martes, 22 de diciembre de 2020

MEDITACIÓN DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

MEDITACIÓN DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

La Iglesia se prepara para vivir en la tranquilidad y seguridad de los hogares de sus hijos los bautizados, pero antes en nuestros templos este maravilloso acontecimiento que antropizó totalmente nuestra relación con el Dios amoroso y por ende salvífico. Proclamó antes el profeta Isaías capítulo 7 versículo 14: “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”.  El Mesías anunciado entrará no precedido de un ejército numeroso y poderoso sino con la sencillez de su corazón, viendo y sintiendo a todos sus hermanos y necesitados de su amor. Es la entrada de Dios, del Creador de todo en el reducido recinto de Nazaret, en la ciudad de David o Belén, arrullado por los cantos de cuna cuando antes había sido adorado por los coros celestiales de pléyades angelicales.  (Brillando en su presencia siempre, o como lo expresaría la mitología griega eran hermanas de Calypso y de las Hespéridas. Sus nombres eran Maya, Electra, Taigete, Alcíone, Selene, Estérope y Mérope. En astronomía las Pléyades son un cúmulo abierto en la constelación de Taurus). Las estrellas más brillantes de las Pléyades pueden verse a simple vista incluso desde las grandes ciudades. Imaginándonos simplemente si una estrella brilla hasta nosotros con cuanto más poder cantaban sus Ángeles…

 Este era el escenario cósmico del Hijo de Dios, pero a pesar de todo su Poder como Dios se encarna y disfruta de los cantos infantiles que le tributa la Niña María. El dueño del universo reclama una cuna entre nosotros. Es una gran paradoja que el Creador necesite que le creen un espacio para descansar y un hogar para crecer y ser feliz.  Es la familia el valor por antonomasia de este acontecimiento histórico-salvífico. Dios ha buscado un hogar para su Hijo hecho hombre, Dios lo confió a una joven esposa y niña en edad y dulce expresión. La Familia conformada por María, José y el Niño Dios, encarna el acontecer salvífico de toda la familia humana. De toda posible esperanza que se cierne sobre la humanidad aquí expectante, aquí materializada en la certeza de un acontecimiento que transformará su razón y fundamento de ser y sentir, la bendición de Dios santificando sus ciclos vitales y momentos de amor. Estos momentos salvíficos en esencia hacen de lo cotidiano oportunidad de adoración cuando nos reconocemos bajo la inspiración de este santo modelo de Nazaret.

Belén no es la ciudad más reconocida por la tradición y los estudiosos, así como por los eruditos judíos, pero no obstante la proximidad de Dios con nosotros se revela en lo pequeño y muchas veces ignorado. Porque la cuestión radica no en el lugar sino en la Voluntad de Dios y la disposición de nuestra Fe… En una necesidad de manifestar su amor a la humanidad y mostrar que el camino que conduce a su Reino no necesita agregar portentos que solo con amar basta cuando este amar se convierte en el combustible que enciende nuestras lámparas vigilantes.  Santa Noche por excelencia en la que se juntan las voces del cielo y la tierra y la luz brilla en ambos espacios. Bendita noche en la que un niño nos ha nacido y porta en su tierna sonrisa la esperanza de toda la humanidad y la creación. Pero cual fue la escena que contemplaron sus padres y quienes les visitaron. Y que dialogo el mortal podría sostener con la Palabra Eterna. Como expresarle al dueño y Señor de todo, los sentimientos que embargaron a aquellas almas devotas. En la simpleza y humildad de los pastores, en el regocijo de una madre inexperta y un esposo maduro conocedor de la vida, pero de corazón henchido de amor y ternura. La expresión común en ángeles, pastores, familia y amigos era una sola, Alabanza, Alabanza y Alabanza, nada distinto podría brotar de estas personas sus primeros amigos y futuros discípulos en la obra del Evangelio. Nada distinto a una Iglesia que como madre aguarda para adorar a su Señor y Salvador… Bendita noche llena de estrellas y astros anunciantes de aquel inenarrable misterio hecho carne. Abraham, Moisés, Jacob, David, Salomón, los profetas, todos ellos quisieron ver lo que los bautizados miramos hoy por los ojos de nuestra madre la Iglesia. Una expresión tanto de amor como de profunda Fe maravilla a los pastores y a los coros angélicos. Ha nacido el Verbo en la carne humana, ha nacido el que no tiene principio, pero aun así lo tiene en el corazón de una madre. Quien podría sospechar siquiera que el creador de todo cuanto existe, el que sostiene la creación y la justifica siempre, sea cargado y sostenido por brazos frágiles de mujer que paradójicamente como toda Niña, sus brazos, hechos para acariciar y no para sostener pesos, pero aquí se trata del creador que se rinde ante la niña Maria y su dulzura.  En esta noche maravillosa será posible unir los anhelos y la esperanza de toda la humanidad que sin saberlo por descansar plácidamente en otras latitudes serán bendecidos con la visita de la misericordia reconciliadora de Dios.

Paz a los hombres de buena voluntad, no es un saludo protocolar o la manera de agraciar a las personas de experiencia de Fe, es sobre toda expresión posible, el señalamiento de mujeres y hombres que han entendido que la vivencia del amor les hace participes de la misericordia de Dios, no es misericordia aprendida de experiencias de Fe sino de la praxis de un Ethos santo reflejado por el Dios amor.   Esta bendita noche nos hace participes y obreros de la misericordia y la bondad por quienes nos rodean, esta bella noche nos invita a trabajar por la extensión del Reino de Dios, de un Dios que aun infante trabaja por nosotros sin cesar. La Paz que procede de Dios es y será uno de los mayores dones del resucitado, sus discípulos, y nosotros en ellos, y con ellos participamos de los mismos. La Paz que brota del corazón de un Padre, de Dios nuestro Padre, es la Paz que da vida y lo hace en abundancia, es la Paz de María y José como de los pastores y sus amigos los ángeles. Es la Paz el don de vida que llega a nosotros por el santo Bautismo, es la Paz que hace de la tierra por ese dulce momento el hogar de los ángeles de Dios que llegaron a adorarle en la humanidad de su cuerpo frágil y tierno, del Dios antes reverenciado en su trono altísimo, ahora abajado a la carne de un niño lleno de amor y ternura. Tanta expectativa generó a sus padres que todo lo vivido se convertirá en un tesoro en el corazón de la niña María. 

Esta bella noche nos recuerda que la Paz llegó a la tierra para convertirse en el anhelo de cada bautizado y que todas las naciones de la tierra la podrán tener cuando verdaderamente reconozcan el imperio de Dios en sus corazones. Una Paz como la que brinda Dios que no depende de nada que pueda suceder entre nosotros. Que no se rinde ante los imperios de este mundo o los valores arbitrarios impuestos en la sociedad sensualista y temerosa del verdadero amor, del único que trae Paz y esperanza. Es pues la oportunidad de la humanidad para alcanzar los ideales de su existencia, los ideales que respiran a vida eterna en los labios dibujada, por un frágil niño recién nacido. La sonrisa más profunda de la creación que todavía refleja lo divino y lo creado, que todavía ilumina la tierra, aunque de este maravilloso suceso han pasado 2000 años. Suceso que no tiene paradigma entre nosotros, suceso lleno de expectación. La madre del niño Dios guarda en su corazón cuanto acontece con su vida y su Fe como experiencia de misericordia de Dios y su gran amor.  Ella ante los sucesos que marcaran su vida recuerda impávida a su niño en los primeros meses de vida y renueva constantemente su amor de madre y su vocación como la futura hija de la Iglesia. La Fe de María y de su esposo José, se refleja en todos los cuidados y preocupaciones por la vida del niño recién nacido, lo que hay en sus corazones no se atiene al cuidado de los ángeles visitantes, sino que ellos asumen su rol como padres y familia. Una familia que comprende perfectamente que la vida compartida por el Creador debe ser protegida y promovida y que los valores y virtudes se cosechan también en familia.  Una familia que hace muy bien su trabajo de amar y cuidar, cuidar y amar, promover y prosperar. Lucas en su Evangelio se cuida de mostrarnos que esta bella familia cumplió con todas las prescripciones de la ley Mosaica, aunque algunas de sus prácticas no eran obligatorias, pero de esta forma desean mostrar al mundo que el compromiso de Fe es dulce como la miel y más refréscate que el bálsamo puro.  Familia que ora y permanece unida bajo la guía del Espíritu Santo, son ellos modelos de Padres y Madres que caminan con nosotros por el mundo. Sin duda que el niño Jesús fue criado como creyente y comprometido con el Dios de la vida, el mismo que por amor y en amor le engendró antes de todo tiempo o principio.  Los bautizados debemos subir de lo material a lo espiritual, de lo visible a lo invisible, es la trascendencia el alimento de nuestra Navidad… FELIZ NAVIDAD EN EL DIOS HUMANADO, EN CRISTO CABEZA DE LA MADRE DE LOS BAUTIZADOS, DE LA SANTA IGLESIA. Para culminar esta breve reflexión los dejo con las palabras de Agustín de Hipona… “Mirad hecho hombre al Creador del hombre para que mamase leche el que gobierna el mundo sideral, para que tuviese hambre el pan, para que tuviera sed la fuente, y durmiese la luz, y el camino se fatigase en el viaje, y la Verdad fuese acusada por falsos testigos, y el juez de vivos y muertos fuera juzgado por juez mortal, y la justicia, condenada por los injustos. Y la disciplina fuera azotada con látigos, y el racimo de uvas fuera coronado de espinas, y el cimiento, colgado en el madero; la virtud se enflaqueciera, la salud fuera herida, y muriese la misma vida (Sermón 191,1: PL 38,1010)”. 

Jesús yace en el pesebre, pero lleva las riendas del gobierno del mundo; toma el pecho, y alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, y nos viste a nosotros de inmortalidad; está mamando, y lo adoran; no halló lugar en la posada, y Él fabrica templos suyos en los corazones de los creyentes. Para que se hiciera fuerte la debilidad, se hizo débil la fortaleza... Así encendemos nuestra caridad para que lleguemos a su eternidad…”

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO. Lucas capitulo 1 versiculos 26-38. Ángelus Domini nuntiavit Mariae. (El Ángel del Señor anunció a maría).

 

 

"26. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27.a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28.Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30.El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31.vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32.El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35. El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36.Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue."

https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/lucas/1/

 

El Texto Lucano es especialmente claro sobre el misterio de la Anunciación. Maria aparece en este relato como la primera creyente que asume su papel en la historia personal de salvación al corresponder a la Voluntad de Dios. Lucas a diferencia de Mateo se enfoca en la madre del niño y Mateo en el papá adoptivo como tal. Esta postura nos centra en la realidad familiar y los vínculos de la madre con sus hijos por cuestiones de naturaleza humana. El estado espiritual de Maria supone que no se sea un evento ordinario sino la consumación de una experiencia personal de Dios muy profunda en su vida porque sabemos que Dios no “alquiló un vientre” sino que visitó espiritualmente a una creyente. La realidad espiritual es de suma importancia porque nos permite ver la claridad de esta relación natural y trascedente a la vez. Recordemos que las palabras del Ángel durante este coloquio son inspiradas en relatos del Antiguo Testamento cuya finalidad es mostrar la relación de época y acontecer salvífico en la historia. El Texto de Jerusalen es sabio en emplear la palabra “desposada” (versiculo 27) en estricto sentido semita implica conocer a su esposo, pero no sexualmente ya que el termino designa a quien no ha consumado su matrimonio. Aquí entra la consideración de la virginidad de la Niña Madre.

Los Santos Padres de la Iglesia y particularmente el Hiponense, afirma que “María fue Madre en su corazón antes que en su cuerpo” nos indica con ello la necesaria y coherente respuesta de Maria ante la Encarnación y ella como sujeto dueño de su criterio afirmó su propia respuesta al llamado de Dios, este llamado es similar al de cada uno de los bautizados. El versiculo 35 nos evoca directamente la experiencia de Israel en el desierto cuando el propio Yahvé los guiaba tanto de día como en la noche, su simbología esta citada como un recurso literario que ilustra muy bien este fenómeno de Fe. Es pues, interesante para nosotros reconocer las múltiples manifestaciones de nuestro Dios y como precisamente lo hace pensando en nuestro bienestar.

Lo referente a su prima Isabel es parte de la literatura bíblica y conocemos ejemplos de ello, de mujeres en edad avanzada y que logran quedar en embarazo prueba ello de su experiencia con Dios y manifestación de su Voluntad en la misión del niño que esta por nacer.

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO…

 

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO… Isaías capítulo 61 versículos 1-4, 8-11. Salmo 126. 1 tesalonicenses capítulo 5 versículos 16-28. Juan capítulo 1 versículos 6-8, 19-28.

 

Isaías anuncia un mensaje de consolación que llega precisamente para atenuar las condiciones de sus coterráneos, este anuncio se viste de sacerdotal y muestra la gloria de quienes adoran al Dios viviente.  Es sin duda una contradicción para los pueblos vecinos y sus acciones culticas. Es una Buena Nueva que los santos PP. De la Iglesia y nosotros con ellos, remitimos al Evangelio que llega para ser signo de la más absoluta misericordia de Dios para con su pueblo. Recordemos que el propio Jesús lo empleará para expresar en categorías de la tradición judía su propia misión. Isaías continua su relato profético mostrándonos las cualidades de Dios que como él mismo lo expresa aborrece el pecado y la injusticia que sin duda alguna son formas aberrantes de esclavitud para el creyente.  Dios no acepta estas maneras de construir relaciones y sociedad y lo hace saber por medio de su profeta. Es también desde esta perspectiva la posibilidad de transformar el enfoque socio-cultural del pueblo de Israel. Es también la forma de mostrar la nueva condición de los bautizados que en el mundo luchan por hacer visible el Reino y su justicia.  Dios es el autor de la salvación, de esta manera concluye el versículo (10) indicando con ello que la disposición de Dios siempre será la dignificación de la vida en todas sus formas y con mayor razón la dignidad del ser humano, paradójicamente esclavizado por sus mismas invenciones y valores mundanos.  

El Salmo propuesto para este tercer domingo de Adviento, nos invita a trabajar por la reconstrucción de nuestros proyectos de vida especialmente cuando estos se encuentran amenazados por el pecado o la paulatina pérdida de esperanza.  La desesperanza no es ni podrá ser nunca el camino de nuestra existencia. El Dios amoroso restaura y nutre con su presencia nuestras vidas y experiencia de Fe.  Recordemos que una de las cualidades del Amor de Dios es precisamente la sanidad integral de la vida y acciones del creyente, es así signo inequívoco de liberación y verdadera identidad de Fe.

El Apóstol Pablo en el versículo (16-17) definirá la intencionalidad de este trozo o pasaje de su carta a los Tesalonicenses, nos invita a la oración como actitud de vida y quehacer constante, es clave comprender que esta invitación configuró positivamente la espiritualidad cristiana haciendo de la oración un distintivo de los seguidores de Jesús que a diferencia de los judíos oraban constantemente y lo hacían en toda parte. El discernimiento cristiano es clave como don del Espíritu Santo y los bautizados pueden recibirlo para su vida de Fe y por ende para decidir sobre su vida en un medio hostil a la Fe. La oración conlleva un componente de responsabilidad que hace que los bautizados oren unos por otros interesándose en la vida del otro o prójimo, es llevar la concepción del próximo a un nivel de verdadera preocupación y solidaridad cristiana, ya que la oración se transforma en obras. De la tesis anterior surgen leyes tanto morales como cristianas en favor del otro y su vida como circunstancia. Aquí en la concepción Paulina rescatamos la conciencia sobre la existencia unida al otro y de esta manera experimentamos los valores necesarios para hacer posible esta visión de solidaridad y encuentro vital desde la perspectiva de nuestra Fe cristiana…

Juan inicia este Evangelio (para el tercer domingo de Adviento) el testimonio del Bautista es sin duda un maravilloso esfuerzo por proclamar con nuestras vidas y obras el valor de la presencia de Dios en nosotros. El testimonio involucra todas las expresiones de nuestra Fe y vivencia cristiana, no se trata solo de ser bautizados sino y sobre todo de vivir a plenitud su Gracia. Juan no era la luz, pero tenía como creyente la capacidad de verla y sentirla en sus manos, mente y corazón, así como hacerla participe de sus actuaciones. La pregunta obligada para nosotros sería precisamente donde estamos testimoniando la presencia de Dios en nuestras vidas o simplemente vivimos una Fe de índoles y naturaleza nominal, que no permite un auténtico descubrimiento vivencial del Dios vivo en nosotros. El testimonio de Juan se vive en el anuncio y vivencia de los anunciado, Juan no solo anuncia citando al profeta Isaías en el versículo (23) “Voz del que clama en el desierto, rectificad el camino del Señor” (Cónfer: Isaías capítulo 40 versiculo 3). Ser la voz del Señor implica una verdadera aceptación de su Palabra, la misma que al ser puesta por obra configurará al verdadero creyente en Cristo, no es simplemente saber el mensaje, es vivirlo y hacerlo ejercicio vital de Fe y espiritualidad. Si recibimos Gracia sobre Gracia es un doble premio que centra nuestra atención en Cristo como primera y poderosa Gracia y en su Palabra como fuente de Gracia segunda o de presencia misericordiosa del Dios revelado. Solo Jesús posee verdadera intimidad con el Padre Dios y su conocimiento se traduce en Amor. Pues de esta manera el bautizado es llamado a vivir el amor como la razón de su escogencia y testimonio, quien no ama no puede testimoniar sobre el amor de Dios. Jesús rompe los paradigmas esperados, es decir, deja a un lado la concepción de un Mesías como Moisés o David, no es un mesianismo glorioso a los ojos del mundo sino en la perspectiva escatológica, la única donde verdaderamente se produce la salvación como fruto de la misericordia de Dios. 

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

ADVIENTO. HACIA SU REFLEXIÓN TEOLÓGICA.

 

ADVIENTO. HACIA SU REFLEXIÓN TEOLÓGICA.

 

EN EL AMBITO ECLESIAL.

 

El adviento evoca la dimensión histórico-sacramental de la salvación. El Dios del Adviento es el Dios de la historia, el Dios que vino en plenitud para salvar al hombre en Jesús de Nazaret, en quien se revela el rostro del Padre (Conf.  Juan  capítulo 14 versiculo 9). La dimensión histórica de la revelación recuerda la concretez de la plena salvación del hombre, de todo el hombre, de todos los hombres y, por tanto, la relación intrínseca entre evangelización y promoción humana.

 

 

La liturgia de la Iglesia reconoce en el Adviento un tiempo fuerte no tan fuerte como otros tiempos fuertes de la misma. En esta postura debemos necesariamente que hablar de la Navidad y la Pascua solo para argumentar una postura teológica definida. Desde nuestra perspectiva el Adviento aparece en la expresión tardía de las primeras grandes reformas litúrgicas de la Iglesia, en este orden citamos a Gregorio Magno (1) Papa y uno de los cuatro grandes latinos (junto con Agustín, Jerónimo y Ambrosio de Milán). Para ponernos en contexto este Padre de la Iglesia latina vivió entre los años (540 - 604) y en su obra cumbre “Sacramentario Gregoriano” (2) no aparecen alusiones directas a este tiempo litúrgico (Adviento) de esta manera queda claro que aparece de forma tardía. En cuanto a nuestra muy breve reflexión podemos concluir que el Adviento aparece gracias a la transición del griego al latín como idioma oficial de la Iglesia y su eclesiológica expresión teológica. En cuanto a esta posibilidad idiomática es fácil ver como el cambio idiomático facilitó la ascensión de contenidos similares que al fusionarse doctrinalmente nos permiten ver la aparición de tal tiempo en nuestra litúrgica, entendiendo la expresión “nuestra liturgia” como una determinante afirmación de su carácter universal (3).

Los términos citados son: Epifanía (4), Parusía (5), Adviento (6), siendo este ultimo la unión de naturaleza hipostática en cuanto a su contenido y producción teológica coherente para comprender y delimitar la expresión ultima de Adviento, ya que la Epifanía en su forma griega más solemne expresa la manifestación de lo esperado en este caso en cuestión como manifestación de la Divinidad, y Parusía como la venida de la Divinidad. La Divinidad es expresión de Dios Trinidad en nuestro lenguaje. La mezcla teológica de estos términos iniciales (Epifanía y Parusía) produce en la psique teológica de la catolicidad la lectura conceptual del Adviento que en ámbito romano era la espera de la visita del emperador y lo que ello implicaba para el gobierno de una Provincia romana, solo para ver las implicancias del gobierno romano en el mundo conocido citamos las provincias de este gran imperio.

Sicilia (227 a.C.)

Córcega y Cerdeña (227 a.C.)

Hispania Baética (205 a.C.)

Macedonia (146 a.C.)

África (146 a.C.)

Asia (133 a.C.)

Achaia (146 a.C.)

Galia Citerior (80 a.C.)

Galia Narbonensis (118 a.C.) (3.1).

Bitinia y Pontos (63 a.C.)

Chipre (55 a.C.)

Cirenaica y Creta (63 a.C.)

Númidia (46 a.C.)

Desde esta dinámica encontramos que el Adviento pasó de ser un acto cívico del imperio (3.2) gracias a la libertad de Constantino para convertirse en fundamento anterior al nacimiento del Salvador. Desde luego hay una serie de situación y posturas teológicas que facilitaron tal visión de la instauración de este tiempo litúrgico (Adviento). Nos referimos al arrianismo que negaban la divinidad de Cristo y por ende todo lo que implica tal afirmación en la redención de la humanidad. Pues en el concilio de Nicea en el año (325) se condenó tal postura teológica. Y se pensó en dar un tiempo para conectar dialécticamente tanto el periodo de espera como el nacimiento mismo del Señor. Desde luego más allá de la connotación doctrinal era un tiempo de preparación que inicialmente lo ascético (penitencia, mortificación) (3.3) superaba a lo litúrgico, es decir, la liturgia no tenía la incidencia en este tiempo como lo tiene en el presente. En sus comienzos era particularmente mandado para eclesiásticos (diáconos, presbíteros y obispos) también para religiosos y al ver la Iglesia su valor lo proclamó para todos los bautizados (3.4).

 

ADVIENTO EN EL MEDIO HISTORICO-CRITICO DE LOS CRISTIANOS.

 

Para continuar caminando miremos el siguiente cuadro:

Adviento Histórico

Adviento Místico

Adviento Escatológico.

Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.

Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

 

 

(7).

 

Este tiempo de nuestra liturgia nos permite conectar en una misma intención y por ende un mismo sentir todos y cada uno de los momentos que fueron y son determinantes para nuestra salvación. Se establece una secuencia histórica necesitada de la Gracia en potencia y luego efectiva en el advenimiento mesiánico como tal y bajo la concepción en la tradición de un pueblo y luego de toda la humanidad. La historia nos invita a elaborar una misma propuesta vital donde el amor de Dios se convierte en historia de salvación bajo la figura que nuestra dialéctica como se asume con mayor precisión. Hablar de liberación es hablar de la presencia de Dios en la historia humana y tal presencia no se adelanta al margen de manifestaciones como el Adviento. La clave del creyente es saber esperar e insertar la espera en su vida y cotidianidad (8). Es dimensionar una vida de interioridad capaz de estar atenta aun inmersa en el mundo y sus contundentes afanes. No podemos esperar al que no conocemos y para poder conocerlo es urgente vivir y amar esta vida y la otra como consecuencia de su llamado a la eternidad. No es posible hablar del Adviento sin verlo reflejado en la historia personal de salvación de cada uno de los bautizados. Pues solo mediante una espera contenida en el criterio de la Fe y el amor es como el bautizado dibuja en la finitud de su existencia terrena la realidad sobrenatural que trasciende en su existencia (9).

Hemos construido todo un mundo de relaciones y prioridades en el entorno somático donde nos desempeñamos y con ello ya nos acostumbramos a estar siempre acompañados. En la perspectiva de la presencia de Dios es posible confundirla con manifestaciones propias de la psique y de las relaciones que hemos elaborado históricamente con nuestro medio. Hablar del Adviento en dinámica mística supone toda una espiritualidad para saber aguardar al Señor y no permitir que los encantos propios de estas fechas nos distraigan de nuestra verdadera espera y celebración (10). Nuestra liturgia es un medio de celebración por antonomasia, pero aun en ella el discernimiento de nuestra propia vitalidad de Fe se hace necesario.

Somos familia y comunidad tanto de un sector determinado como de toda la humanidad. El bautizado debe comprender que uno solo es todo y todo se explicita en uno solo, aquí nos referimos a la naturaleza singular de nuestra existencia. La culminación de un proyecto de vida aterriza en la proximidad de este con Dios. La justificación de tantos afanes en el mundo solo pasa por la búsqueda de seguridad terrena, el cansancio se experimenta cuando la vida solo conduce a una realización mudable. Esta capacidad de dejar de ser es solo fruto de la imperfección propia de nuestra condición. Necesitamos recuperar la certeza de nuestro fin último para que no sigamos viviendo como si se tratara de una vida terrenal estrictamente hablando (12). El acontecer del Mesías revelado en todo tiempo y con mayor poder en las Sagradas Escrituras le dan a esta el “sentido típico” que nos está indicando con grandes letras que la presencia de Cristo se vive desde el Génesis hasta el Apocalipsis y que ellas son un instrumento de revelación también en el contexto histórico que cada uno vive según su época. Estamos pues informados sobre el valor intrínseco de la revelación escrita y como contribuye decididamente en el crecimiento de nuestra praxis creyente. Una expresión sobre las Escrituras de Dios resume todo: “Cuando leemos la Biblia, ella nos lee a nosotros” sin duda que aquí queda claro la poderosa relación salvífica de las Escrituras de Dios con el acontecer humano que nunca está o estará fuera de su ámbito (13). Aquí la proporción escatológica en el Adviento se convierte en una espera confiada, pero a la vez nos reclama el estar preparados y atentos. La preparación es eminentemente espiritual pero esta dimensionalidad afecta el acontecer y relaciones del bautizado en el mundo.  Si hablamos de su contenido escatológico debemos presentar una dimensión completamente afirmada en la Gracia y en el cumplimiento de los designios amorosos de nuestro Dios, es pues, un acto de Fe implícito en la manifestación salvífica de Cristo en el ámbito de su Iglesia. Tal dimensión como que nos empuja a firmar la trascendentariedad de la vida en relación con el plan amoroso de Dios (14). Unas implicancias que actúan en el sustento de nuestra propia Fe como bautizados en constante camino al Padre Dios. Aquí la relación de lo místico, cultico y supra se une maravillosamente haciendo de Adviento un tempo salvífico importante para los creyentes (15).

Todo aquello que históricamente es tocado por la Gracia sana y se libera de las cadenas del pecado y finitud de sus propios deseos de perdurar, como quienes disfrutan inmortalizando sus nombres en el plano humano y no luchan por hacerlo en el medio de su espiritualidad (16). Las culturas clásicas de manera especial creían en la inmortalidad del ser humano en la mente y psique de sus conciudadanos, monumentos a militares, políticos, religiosos, científicos, etc., disfrazan el temor de la muerte con imágenes de su propia grandeza e importancia, la memoria vital se resume en acontecimientos categóricamente pasajeros y que se remontan a la vida de la humanidad en sus distintos estadios de praxis existencial (17). La madurez del creyente lo debe llevar a disfrutar de su nombre, pero en la vida eterna en aquel “libro de la vida” (Apocalipsis capítulo 21 versiculo 27) abierto por Dios para los suyos. Aquí la esperanza nos nutre con toda su fuerza y nos invita a confiar en ella y saber que en el caminar de nuestra Fe la presencia del Señor es vital para asumir este contenido trascendente (18). La vida en sus formas racional, afectiva, biológica reclama de una integralidad en sus vivencias y comprensiones de su plenitud y finitud como quiera que estamos ligados a la eternidad, pero aquí en pies de barro como aquel gigante visto en sueños… (Conf. Daniel capítulo 2 versiculos 31-35). La Madre de los bautizados siempre nos está invitando a vivir estos misterios cuyo cuerpo tomaron en nuestra liturgia. La condición propia del Adviento nos invita incesantemente a vivir preparados en la dimensión de nuestro encuentro definitivo con el Dios amoroso (19).

Hablar de la Parusía es afirmar la certeza de la venida de Cristo y sobre tal concepción nuestra propia vida se embarca en una aventura de entrega y reconocimiento del Señor, está y estará siempre cerca de nosotros y para percibirle encontramos en la forma cristiana de vida de cada uno de los bautizados la mejor alianza salvífica para estos nuevos tiempos (20). La novedad radica precisamente en la vivencia y salutación que hacemos de estos tiempos en nuestra liturgia y por ende espiritualidad eclesial (21). El episcopal tiene claro delante de su existencia que la preparación debe ser constante y que en el mundo somos meros o simples visitantes de su materialidad. Guardamos y conservamos con total entrega una cantidad de objetos y emociones que se quedaran aquí en la pasajera presentación de nuestra existencia. La clave de nuestra postura radica en el grado de interioridad con el Dios revelado y la necesidad autentica de buscarle solo a Él y querer hacerle feliz en nuestras vidas (22).  Hoy se descubre para nosotros una particular forma de ver la Parusía, la Epifanía y por ende el Adviento. Hablamos de una contundente forma de relacionar los momentos salvíficos con el acontecer personal de nuestra relación con el Dios viviente. El tema de la espera es vivido en la Iglesia con la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva: el Marana-tha (Ven Señor) o el Maran-athá (el Señor viene) de los textos de Pablo (1 Corintios capítulo 16 versiculo 22) y del Apocalipsis (Apocalipsis capítulo 22 versiculo 20), que se encuentra también en la Didachè, (23) y hoy en una de las aclamaciones de la oración eucarística. Todo el Adviento resuena como un “Marana-tha” en las diferentes modulaciones que esta oración adquiere en las preces de la Iglesia. El anuncio de la venida del Señor se esclarece en la doctrina de la Iglesia desde tiempos primitivos y es de esta manera como los documentos apostólicos nos dan fe de su contenido e importancia en la instrucción de los primeros cristianos. En el presente la Iglesia adelanta una parte vital de su ministerialidad en la formación de los laicos en los distintos ministerios de servicio y compromiso congregacional haciendo del sacerdocio real de los bautizados una praxis llena de oportunidades de crecer en la Fe eclesial y personal. Estos distintos ministerios son signo de madurez en el bautizado y su entorno congregacional (24).

 

ADVIENTO EN EL HOY DE NUESTRA HISTORIA.

PASTORAL DURANTE ESTE TIEMPO LITURGICO.

 

Adviento. Nos recuerda cuán poco estamos preparados para la llegada del Señor y como hemos vivido como si todo dependiera de nosotros y no de su Voluntad Santísima. La creación también espera a nuestro lado y la Madre Iglesia aguarda junto a sus hijos los bautizados sin importar la situación de pecado que retiene su llegada… (25).

 

 

En nuestra dinámica cultica y mistagógica es importante tener presente que durante este tiempo litúrgico el género apocalíptico y conceptos escatológicos afloran en la liturgia de la Palabra y su finalidad es intrínseca a la razón de ser de sus contenidos (26).  Durante este tiempo litúrgico descubrimos como la salvación se ofrece a la humanidad en su totalizante afirmación sin que quede nada del ser humano y la creación por fuera de ella. Mencionamos a la naturaleza como receptáculo de Gracia por medio de nuestro accionar en ella o como sucede en el mundo por el pecado de destrucción y depredación que hemos iniciado contra ella (27). Creo en lo personal que la actual pandemia es consecuencia y mensaje claro a la humanidad y por primera vez la naturaleza no sufre por nosotros y nuestra mano incontrolable. Hay en todo lo que estamos viviendo un mensaje de vida implícito en el mismo temor a la muerte o perdida de vida si se pretende ver desde una dimensión estrictamente humana (28).

El Adviento está tocado, de una forma muy particular, por la característica de la esperanza. La esperanza como virtud que sostiene al alma, que consuela al ser humano (29). Teniendo en cuenta este sentido esperanzador del Adviento, creo que cada uno de nosotros tendría que reflexionar sobre el tema de lo que es la esperanza en su vida (30) … Es decir, sin la fundamentación de nuestra esperanza en Cristo es imposible suponer la espera confiada en el Dios revelado y por ende encarnado.  La historia que se confirma en Adviento es la historia del Dios personal que llamamos Padre, Hijo y Espíritu Santo, el Dios de la tradición Yavista, Elohista, Deuteronomista, Sacerdotal, es el Dios que se revela personal e intransferible pero que con todo y lo que expresa su naturaleza tiene espacio en su corazón para contemplar las vicisitudes de su pueblo y responder como un Dios amoroso. Es pues, de esta forma como nuestra historia camina sujeta de la revelación y como la revelación reclama como escenario su vivencia trascendente (31).

Adviento por vez primera relaciona salvíficamente la entrada de Dios en la historia humana y no de cualquier manera sino desde la perspectiva de nuestra especie. Es un Dios provisto de historia y en una dinámica dialéctica que sobrepasa cualquier concepción anterior sobre lo divino y lo humano (32). Es un Dios cuyo atributo relacional lo llamamos esperanza y así mismo llega a la persona humana. El cristiano se alegra y sufre como todos los mortales, pero mantiene siempre la certeza de una vida que no acaba, de una felicidad que no termina, y eso le llena de esperanza, incluso en los momentos más duros de su vida. Pues nuestra alegría pasa por la comprensión del Dios encarnado, de la forma como es bendecida nuestra historia común y la manera de no perder de vista que su entrada histórica es signo vivo de nuestra salvación. El Adviento nos invita a mirar hacia el futuro de la Iglesia y en ella la humanidad convocada por el Salvador. Una mirada poderosa ante lo que se vive en el presente y dejamos a un lado con el correr de los tiempos. Una mirada de amor y esperanza que acude a los pies del Niño que nos visitará en la carne y en la misericordia del mismo Dios (33).

Estamos ante un Dios que salva tanto la historia como sus protagonistas. Estamos ante un Dios reparador y bondadoso cuyo proceder es siempre nuestra esperanza. De lo anterior es posible concluir que nuestra espera como nuestra esperanza está animada, moldeada y en vocación amorosa, siendo el amor la razón dialéctica tanto de su revelación como de su ofrecimiento salvífico. Es pues, Adviento tanto tiempo como estadio de madurez salvífica cuando las condiciones se dieron para la entrada de Dios amor en nuestra historia tanto cósmica como personal, una entrada que corresponde a la revelación de su Voluntad amorosa (34).

Un Dios que parte del amor por la humanidad y no de la culpa de la persona humana, un Dios manifestado en la victoria del amor sobre el pecado y la muerte, es este nuestro Dios y todo su poder. Es de esta forma el Adviento la figura del mensaje del Ángel a María y la Encarnación del Verbo de Dios. Es el contenido temático de la Historia de Salvación que reveló la inclusión Trinitaria en la vida y quehacer del ser humano Imagen del Dios vivo y trascendente. La esperanza es el color del Adviento. Viene Jesús a salvarnos, es el Salvador. Y su venida nos trae alegría y paz. Con los que sufren. En Navidad, Jesús es el centro y sin él no tendríamos Navidad (35). Más allá de una consideración cultural hemos cifrado cronológicamente (categorías cognoscibles humanas) la manifestación del Dios con nosotros (Isainiano) como punto de partida de la aprehensión teológica de su revelación, lo que no implica que la clave sea la exactitud de las fechas argumentadas. El cambio de tradición y cosmovisión cultica es la que verdaderamente fija estas cuestiones y busca así reemplazar una celebración del antiguo imperio romano con una significación salvífica cristiana (36).

 

La Iglesia es la primera testiga de este maravilloso tiempo llamado Adviento y en su espiritualidad lo acoge como lo que es, una comunicación amorosa de Dios con la humanidad en búsqueda de la salvación de todo lo creado. (37).

 

Nuestra Iglesia en estas notas y acordes refleja la centralidad de este tiempo fuerte de nuestra liturgia y de paso nos insta a participar de su contenido reconociendo los dones y las virtudes del esperado Señor y Salvador. Es pues una manifestación del Espíritu de Dios que revela al Mesías tan esperado en el corazón de cada uno de los creyentes fundamentando así su esperanza. Adviento llega provisto de valores inspirados en el Dios de la vida, nos habla de paz, amistad, amor, para construir relaciones santas en vocación de fraternidad y eclesiológicas. Hay alegría en la vida y obra de los bautizados al reconocer que su centralidad es el Dios revelado y encarnado y su acontecer es muestra de su amor salvífico que se manifiesta en la vida y liturgia de la Madre de los bautizados. No nos detengamos y celebremos con el corazón este tiempo de espera y pronta liberación, dejemos a un lado las estructuras de pecado y caminemos en pos de la vida en todas sus formas.

 La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas, nosotros en la actualidad empleamos la corona para fundamentar (pedagogía cristiana) la espera por medio de su simbología, ya no es el invierno y la necesidad de calor naturalmente, sino la luz de Cristo que ilumina al creyente y anima con sus dones y talentos.  Las cuatro velas simbolizan los cuatro domingos del Adviento. El color morado de tres de las velas significa que se trata de un tiempo de penitencia. Una vela, sin embargo, lleva un color atenuado, el rosado, representa el tercer domingo de Adviento, llamado domingo Gaudete o domingo de la alegría. La simbología de este tiempo litúrgico es importante para asumir en perspectiva reflexiva los acontecimientos que nos están enseñando. La espiritualidad del Adviento es tanto penitente como festiva puesto que aguarda la llegada del Mesías y con Jesús el inicio de la propuesta salvífica enclavada tanto en la cultura y su cotidianidad como en la historia de la revelación en el pueblo judío. Son sin duda los matices más importantes de este santo tiempo de espera y comprensión del don salvífico de Dios que es su adorado Hijo. Un don que se manifiesta en la esperanza del pueblo y concretamente de quienes con fe aguardan el cumplimiento de la promesa salvífica de Dios Padre. Desde Abraham el padre de la fe judía hasta el último de los autores sagrados del N.T todas y todos aguardamos el cumplimiento de la promesa en cabeza de Cristo, Señor de la Iglesia (38).

Adviento implica una renovación personal constante y enfocada en el espíritu salvífico que adorna a la Iglesia. Este mismo espíritu es una motivación grande para trascender en nuestra relación amorosa con el Señor revelado y en camino a nuestros corazones (39).

 

 

CIBERGRAFÍA/ARTÍCULOS/INSUMOS.

 

1-      GREGORIO EL GRANDE (590-604). Había nacido hacia el 540, de una familia de la alta nobleza romana; antes de ser papa había sido sucesivamente prefecto de Roma, monje cerca de Roma, legado del papa en Constantinopla y consejero del papa. Hombre de gobierno, su figura tiene una importancia menor en el desarrollo del dogma, sin que por esto deje de tener alguna. En cambio, reorganizó la administración de los bienes de la Iglesia romana; protegió Roma de los lombardos, que atrajo después hacia el catolicismo; estableció o mejoró las relaciones con los francos y con los visigodos; dio solución al cisma de Aquileia; y envió misioneros a Inglaterra. Continuó sin embargo la tensión con la sede de Constantinopla, y en contraste con su patriarca, que se llamaba a sí mismo universal comenzó a utilizar el título de servus servorum Dei.

2-      Sacramentario Gregoriano: De este Sacramentario existen diversos tipos. Todos comienzan con este título: Incipit Liber sacramentorum de circulo anni expositus a S. Gregorio papa Romano editus. De él se han dado muchas opiniones. Los liturgistas del s. xvii atribuían este Sacramento al papa S. Gregorio Magno (v.), e incluso en nuestra época casi todos los autores piensan que el verdadero autor es el mismo S. Gregorio, pero no de los textos que hoy podemos leer en los diversos códices: S. Gregorio no quiso imponer su liturgia categóricamente, sino sólo una ordenación general de la celebración litúrgica; salvo lo determinado para el canon de la Misa, los demás formularios podían variar según las diversas regiones. El Sacramentario compuesto por S. Gregorio es para un año determinado, pero en los años siguientes se incorporaron en él diversas adiciones y modificaciones. De este Sacramentario se tienen dos tipos principales que a su vez dieron origen a otros que se ramificaron en diversas familias de códices.

3-      Nota del autor.

3.1. https://www.romaimperial.com/provincias-del-imperio-romano/

3.2. Nota del autor.

3.3. Nota del autor.

3.4. Nota del autor.

4-      Epifanía significa   manifestación de Dios. Dios se revela a todos: ricos y pobres, poderosos y humildes, judíos y no judíos. Después de nacer se manifestó a los pastores, pero luego se manifestó a los magos de oriente. Hoy también quiere manifestarse a todos. Veamos las enseñanzas que el suceso de los magos nos da para que Dios se manifieste en nosotros y a través de nosotros en otros muchos. https://www.mercaba.org/ARTICULOS/S/significados_de_la_epifania.htm

5-      Parusía. Con Cristo se ha puesto en marcha una nueva era de la historia de la salvación: "la plenitud de los tiempos". Él presentó a Dios el sacrificio aceptable que lleva a plenitud la salvación en nombre de toda la humanidad. En Cristo, don del Padre al hombre y al mundo, el hombre y el mundo encuentran su plenitud escatológica. De ahora en adelante, toda la humanidad está frente a Él, a fin de participar en esta salvación, hasta convertirse ella misma en expresión sacramental de la salvación. Pero ello será plenamente realizado sólo al final de los tiempos, cuando los hijos de Dios sean recibidos en la gloria plena y Dios sea todo en todos. https://mercaba.org/Libros/Emiliano/parusia.htm

6-      Adviento. latín: adventus Redemptoris, 'venida del Redentor.

7-      El Adviento - Mercaba.org mercaba.org › LITURGIA › Avd. › el adviento

8-      Nota del autor.

9-      Nota del autor.

10-  Nota del autor.

11-  Nota del autor.

12-  Nota del autor.

13-  Nota del autor.

14-  Nota del autor.

15-  Nota del autor.

16-  Nota del autor.

17-  Nota del autor.

18-  Nota del autor.

19-  Nota del autor.

20-  Nota del autor.

21-  Nota del autor.

22-  Nota del autor.

23-   Didachè. Aunque era conocido por los Padres, generalmente bajo el nombre de La doctrina de los doce apóstoles, el texto de la Didachè no se descubrió hasta 1873, con el título de La instrucción del Señor a los gentiles a través de los doce apóstoles. Se trata probablemente de una obra de recopilación que puede datarse casi con seguridad en el siglo 1; en cualquier caso, no puede ser posterior al 150. En algunas Iglesias fue considerada durante algún tiempo como perteneciente al canon de las Escrituras. Lo más probable es que proceda de Siria, aunque también Egipto se ha señalado como posible lugar de origen. La Didachè es de la mayor importancia para el estudio de la Iglesia subapostólica, corno testimonia la gran cantidad de estudios que de ella se han hecho. https://mercaba.org/DicEC/D/didache.htm

24-  Nota del autor.

25-  Nota del autor.

26-  Nota del autor.

27-  Nota del autor.

28-  Nota del autor.

29-  Nota del autor.

30-  Artículo, EL ADVIENTO, Tiempo de Esperanza. Pbro. Cipriano Sánchez; fuente. Catholic. Net. 2017.

31-  Nota del autor.

32-  Nota del autor.

33-  Nota del autor.

34-  Nota del autor.

35-  Carta Pastoral, del Obispo de Córdoba, España. Demetrio Fernández, sobre Adviento.

36-  Nota del autor.

37-  Nota del autor.

38-  http://cristoeseltema.blogspot.com/2017/12/espiritualidad-del-adviento.html

39-  Nota del autor.

 

martes, 1 de diciembre de 2020

SEGUNDO DOMINGO DOMINGO DE ADVIENTO.

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO. Isaías capítulo 40 versículos 1-11. Salmo 85:1-2,8-13. 2 Pedro capítulo 3 versículos 8-15ª. Marcos capítulo 1 versículos 1-8.  

 

El presente capítulo de Isaías (40) da inicio a la segunda parte de su libro profético que propiamente tiene todo que ver con la consolación de Israel, recordemos las dificultades que este pueblo afrontó y como la promesa de perdón y restauración fue sostenida por Dios, una restauración que hará brillar la justicia desde su concepción escatológica, es decir, plena y perfecta de tal modo que se asemeja a la reconstrucción de la identidad de este pueblo. Sus anuncios son de índole mesiánica ya que las figuras humanas simbolizadas por sus reyes y autoridades religiosas son insuficientes para sembrar esperanza en ellos. Ante tanta injusticia se presenta la posibilidad de un “nuevo Éxodo” pero guiado enteramente por el sentir de Dios. Un movimiento de características cósmicas que se alimentará de la justicia y la misericordia de Dios. Tales promesas se consumarán definitivamente en el advenimiento mesiánico remarcado en Isaías en el capítulo 7 versículo 14.  La autoridad de Israel simbolizada en el Rey dará paso a la auténtica autoridad que procede de Dios mismo. Esta autoridad será definitiva para el pueblo judío. No es difícil leer este texto que nos invita la liturgia dominical y asociarlo con el Bautista (Precursor) y toda su actividad del anuncio del Señor. Más adelante los profetas del destierro ampliaran estos señalamientos como es naturalnosotros estamos atentos a la manifestación definitiva del Hijo de Dios una vez la creación delante de Dios Padre se prepare para su definitiva recapitulación. Momento en el que el reinado de Cristo sea contundente en todas y en todos. La Palabra de Dios es un tema central aquí, ya que atestigua sobre su valor intrínseco, el mismo que supera los acontecimientos del pueblo y la creencia de sus habitantes.

El Salmo de este domingo (85) se centra en la paz mesiánica anunciada por el profeta Isaías, una paz que llega por virtud de la misericordia del pueblo que aun sin hacer nada goza de la bondad de Dios. Recordemos que este anuncio es matizado fuertemente por el drama de los deportados y su regreso a casa, a una tierra desolada que necesita ser trabajada y prosperada por el pueblo cautivo. La gloria de Dios regresa al pueblo y con su presencia todo será convenientemente transformado.

El Apóstol Pedro, Explica desde su mentalidad judía el motivo por el cual la Parusía no se da en su época y alude precisamente a la misericordia de Dios como lo vemos en el versículo (9). Aun así, se enfoca en el espíritu del Evangelio para citar también la tradición profética de Israel en lo referente al “Día de Yahveh” que sin duda marcará las aspiraciones inmediatistas también percibidas por Pablo como bien cita Pedro en el versículo (15) de esta manera queda claro para nosotros la concepción del regreso del Señor y como la Iglesia primitiva lo interpretaba. La realidad de la venida del Señor será en el orden y la armonía que supone la Gracia en la obra de Dios (creación), de un orden que será clave para que los bautizados incorporados al cuerpo de Cristo (Iglesia-Pleroma) se esfuercen por vivir según sus enseñanzas dándole valor tanto a la Palabra como a la Gracia que brota de sus líneas y promesas.

 

El tiempo al que alude Pedro sin duda corresponde al tiempo de Dios (Kairós) y no a la concepción de tiempo empleado por quienes aguardaban inmediatamente la vuelta del Señor, es un tiempo de vida y madurez espiritual que es asumido individualmente por cada uno de los bautizados.

El Evangelio de Marcos, inicia citando al profeta Isaías, pero lo hace bajo el signo de la presencia humilde del Mesías, en un modelo relacional que pretende dar razón de nuestra Fe no por los signos y prodigios descritos en el Evangelio sino por el amor y la intimidad que el bautizado construye con el Señor. “La Buena Nueva” solo llega por la acción del Señor y los signos que son fruto de su amor por la humanidad, la misericordia, la compasión, la bondad, entre otros. Tal anuncio necesita de nuestra parte una actitud comprometida y que simbolice la opción que hicimos como bautizados por el Señor.

La figura del Bautista es un referente cuyo accionar dibuja la condición del anuncio, será un anuncio desprovisto de poderes humanaos y mediatismo porque su esencia será el conocimiento de Dios en su Hijo Jesucristo. Todo anuncio en poder de la Iglesia implica ser testimonio antes que testigo y testimonio que se vea reflejado por la praxis del Evangelio que confía totalmente en Cristo su Señor y Salvador. El perdón de los pecados es y será solo facultativo del Dios revelado que no desconoce nuestra condición, pero ejerce en ella su poder sanador, liberador y dignificador. El Espíritu Santo será la fuente de la que brotará toda reconciliación con el Padre Dios y así lo hace saber Marcos en su Evangelio. Es pues el amor de Dios la causa de nuestra reconciliación y el modelo de vida para la misma. Por demás diremos que el Espíritu Santo revelado en el bautismo solidario del Señor, es la “Causa Ejemplar” de nuestra propia reconciliación.

 

 

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  LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO… Éxodo capítulo 34 versículos 29-35. 2 Pedro capítulo 1 versículos 13-21. Salmo 99. Lucas c...