miércoles, 28 de julio de 2021

DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.

 

DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. 2 Samuel capítulo 11 versículo 26 y 12, 13ª. Salmo 51: 1-13. Efesios capítulo 4 versículos 1-16. Juan capítulo 6 versículos 24-35.

 

La continuación del relato sobre el pecado de David, nos lleva hasta la muerte de aquel soldado (Urías) por confabulación suya. El relato no entra en detalles sobre las circunstancias que sin duda suponemos se debió a la fiereza de la guerra. Yahveh perdona el pecado de David, pero su descendencia concebida de esta manera no aspirará a sucederle. Importante para nosotros es ver el sentido aplicativo de esta enseñanza que parece muy oscura pero que en el fondo permite ver hasta donde el ser humano puede llegar cuando solo vive para los sentidos y desconoce el fin último de su existencia. David obró como cualquiera ante una situación que requería una respuesta excepcional de su parte, es decir, de actuar con valores y principios superiores a los del común denominador de su pueblo. Los gobernantes, son totalmente responsables de sus acciones y por el simple hecho de su impacto social y de los privilegios de los que disfrutan serán más culpables. Este principio moral se ajusta a la interpretación cristiana de la responsabilidad en el Acto Humano, es decir, de nuestro compromiso con la vida y las instituciones sociales de nuestro entorno legal y fraterno.

La culpa de David le asistirá siempre marcando su relación y respuesta ante las pruebas de su reinado en el acontecer judío. Hoy más que nunca el bautizado se enfrenta a una existencia plagada de tentaciones y de suplantaciones, hay muchas personas bautizadas que hacen de sus líderes, deportistas, científicos, potentados, sus ídolos, repitiendo en sus vidas aquella sentencia que condena a quienes confían solo en el ser humano: “Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón” (Jeremías capítulo 17 versículo 5). La verdad nos dice a gritos, las fuerzas que hay en nosotros son solo humanas y nos pueden abandonar en cualquier momento, por esta causa solo quienes se afirman en Cristo son verdaderamente inconmovibles.

El Miserere (Salmo 51) es de contenido penitencial y nos recuerda el estilo profético de Isaías y Ezequiel, la integridad absoluta se encuentra solo en Cristo y no en las acciones o conciencia del ser humano. Aquí encontramos una fuerte presencia de conciencia penitencial para el creyente. Los santos PP. de la Iglesia no podían pasar de largo sin antes señalar el valor teológico de este bello Salmo y precisamente lo refieren a la doctrina sobre el pecado que asiste a todos los seres humanos, es decir, al pecado original. La relación con Dios y con los demás congéneres se puede romper por alguna situación de pecado que domine nuestro ser. Esto último implica que solo en la misericordia de Dios es posible reedificar toda una vida y superar el pecado por poderoso y esclavizante que este sea. Solo en Cristo la Gracia se manifiesta con toda su fuerza demoliendo paulatinamente todo aquello que nos obstaculiza el paso a la plenitud en nuestra comunión con el Dios revelado.

“Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva” versículo 12.


El sentido formativo de Pablo aparece en esta capitulo y concretamente en el texto citado en la liturgia de la Palabra para este domingo. Las discordias entre cristianos (correligionarios) la diversidad mal entendida de dones ministeriales de servicio en la congregación y las enseñanzas de corte herético o contrarias a la naciente tradición. Son estos aspectos que pueden perjudicar a la congregación cuando sus integrantes olvidan el supremo valor de la caridad y se agreden de todas las formas posibles. En el presente es muy posible encontrar que esa preocupación está latente y a esas tres podríamos sumar, la incapacidad de construir límites ante lo social y cultural que hace que los bautizados tengan dos agendas una social y otra religiosa, pero la primera es más poderosa que la segunda. Estos dones dados a los miembros de la congregación son enunciados en orden a la formación de esta o ministerios al servicio congregacional, lo que implica que la perdida de conexión con la Iglesia puede hacer que muchos terminen fuera por perseguir sus ideales que no poseen nada en común con el grueso congregacional. La humildad es vital para entender que todo lo que se haga y pueda hacerse debe estar direccionado por el bienestar de todos los bautizados.

El triunfo de Cristo es total y totalizante parece indicar Pablo cuando habla de las “regiones” visitadas por el resucitado concretamente se refiere al “reino de los muertos” Cristo resucitado tomó posesión de todo cuanto es y puede llegar a ser por medio de su Voluntad salvífica. No hay nada que no sea tocado por el poder de su amor que al caso es lo mismo que decir Gracia. Los santos son todos aquellos que con su trabajo contribuyen a la formación y solidez de la vida eclesial y todo su cuerpo místico. Los bautizados son reconocidos como santos por su militancia en Cristo y en su Iglesia. De lo anterior sabemos que Pablo presenta a Cristo como el arquetipo, el “Hombre Nuevo” es decir, libre del pecado de Adán. De esta forma la salvación es solo consecuencia del amor de Cristo y su entrega en la Cruz. Una vez más su eclesiología queda totalmente a salvo cuando afirma de Cristo ser su cabeza y Señor. La visión Paulina recae en la Iglesia como la responsable incluso de la administración de los dones y carismas de esta nueva y definitiva alianza. 

La visión Joanica, continúa con el capítulo (6) y todo su contenido sobre las figuras de la Eucaristía y la presencia de Jesús como alimento de la humanidad. Solo Cristo puede construir en nosotros una relación de total y absoluta entrega. Es pues Cristo el Pan vivo que ha bajado del cielo, es la visión de Juan sobre la Gracia convertida en alimento espiritual del bautizado. Cuando no hay una experiencia con Cristo entonces solamente el ser humano verá el valor de lo material y buscará signos para sentirle, como visitar museos religiosos, templos, santuarios, reliquias, etc. Esto sin duda es consecuencia de una Fe ajena que no reconoce al  bautizado como su templo e imagen. Las palabras del Señor pueden sonar duras, pero en realidad son el espejo de la humanidad y de los intereses que mueven el corazón de muchísimos bautizados que solo buscan de Dios una vez sufren algún tipo de dificultad que por sí solos al parecer no pueden franquear. Es una constante del proceso de madurez espiritual hasta clarificar la razón de nuestro seguimiento y constante actitud de oración y meditación de la Palabra de Dios, que como leemos es el testimonio fehaciente de la obra del Salvador.

 

miércoles, 14 de julio de 2021

OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.

 

OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. 2 Samuel capítulo 7 versículos 1-14. Salmo 89:20-37. Efesios capítulo 2 versículos 11-22. Marcos capítulo 6 versículos 30-34, 53-56.

 

El Texto de Samuel, está dirigido a superar la connotación inmediata de la propuesta de David de construir un templo para Yahveh, el autor está pensando en una relación vital entre Dios y David y sus sucesores, y de paso argumenta la futura alianza entre Dios y el trono de David. Esta afirmación la desprendemos del versículo (12) “Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de su realeza” más que un templo de parte de los hombres, ellos recibieron una promesa de generación en generación, de esta manera se da bases sólidas a la descendencia imperial y a la alianza que mutará hasta convertirse en el sólido anuncio del Mesías. La esperanza se materializa en una historia salvífica que inicia en Israel y que se extenderá a toda la humanidad ya que la necesidad de un orden redimido será vocación de la creación entera. Nosotros los bautizados hacemos parte indiscutiblemente de la esperanza y la promesa ya no en David o el pueblo judío sino en la manifestación filial y cósmica del Salvador resucitado. Nosotros como bautizados estamos dispuestos a recibir la herencia de eternidad que se granjeó David por su Fe y entrega al Dios revelado.  El profeta Natán que interviene en el Texto mencionado no está de acuerdo con el templo, pero esa divergencia de opiniones será superada al colocar o entronizar el Arca de la Alianza en medio del nuevo signo de la presencia de Yahveh, nos referimos al templo.  De esta manera el signo de lo sagrado y tangible para el pueblo se convierte en realidad frente a la presencia de Dios con ellos, esta afirmación se materializará en el Enmanuel o el Dios con nosotros de la tradición Isainiana.

Este pasaje bíblico nos permite ver la evolución de conceptos a la luz del Texto Sagrado de Tradición, pasando de una tienda construida por Moisés a un templo al puro estilo cananeo, recordemos que la liturgia requería de signos fijos o estacionarios en medio del pueblo.  La influencia de sus vecinos es palpable, pero a favor de Israel está el haber sublimado estos signos y haberlos convertido en liturgia de índole salvífica en su cosmovisión. La Gracia hace su trabajo y el proceso pedagógico empleado por Dios también.

El Salmo 89 que tomamos desde el versículo 20 nos habla sobre los “amigos de Dios” es decir, de aquellos que fueron constituidos en profetas o elegidos para el anuncio de parte del Dios revelado, sin duda se refiere – en el criterio de los Santos PP. de la Iglesia- a Samuel y Natán quienes fueron el nexo con David al que Dios llamó particularmente para ser ungido. El término ungido adquiere una connotación tanto sacerdotal como real (dinastía) pero solo asignada a David desde la perspectiva de la elección que Yahveh hizo de él.  Una vez más encontramos una especie de código de una alianza, pero no al modelo humano de vasallaje tan popular en aquellas épocas sino unilateral ya que Dios será quien -como pasó con Abraham- cumpla a cabalidad el acuerdo y la otra parte no, en este caso David. 

Dios juzgará, pero aun así tendrá misericordia de su pueblo, mostrando una connotación única en su relación con Israel a diferencia del modelo de las deidades cananeas y filisteas, Dios es justo y misericordioso. 

En su carta a la iglesia de Éfeso, el Apóstol Pablo inicia su exposición hablando de los gentiles y como antes estaban literalmente fuera de los medios arcaicos de la Gracia. Tal afirmación es solo el marco contextual para luego incluirlos por mandato de Cristo y el poder de su sacrificio por absolutamente todos los seres humanos y la creación. Eran como indica Pablo –extraños- a las alianzas anteriores, no existía en sus vidas nociones sobre la gratuidad de la Salvación y mucho menos de la figura mesiánica del Señor, solo para recordarlas y darnos ejemplo de su importancia (Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David) desde el génesis hasta los evangelios, esta consignada la temática y santidad de estas alianzas unilaterales porque solo Dios cumplió y cumple con el pacto.

Los pueblos llamados paganos o gentiles poseían la característica del politeísmo y sus dioses eran muchos, pero en tales cosmovisiones para Pablo, carecían del único Dios verdadero o vivo. La sabiduría de Pablo le lleva a firmar que en Cristo el “muro” que divide a unos y otros fue derribado, se refiere literalmente a la separación física entre gentiles y judíos en el propio templo. Esta realidad excluyente fue derrumbada por el resucitado y su influencia por medio de la Gracia. Marcará el inicio de un acceso total y totalizante de la humanidad a los Medios de la Gracia (en la Iglesia Anglicana se refiere como en la tradición de los santos PP. de la Iglesia, a los sacramentos, las meditaciones de la Palabra de Dios, las obras en favor de otros, la oración y demás signos de nuestra nueva condición como cristianos). Pablo insistirá en el cuerpo tanto físico del Señor que entregó en la Cruz y su Cuerpo Místico que es la Madre Iglesia, aquí se habla de la comunidad de los creyentes (versículo 16). La paz como anuncio del resucitado llega al mundo entero gracias a la obra misionera de los apóstoles y posteriormente de los misioneros y hoy por la obra testimonial de cada uno de los bautizados. El compromiso del creyente supera las barreras sociales y culturales para instalarse en el ámbito relacional. Somos pues testigos del resucitado y así vivimos nuestra Fe en su Iglesia.

El escenario ideal para el Espíritu del Señor es precisamente su Iglesia, ya que su presencia nos asegura la Gracia para vivir las enseñanzas evangélicas. No es la Iglesia un espacio de sentirnos bien o cómodos sino una filiación aún más poderosa que los vínculos de la carne y la sangre porque ella como Institución y Madre a la vez será definitiva en la Salvación de los bautizados. La eclesiología Paulina tiene aquí un fundamento imperdible y vital para cada uno de los creyentes de todas las épocas. Pablo literalmente reconcilia a los gentiles con los creyentes y los hace parte de la Iglesia de Cristo, quien es y será su fundamento, como lo expresamos en nuestra liturgia cuando cantamos el Himno 159 del Himnario Provisional (conocido de la tradición luterana). “Un solo fundamento y solo un fundador, la santa Iglesia tiene en Cristo su Señor. Para hacerla su esposa del cielo descendió. Y con su propia sangre su libertad compró”… (Primera Estrofa).

Marcos nos ofrece otro ejemplo de la periferia de su evangelio, en este caso el Señor y sus discípulos no tenían tiempo literalmente ni para comer por la gran cantidad de necesitados que salían a su encuentro. La periferia se manifiesta con toda su fuerza dejando ver la necesidad y postración de muchos judíos cuya única esperanza era el Señor. Es clave la enseñanza, algo que recalca Marcos en su evangelio, el Señor enseña en la Fe y da fundamento a los nuevos creyentes de su mensaje.    La urgencia de la misión posee en si misma sus distintas etapas y momentos de las cuales diferenciamos al menos tres movimientos conceptuales y rutas de acción:

1-      Identidad total con la condición de los receptores del mensaje (se adentra en su contexto).

2-      La instrucción como fundamento del trabajo misionero.

3-      Pedagogía y respuesta a las necesidades en el marco misionero haciendo de la Palabra una fuente de alivio para tales males, es decir, portando esperanza y misericordia.

“Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. 54. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, 55. Recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas a donde oían que él estaba. 56. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados”. La realidad social y cultural necesita de una mirada justa y bondadosa ante las implicaciones que estas poseen en la vida del creyente y en general de quienes escuchan el mensaje. La realidad necesitada de la Gracia es muy grande por lo tanto el mensaje debe llegar a cuantos sea posible, es la idea Marcana del “frenesí del Señor y sus discípulos”.

martes, 6 de julio de 2021

EL PRECURSOR. EL BAUTISTA...

 

SEPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. 2 Samuel capítulo 6 versículos 1-5, 12b-19. Efesios capítulo 1 versículos 3-14. Marcos capítulo 6 versículos 14-29.

Samuel, reanuda así el relato del Arca, sin duda estamos ante un Texto no escrito por su mano, pero en la misma vocación de la exaltación de esta liturgia para agraciar a Yahveh cuyo signo es el Arca en medio del pueblo.  El rey David estaba vestido de sacerdote por lo que su baile y expresiones de alegría son parte de la liturgia de traslado del Arca de la Alianza, es pues, en síntesis, la expresión de un hombre de Fe que unido a su pueblo reconoce el amor de Dios y la presencia de Este en medio de los suyos. Lo demás aquí descrito es cuidadosamente diseñado para mostrar la grande significación de sus ritos y como estos se convirtieron en expresión cultica del colectivo convirtiéndose en Israel en cívicos. Es interesante como la Fe se convierte en el fundamento de los procederes y amplía el panorama de la cosmovisión religiosa de quienes participan en todo tipo de manifestaciones de Fe. David mando construir una tienda para depositar en ella con toda dignidad el Arca de Yahveh, con el correr del tiempo esta manifestación de Fe fue definitiva en la configuración de un sistema político de fuertes tendencias religiosas. David no solo actuaba como su rey sino también como un creyente más de su pueblo. En la actualidad nuestros gobernantes no actúan sobre este tipo de señalamientos, sino que buscan su lucro olvidándose de la connotación sagrada de la autoridad que ejercen al frente del pueblo que los elige.

La Fe es sin duda fundamental para el buen desempeño de la empresa de vida del bautizado, ella es la luz que guía sus actuaciones y compromisos en los distintos escenarios por donde este transita. Cada domingo el episcopal sale al encuentro de Dios y lo hace desde la perfección de su liturgia como máxima expresión de Adoración al Dios revelado y acogida del otro que comparte el mismo escenario que nosotros. La liturgia es la mayor forma de Adoración de la que dispone la Madre Iglesia y esto implica de nuestra parte absoluto respeto y coherencia en su vivencia, en tiempos modernos nuestra Iglesia consideró que la liturgia era también una de sus más importantes formas de evangelizar y misionar entre los bautizados y los no-bautizados.

El apóstol Pablo en su Carta a los Efesios,  toca un aspecto realmente bello, el celeste, no quiere reducir su mensaje a esta comunidad de creyentes bajo otro presupuesto Escrituristico, sus bendiciones están enfocadas a exaltar la vida de los bautizados a los que llama elegidos, ese llamado a la santidad es propio de su mentalidad y creencias personales, Pablo es un convencido de la santidad como consecuencia de la vivencia de las enseñanzas de la Palabra de Dios, del Evangelio y el cumplimiento del Mandamiento Nuevo. Es absolutamente gratuito el don amoroso de Dios y el ofrecimiento de su Reino.  Los Santos PP. de la Iglesia Oriental reconocen aquí el termino griego “Jaris” como gratuidad, lo que básicamente no depende de nosotros sino del amor de Dios (versículo 6). Esta Gracia como sabemos es intrínseca en cada uno de los bautizados, es decir, está a nuestro lado para ser parte de nuestra vivencia.  Pablo se refiere al Padre Dios como el dueño y Señor de la herencia de la eternidad y por la que el bautizado deberá vivir conforme al modelo de Cristo.

Recordemos que la elección es de Cristo y no depende de nosotros, lo que está a nuestro alcance es vivir según su Palabra.  Algunos bautizados hablan de imitar las virtudes de Cristo y otros de actuar como Él lo haría en las distintas situaciones de vida. Lo cierto es básicamente que la vivencia implica renuncia a nosotros mismos y el celo por el poseer y dominar tan propio de nuestra naturaleza. La renuncia al mundo contrasta con la propuesta de este sobre los bautizados.  En este panorama de bendiciones no queda fuera Israel al que se le reconoce el llamado inicial antes de la universalidad del Mesías.  Con todo lo anterior solo es y será Cristo quien nos reagrupará bajo el signo de su Iglesia, dándole a esta todo su valor y objetividad posible.

El plan salvífico de Dios solo es posible por la presencia de su Espíritu en el bautizado, pero insisto (a título personal) que esta presencia no es de ningún modo utilitarista o emotiva, es toda digna como corresponde a la misma Santidad del Dios vivo.  Pablo espera también la Parusía del Señor, esto es parte de su doctrina y no se escatima en señalamientos. Aquí hermanos encontramos las cinco bendiciones de Pablo con respecto a los bautizados como obra de la Redención de Cristo. Pablo lo circunscribe al don eclesial por antonomasia, es decir, las posesiona en el marco de la institución eclesial. Las cinco bendiciones de Pablo a esa comunidad de Éfeso se fusionan para configurar una sola gran bendición que es sin duda alguna la Madre Iglesia.

Marcos, ambienta la presencia del Precursor (Bautista) en una imagen previa que le asociaba con el Señor y por medio de la cual Herodes expresaba conocerle, y como otros más en Israel creer que se referían a un profeta o conocedor de la Ley Mosaica o como lo expresaba, “aquel Juan, a quien yo decapité, ha resucitado” (versículo 16).  El nombre Juan significa Yahveh es favorable, sobre la figura del Bautista diremos, el sentido exacto de su papel, su voluntad de ocultamiento, han hecho del Bautista una figura siempre actual a través de los siglos. No se puede hablar de él sin hablar de Cristo, pero la Iglesia no recuerda nunca la venida de Cristo sin recordar al Precursor. No sólo el Precursor está unido a la venida de Cristo, sino también a su obra, que anuncia la redención del mundo y su reconstrucción hasta la Parusía. Cada año la Iglesia nos hace actual el testimonio de Juan y de su actitud frente a su mensaje. De este modo, Juan está siempre presente durante la liturgia de Adviento. En realidad, su ejemplo debe permanecer constantemente ante los ojos de la Iglesia. La Iglesia, y cada uno de nosotros en ella, tienen como misión preparar los caminos del Señor, anunciar la Buena Noticia. Pero recibirla exige la conversión de la cual el Bautista fue ejemplo de decidida vivencia y dedicación. Fue víctima de quienes, ignorando la realidad espiritual del ser humano, viven aún ahora, como sin eternidad o llamado a ella.  Fue testigo con su sangre, pero sobre todo con su fidelidad al mensaje que en potencia le conducirá a los pies de Cristo, del que solo el Señor y de nadie más dijo: “De los nacidos de mujer nadie tan grande como el Bautista”.

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