este domingo entronca perfectamente con la visión del Bautista, solo que potencia la identidad del Mesías por sobre cualquier otra manifestación humana por santa y noble que esta sea. Isaías ve en el Mesías la consumación de todas las expectativas del pueblo y cita una serie de atributos que sobrepasan a sus antepasados tanto a los patriarcas como a los profetas y en general a todos los personajes relevantes del (A.T). Pero desde luego en la sucesión de eventos será en el (N.T) donde encuentre toda su plenitud esta exposición de atributos mesiánicos en la Persona de Jesús. Estas manifestaciones escribirán plenamente una obra de amor de Dios narrada por la propia humanidad, pero escrita en Cristo. No se trata de anhelar su manifestación sino de vivir sus enseñanzas, las mismas que aseguran una relación espiritual sana y necesaria en términos salvíficos. El pecado rompe dramáticamente la relación de Dios con la humanidad, no es precisamente Dios quien renuncia a nosotros, somos nosotros quienes renunciamos a su amor. Una autonomía dañina que hace centrar y gravitar nuestras vidas en el orden de las relaciones pasajeras del mundo. La Paz aparece como uno de los valores de la Alianza definitiva entre Dios y la humanidad, a propósito, vemos como en el mundo la Paz es un artículo de lujo porque se pretende afirmar en relaciones económicas y políticas cuyos intereses son tan altos que nadie por más poder que posea podrá pagarlos.

La Paz reconoce sus orígenes y la tierra también, de allí las figuras sobre una tierra próspera que da sus frutos abundantes, metáfora tan empleada en estos diálogos idílicos del profeta con los suyos, es decir, su pueblo. Somos ese resto del que habla el profeta y por ende debemos asumir un compromiso en orden a nuestra Fe y su praxis. La naturaleza y las formas de vida también disfrutaran de un cambio de visión en la humanidad, pasaremos de ser los grandes depredadores, a conservar con amor y respeto la obra de Dios. Podemos comenzar cuidando nuestras vidas y salud tanto física como mental y moral. Una relación integral con el Dios de la vida supone en nosotros una permanente actitud de respeto y tolerancia, generando un ambiente de paz y sosiego para quienes se aproximan a nuestras congregaciones. En ella se inicia el proceso de santificación colectiva a la que estamos llamados, sin desconocer la personal, desde luego.


miércoles, 4 de diciembre de 2019

RECURSO PARA TRABAJAR CON UNA JUNTA CONGREGACIONAL...




RESUMEN.


La congregación como continuidad vital de la vida diocesana necesita ser atendida como un organismo que se manifiesta en sus distintas funciones pastorales, se integra y renueva constantemente, el acontecer de la obra evangelizadora necesita de todos los recursos y medios disponibles para tales fines. La congregación debe pues, ser autosuficiente como signo de la esperanza que tenemos en Cristo de un orden nuevo simbolizado con una nueva tierra que mana leche y miel (Conf. Deuteronomio capítulo 26 versículo 9).  Para concluir con una ciudadanía distinta a la presente, así lo atestigua Pablo en su carta a la comunidad de Filipo (Conf. Filipenses capitulo 3 versiculo 20). En esta perspectiva la congregación vincula vitalmente tanto el acontecer espiritual como el ejercicio material del trabajo y la evangelización a ella encomendada como Pleroma de Cristo.  La promoción de los distintos liderazgos genera conciencia colectiva sobre las distintas necesidades de tales procesos evangelísticos.  Nuestros lideres laicos licenciados por el Diocesano son la dinamización del Pacto Bautismal y por ende de la vida de la congregación. Un liderazgo que se consolida se hace así mismo transitorio para dar espacio y posibilidad al reconocimiento de otros talentos y empoderamientos tanto de jóvenes como de adultos y mayores. La Congregación es familia de Fe dispuesta a amar y compartir sus gracias y dones con quienes le rodean en el quehacer de un sector o vecindario. Parte vital de la vida de la Diócesis y de la Iglesia de Cristo de la cual somos expresión local (PP. del Movimiento de Oxford).

NUESTRO DIAGNÓSTICO… PARTE I.

Sabemos del tiempo de cada uno de los integrantes de la Junta de nuestra congregación, durante el año se acumulan asuntos, pero es indispensable detenernos a evaluar la salud de nuestra Junta y la salud de este equipo (1). Para facilitar esta reflexión a continuación compartiremos algunos puntos:
  • ¿Estamos firmemente concentrados en la misión?
  • ¿Estamos caminando en el cumplimiento de las metas que hemos fijado?
  • ¿En qué hemos progresado?
  • ¿En qué estamos atascados?
  • ¿Estamos tan ocupados en asuntos personales que hemos perdido la noción de la Eucaristía como centro de nuestra adoración y recarga de nuestro ánimo?
RECURSO: En nuestro contexto es importante elaborar la misión, visión y valores de la familia eclesial (2). De esta manera podremos canalizar esfuerzos en su desarrollo al conocer lo que somos, queremos hacer y como pretendemos lograrlo (inspiración). Nuestro Plan Estratégico/Pastoral.
INTERROGANTES:
  • ¿Qué esperamos de nuestra feligresía?
  • ¿Qué esperamos de nuestros vecinos de sector?
  • ¿Qué podemos aportar a nuestro entorno?
  • ¿Qué nos distingue? ¿Nuestra identidad está bien definida? (3) Es de suprema importancia este punto, el clérigo debe empoderar y empoderarse de prácticas de nuestra tradición eclesial, antes que importar otras de tradiciones vecinas.

Las estrategias de nuestra congregación deben superar la vida cotidiana o lo que siempre hacemos para ser pensadas a corto/mediano o largo plazo (4).

IMPORTANTE: Debemos saber escuchar sin exaltarnos/ emplear todos los medios para darnos a entender/ no hacer luto por planes o programas fallidos/Proponer acciones acordes con la misión, visión, valores y plan estratégico de la congregación (5).
LIDERES CONGREGACIONALES. Existen recursos a nuestro alcance para tales fines, miremos algunos de ellos:
  • Programas diocesanos para la formacion de líderes laicos.
  • Delegar responsabilidades a quienes hemos visualizado como líderes.
  • Asumir la importancia de líderes jóvenes y maduros.
  • Escuchar en su contexto según la edad, formación y ocupación, de nuestros líderes.
  • Reconocer que nuestro liderazgo es transitorio y debe ser relevado en su momento.
  • Fortalecimiento de nuestro liderazgo en la Junta de la misión/Retiro espiritual de sus miembros/talleres o recurso formativo para los integrantes de la Junta (6).

PLAN ESTRATEGICO/PASTORAL DE NUESTRA CONGREGACIÓN.

PARTE II.

Existe una cierta relación y parecido con el medio económico que perfila sus negocios y por ende la consecución de recursos para lograrlo. En la perspectiva de su relación vital con el “Plan Pastoral” (7) de la congregación es importante reconocer que existe tal relación entre el dinero y la pastoral, la segunda debe servirse del primero para alcanzar sus metas o logros en un tiempo no superior a (5) cinco años y en algunos casos a (3) tres años (8). Resaltaremos los activos de los que disponemos o recursos presentes en la congregación: 
  • Templo o instalaciones.
  • Conocer el número de nuestros feligreses y sus familias, aquí entra conocer sus ocupaciones y profesiones (9).   
  • Estado de la estructura habitual destinada a la liturgia o al encuentro fraterno (salón social o parroquial).
  • Otros inmuebles que posea la misión.
  • Su Mayordomía (en este rublo incluir la ejecución real del presupuesto de operaciones de la misión).
  • Recurso humano (oficios, talentos, profesiones, negocios, alianzas estratégicas de la feligresía, entre otros) (10). 
También es importante incluir los aportes y/o relación de la misión con su entorno. Lo que conocemos como el vecindario de nuestra congregación, en la mayoría de los casos somos referencia del sector, pero esto no implica en ningún momento que nos conozcan. “Nuestros vecinos son por lo general una comunidad dinámica que maneja su economía local por medio de negocios y comercio del que muchas veces nos servimos como consumidores y casi nunca como ofertantes” (11). Nuestra inclusión en un entorno determinado es clave para desatar el sentir de nuestros vecinos, ya que todos y cada uno de ellos y sus familias debemos verlos como destinatarios en alguna medida de nuestros esfuerzos pastorales. La visibilización de nuestra misión o congregación se adelanta también cuando establecemos relaciones con sus distintas formas de vida social, cultural y económica (12). Las fuerzas vivas de una comunidad o sector son quienes terminan respaldando la obra pastoral de la misión. La inclusión es importante desde la perspectiva de la Evangelización que es la obra y misión fundamental de la congregación.

La motivación es fundamental en todos estos procesos de crecimiento, la motivación hace que los medios estén más presentes que nunca y las dificultades puedan ser opacadas o minimizadas. Muchas veces los problemas son sobredimensionados al no encontrarse una respuesta o salida para ellos. La Junta de la congregación empoderada puede visualizar las salidas a cada necesidad, nada de esto será posible si no hay un auténtico espíritu de servicio entre sus integrantes (13). El servicio implica afinidad e identidad para que las acciones sean coherentes y bien intencionadas.

A CONSIDERAR:

  • Implementar dos equipos o comités congregacionales con un número no mayor de cuatro integrantes, su misión es recolectar las ideas y sugerencias de los feligreses y luego incluirlas en el plan estratégico/pastoral de la congregación. Aquí es vital la orientación del vicario y clérigos asociados (14).
  • Crear un segundo comité o equipo de seguimiento a dichas ideas incluidas en el cronograma anual de la misión, su función es motivadora y también fungir como equipo de apoyo y respaldo para que las actividades se adelanten. Los dos comités no deben superar los 4 integrantes cada uno, deben trabajar de la mano con la Junta y su vicario. Recomendamos la inclusión de al menos un joven en cada uno de los procesos señalados, el objetivo es motivar sus aportes a la vida congregacional y valorar sus ideas (15).
Quienes se consideran imprescindibles en la vida congregacional afectan grandemente el promover más liderazgos y visualizarlos en un futuro inmediato (16).

  • El liderazgo sano es equilibrado y capaz de reconocer los aportes de todos. La sucesión en el liderazgo congregacional capacita a más y más feligreses para comprometerse con su congregación.
  • Explorar el entorno en las direcciones necesarias para asegurar un “diagnóstico sobre el terreno” sabemos que muchos feligreses se desplazan de otros sectores y algunos viven en el entorno de la misión, entonces bajo ese concepto estamos obligados a contar con los residentes habituales para dicho diagnóstico (17).  
  • Parece obvio, pero es importante fijar cuales son las metas u objetivos de la congregación. y su relación con el entorno debe tener muy presente tales objetivos. La economía de la misión debe encontrar fuentes de satisfacción permanentes que le garanticen algún margen de estabilidad en cuanto a las finanzas (18).
EXPLORACIÓN CON FINES ECONÓMICOS Y PASTORALES.

El presupuesto de la misión, solo puede ser destinado a las operaciones de la congregación, esto implica liberarlo de cargas producto de actividades de los feligreses en espacios pastorales extra-congregación. Todo esto necesita ser contemplado, pero no dirigir los recursos en su consecución (19). 

Es necesario generar los medios o mecanismos por los cuales la Junta y la misión exploran las realidades económicas con fines de autosostenibilidad y estabilidad pastoral.  Es una realidad que el dinero lo mueve todo menos la conciencia de los bautizados convencidos y comprometidos con la vida de la Iglesia. En este asunto debemos buscar “socios estratégicos” (20) que puedan aportarnos a la obra evangelizadora. También entre nuestros feligreses hay personas que conocen del tema financiero y negocios, ellos podrían apoyar nuestras exploraciones económicas con miras a lograr la estabilidad y autosostenibilidad de la misión. “El temor al fracaso es el primer escollo a ser derrotado, otro es la ignorancia frente a las reales necesidades de la misión (21). Es determinante que la obra eclesial nos genere estabilidad espiritual por lo que debemos trabajar a la par lo económico con lo espiritual. La salud integral es uno de los valores a ser consolidados en la vida congregacional, no se trata de llevar de manera sesgada a la liturgia estos asuntos tan humanos. Aquí quiero hacer énfasis a conceptos de nuestra propia identidad teológica, esta Iglesia no celebra la Eucaristía con otra pretensión que la adoración al Dios viviente, la Eucaristía es por antonomasia:

  • Sanadora.
  • Liberadora.
  • Reivindicadora.
  • Dignificante.
  • Acto supremo de adoración y alabanza.
  • Signo vivo de comunión entre los bautizados.
  • Vivencia amorosa del Mandamiento Nuevo.
  • Fuente de Gracia y absoluta reconciliación (22).
Aquí encontramos una cantidad de valores y su praxis que sin duda fortalecerán nuestra misión y darán luz a nuestro propio Pacto Bautismal (23). Aquí está realmente la fuente de toda obra santa y por ende buena en la Iglesia. La centralidad de la Eucaristía nos invita siempre a poner en manos de Dios nuestros propios sacrificios. La espiritualidad es el sustento de todo proyecto en la congregación, es una faceta permanente como adoradores y trabajadores por el Reino. Empoderar en el trabajo colectivo y la visualización de binomios para el trabajo congregacional solo será posible en la medida en la que formamos a los bautizados, los ministros laicos licenciados entran de lleno en esta dinámica de la congregación.

  • Binomios pastorales constituidos por ministros laicos licenciados (24).
  • Socios estratégicos en la pastoral y autosostenibilidad congregacional.
  • Espiritualidad alimentada por espacios formativos tanto a nivel de la Diócesis como de la congregación.
  • Fomentar aquí el valor de un liderazgo que reconoce necesitar de los distintos relevos, para evitar a si convertirse cada servidor en imprescindible. Esta postura retrasa grandemente el surgimiento de nuevos líderes (25).
  • Constituir los mecanismos formativos e incluirse en los existentes para llegar a la consecución de una Teologia funcional (26) en cada uno de los servidores congregacionales y los demás bautizados. Dar razón de nuestra Fe es vital en el proceso identitativo de la autosostenibilidad tanto económica como pastoral. La salud espiritual y doctrinal de la misión es fuente de bienestar y luz para otros.

CALENDARIO: la misión debe tener no solo un calendario de actividades pastorales o representación en escenarios diocesanos, debe con carácter de urgente definir una serie de actividades de mediano y gran alcance con fines económicos, estas actividades pueden estar fijadas de esta manera o similar según el entorno y la respuesta de la misión:

  • Una gran actividad económica trimestral o cuatrimestral que pueda involucrar a socios estratégicos al exterior de la congregación.
  • Actividades económicas según el tiempo y las necesidades de integración, tales pueden ser desayunos, almuerzos, otros similares, rifas, tómbolas, apadrinar una necesidad determinada de la congregación donde los feligreses puedan aportar sumas pequeñas que no graven o afecten la Mayordomía.
  • Generar bienestar en nuestras instalaciones que hablen bien del empleo de tales recursos.
  •  Dignificar la liturgia es un componente esencial que habla de la Fe congregacional y su oferta espiritual al entorno.
  • También podemos hablar de actividades tendientes a afirmar los valores congregacionales que no impliquen costo alguno a los feligreses.
(27).

IMPORTANTE: Debemos generar apoyo de todos los integrantes de la misión, jóvenes, adultos, adultos mayores, todo ello es factible si contamos con la opinión y hablamos siempre y constantemente de cada una de las actividades. El testimonio es una poderosa forma de evangelizar (28).

CUESTIÓN DE VISIÓN: cambiemos el paradigma congregacional o parroquial, nuestra congregación es un organismo vivo e integrado con su entorno, no puede crecer aislada o en un absoluto mutismo. Somos un cuerpo que incide positivamente en su entorno (29).


RECURSOS/NOTAS/VALORES.


1-      https://www.forwardmovement.org › Products › guiacutea-de-recursos// https://www.episcopalfoundation.org › programs › vital-practices › spanish.
2-      Nota del autor.
3-      Nota del autor.
4-      Nota del autor.
5-      Nota del autor.
6-      Nota del autor.
7-      Nota del autor.
8-      https://economipedia.com › definiciones › plan-estratégico// https://guiadelacalidad.com › sistema-de-gestion › plan-estrategico
9-      Nota del autor.
10-  Nota del autor.
11-  Nota del autor.
12-  Nota del autor.
13-  Nota del autor.
14-  Nota del autor.
15-  Nota del autor.
16-  Nota del autor.
17-  Nota del autor.
18-  Nota del autor.
19-  Nota del autor.
20-  Nota del autor.
21-  Nota del autor.
22-  Nota del autor.
23-  Nota del autor.
24-  Nota del autor.
25-  Nota del autor.
26-  Nota del autor.
27-  Nota del autor.
28-  Nota del autor.
29-  Nota del autor.






RECURSO PARA UNA PREDICA. III DOMINGO DE ADVIENTO...

III DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo  35 versiculos 1-10. Salmo 146:4-9. Santiago capitulo 5 versiculos 7-10. Mateo capítulo 11 versic...