sábado, 25 de septiembre de 2021

DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.

 

DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. Ester capítulo 7 versículos 1-6, 9-10 y 9: 20-22. Salmo 124. Santiago capítulo 5 versículos 13-20. Marcos capítulo 9 versículos 38-50.

 

El libro de Ester nos enseña la situación del pueblo “disperso” por entre otras naciones y como su mentalidad y forma de vida se había convertido en un problema para otros pueblos, Aman servidor del Rey Azuero (Podría tratarse de Jerjes I rey persa) Ester en el mismo esquema que nos recuerda la petición de Salomé (muerte del Bautista) acude al rey persa buscando en la misma razón de Estado que lleva a Amán a pedir el exterminio de su pueblo la reivindicación de este y la muerte de su enemigo.  Es importante consignar que ella y Mardoqueo entran en oración antes de la jugada política que salvaría a los suyos. La vida muchas veces regresa cargada de las acciones que hemos cometido y eso parece haber sucedido con Amán que ve como su vida se pierde de la misma manera como pensaba proceder contra Mardoqueo, para nosotros queda el ejercicio de una vida que se mueva animada por la caridad y conciencia del otro y su intríngulis. No es posible que el bautizado actúe movido por intereses mezquinos, por el contrario, debemos proceder con absoluta claridad y justicia que sin duda son elementos propios de nuestra condición redimida. Ester como reina no permitieron que sus intereses de índole personal estuvieran por sobre las consideraciones políticas de su nación, el cumplir con nuestra responsabilidad es indispensable en el crecimiento integral de nuestro ser. Las consecuencias de una moral imperfecta no eximen a nadie de sus responsabilidades y quienes nos gobiernan no pueden creer que por aducir “razones de estado” quedaran eximidos de asumir las consecuencias de sus acciones porque la Ley de Dios está por encima de ellos. Esta situación descrita nos puede mover a revisar el contenido reflexivo de nuestro proceder y como la conciencia debe afrontar cuanto llevamos a cabo. La ley humana puede justificar acciones en contra de otras personas, pero la ley de Dios es otra cosa y no depende de las maniobras políticas de un gobernante o de una nación, nosotros como bautizados estamos llamados a ser justos en toda circunstancia de vida.

El Salmo 124, expresa nuestra total confianza en Dios y su intervención amorosa. La realidad política de Israel le pone en el ojo del huracán. Muy posiblemente este Salmo se enfoca en la respuesta ante la crisis que ocasiona la presencia de fuerzas hostiles a Israel, estas fuerzas no siempre son conflictos con otras naciones, bien puede tratarse de situaciones de vida en las que incurren los judíos y para su descripción emplea el Salmista imágenes conocidas como las contenidas en el (versículo 4). La respuesta de Dios es una constante en la historia del pueblo hebreo. Esta “acción de gracias” está matizada por un contexto amplio de situaciones que podrían evocar los conflictos nacionales como la Diáspora y antes, la salida de Egipto. Su conciencia les dicta que Dios está y estará presente en todos los que vivan.

El apóstol Santiago nos ofrece una consideración general sobre el valor e importancia de la oración en los distintos procesos de nuestra existencia. Es la oración fundamental para sanar tanto de los problemas físicos como espirituales, ella no funciona como un producto mágico sino como un elemento de nuestra propia reflexión y como una manera nueva de comunicación con el Dios Creador.  Orar por los enfermos y necesitados es una manera de tomar conciencia sobre la enfermedad y su presencia en la vida del ser humano. La conversión es otro componente de la efectividad de la oración, Santiago habla del pecador y del poder de la oración ferviente como signo de la Fe auténtica de quien entra en meditación y oración. La Iglesia desde siempre ha visto en estos pasajes de la Carta de Santiago las bases de la “Unción de los enfermos” que practicamos en toda circunstancia de vida y con énfasis en la enfermedad de los bautizados.  También se asocia con la confesión o propósito de enmienda ante los pecados de los que nuestra conciencia nos puede “acusar” no olvidemos hermanos que el pecado es detonante de todo tipo de postraciones que van desde lo físico hasta lo mortal. Si queremos una sanidad integral estamos compelidos por Santiago a “orar y confesar”. El pecado puede y de hecho retrasa el crecimiento de los bautizados convirtiéndose en enfermedad de todo tipo y consecuencia.   La congregación como asamblea de creyentes ve en esta lectura una clara exhortación a vivir en sus distintos ministerios laicos el amor solicito por el sufriente en donde este se encuentre.  La Iglesia provee espacios formativos para vivir este mandato solidario entre los creyentes que se congregan en nombre de Cristo.

El texto Marcano, que nos ofrece la liturgia para este domingo está cargado de simbologías que apuntan a la preparación próxima a Adviento. Uno de los favoritos por el Texto Sagrado de Tradición es el símbolo del fuego que en algunos casos apunta al rechazo de la Voluntad salvífica de Dios y otro a un estado de purificación espiritual que vive el creyente en su vida de Fe, esta simbología tiene por objeto esclarecer el compromiso personal de crecimiento y madurez en la Fe bautismal. La radicalidad es un componente Marcano por excelencia y lo hace saber en los (versículos 43 al 50) esa radicalidad apunta como es de esperarse en Marcos y su visión antropológica de la Fe, es decir, a una vivencia que involucra la más profunda relación con Cristo a un plano que supera lo sensible haciendo de este encuentro la razón de toda vivencia de nuestro ser como bautizados.  Marcos ve con claridad el papel que la Fe puede desempeñar en la vida del creyente y de paso abre el espectro del seguimiento a Cristo a una dinámica más personal y menos centrada en sus manifestaciones sobrenaturales, de allí brota precisamente su radicalidad y servicio. Recordemos que la “Sal”

 ocupaba un lugar importante en la vida de la sociedad clásica siendo tan preciada que los romanos pagaban el sueldo a sus legiones con este producto, de donde se deriva el nombre de “salario”.  Pues para seguir a Cristo debemos ser valiosos y útiles como sal en nuestro entorno o enclave espiritual.  Sin duda que estas figuras empleadas  son un recurso para nuestra propia interiorización teniendo presente su contenido y enriqueciéndolo con nuestra experiencia de vida y todo aquello que nos acerca más a Dios en nuestro diario caminar.  La Fe como bautizados implicará desde esta perspectiva un acercarnos a Cristo en el encuentro con el otro. Fuego, sal, radicalidad, unidos al nombre del Señor cuya conciencia llega a nosotros desde el amanecer de los Textos del (A.T) no olvide el bautizado que el nombre de Dios es sagrado y debe ser reverenciado como tal.

sábado, 18 de septiembre de 2021

DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS...

 

DÉCIMO SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. Sabiduría capítulo 1 versículo 16 y 2:1, 12-22. Salmo 54. Santiago capítulo 3 versículo 13 y 4:3, 7-8ª. Marcos capítulo 9 versículos 30-37.

 

El Libro de Sabiduría nos ofrece un bello ejemplo de relatos que podemos adjudicar al Mesías y particularmente al proceso injusto que vivió el Señor al declarase Hijo de Dios. La realidad a la que alude el relato de Sabiduría   puede ser interpretada como figura de la pasión y el motivo central de la condena que sufrió el redentor. También nos instruye sobre lo que implica vivir conforme a la justicia de Dios y saber esperar en su ayuda y bendición. Este relato es una bella confesión matizada de esperanza y apego al proceder conforme a la Ley Mosaica. La percepción griega que nos brinda los LXX sin duda es a nivel literario en la comprensión e inclusión de términos propios de esa cosmovisión, recordemos que este libro posee contenidos en griego. El capítulo dos (2) inicia describiendo un proceso biológico-mecanicista de la vida y como esta se mantiene. La experiencia de la vida es un favor vital en el crecimiento personal y sobre todo saber leer los tiempos y manifestaciones de nuestra existencia. La Sabiduría que nos concede Dios tiene en si un propósito y es básicamente el conocernos a nosotros mismos y también a Dios en un proceso de madurez y desarrollo de nuestra propia Fe.

El Salmo 54, nos relata la expresión de un creyente que es abatido por fuerzas extrañas que durante el periodo denominado macabeico sin duda se refería a extranjeros despertando una especie de Xenofobia que hoy es muy común en nuestras sociedades. El bautizado reconoce y debe hacerlo, de ser parte de una filiación que supera la tierra en la que nació y vive su existencia.  Somos por definición Paulina y esto nos lo hace saber en la Carta a los Filipenses (Capitulo 3 versículo 20) lo que implica una aceptación universal del otro y su circunstancia, la misma que lo llevó a abandonar su propia nación. Las fronteras son signo de temor y desconfianza entre hijos de un mismo Padre Dios…

Santiago, en su carta continúa la dinámica del domingo anterior, llamándonos a la madurez espiritual, la misma que se manifiesta en lo profundo de nuestra Fe en Dios. El pecado tiene por objeto retrasar el Reino de Dios y sumir al bautizado en la más absoluta perdida de Esperanza. Israel es un pueblo infiel y por esta razón la manifestación de Dios será llevada por el Evangelio a todos los confines de la tierra. Someternos al juicio del amor es actuar de forma consecuente delante de Dios y la comunidad donde nos congregamos y vivimos nuestra Fe en el Dios de la vida.  El criterio humano es individualista mientras la propuesta amorosa de Dios no posee límite en nosotros y en su Iglesia. La Gracia de Dios como nos dice Santiago resiste la soberbia y el pecado, pero se abre rica en bendiciones para quien se doblega y asume su Fe como vital e indispensable en cada una de sus actuaciones. Santiago piensa en el valor del testimonio en la vida y todos sus afanes, el creyente es fiel, prueba de la viabilidad de la Fe y todos sus contenidos…

La presencia del mal es también una constante que busca dañar nuestro crecimiento espiritual y dejar rezagada nuestra condición de criaturas nuevas, Santiago lleva el testimonio más allá, dando la impresión de ubicarlo por sobre cualquier consideración en la vida congregacional. La vitalidad del bautizado solo la dará la Gracia. En cuanto a la fuente de estos relatos de Santiago muy posiblemente sea la misma que tomó Pablo en su carta a los Romanos…

El texto Marcano, coincide con el segundo anuncio de su muerte, pero también nos deja ver una faceta muy interesante del Señor educando en la Fe y en las Escrituras a sus discípulos, cabe recordar aquí el valor de la instrucción y como el mismo Señor la emplea para fortalecer la experiencia religiosa y espiritual de sus discípulos, dándoles argumentos creíbles en la vivencia de su seguimiento. Marcos nos hace saber que el Señor conserva todavía su identidad en secreto, la misma que pronto será conocida gracias al conocimiento de sus discípulos y la formación recibida para ubicar su necesidad estratégica en la misión pública del Señor. El entendimiento este nublado porque debe adelantarse unido a la praxis de la Fe y no solo bajo el signo intelectivo de los conocimientos sobre su propia tradición como judíos. Ser el primero o ser el último es parte significativa y visible de la connotación espiritual que vive el bautizado. No se trata de una significación de índole protocolaria sino vivencial del Evangelio y su influencia en nosotros muy al espíritu de la carta de Santiago. El ser como niños implica un ejemplo de la sencillez y confianza que el creyente debe experimentar en Dios. No es un tema de ingenuidad sino de disposición para el Reino y su Justicia. De una calidad de vida y acciones que hable de nuestra absoluta confianza en Cristo y su amor por la humanidad, los niños confían totalmente en sus padres y familia, lo mismo debe vivir el bautizado poniéndose en manos de Dios  sin mirar a otro lado o buscando otras seguridades.

El Reino se esconde ante los soberbios y se manifiesta como aquel tesoro escondido a los humildes y confiados en la Gracia. El encontrarlo estará en el ADN de los bautizados como quiera que la Gracia traza en nosotros su mapa. No podemos negar el influjo de la Gracia, esto último si hay disposición de nuestra parte. 

viernes, 10 de septiembre de 2021

DOMINGO DÉCIMO SEXTO. Marcos capítulo 8 versículos 27-38. Credo arcaico. Pregunta y profesión de Fe de Pedro.

 

DOMINGO DÉCIMO SEXTO. Marcos capítulo 8 versículos 27-38.

 

Credo arcaico. Pregunta y profesión de Fe de pedro.

“27. Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesárea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» 28.  Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.» 29. Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.» 30. Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. 31.Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. 33. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mí vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.» 34. Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. 36. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? 37. Pues ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su vida? 38. Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/marcos/8/

Breve píldora de contenido.

En la visión Marcana, la pregunta del Señor a sus discípulos posee más de una connotación, que sin duda definirá la concepción de Fe de estas personas que acompañaban al Señor en su ministerio. Una declaración de Fe en boca de Pedro y el reconocimiento de los demás nos indica el grado de interioridad en la que ellos estaban precisamente delante de Jesús. Conocer al Señor es parte del meollo del bautizado lo demás sin duda es testimoniarlo de forma coherente en la vida.  Las palabras de Pedro y el empleo del nombre mesiánico Cristo, asegura desde la experiencia del discipulado que el reconocer a Jesús como el Cristo era una aseveración natural en el ámbito de estos personajes testamentarios ya que el Señor testimoniaba habitualmente tal contenido a su misión salvadora. Las palabras encierran tal profundidad que suponemos una profesión de Fe en los acontecimientos por venir en la vida del Señor. El callar es una figura interesante que nos indica la necesidad de mayor profundidad en la Fe para afrontar las consecuencias de nuestra vivencia de Dios y no simplemente un discurso que cualquier persona desde la academia puede argumentar, aquí la vivencia es definitiva en la configuración de la vida del bautizado quien debe responder a la pregunta petrina.

El sufrimiento es afrontado desde perspectivas distintas, quien no es profundo en su Fe puede sentirse agredido ante la sola posibilidad salvífica que el sufrimiento implica en su vida y la manera solidaria de unirnos a Cristo gracias a nuestros sufrimientos personales. Precisamente en un mundo que rehúye el sacrificio y busca afanosamente el placer como la centralidad de su vida tanto trascendente como emocional, aquí en este contexto es donde Pedro y todos queremos correr literalmente ante la enfermedad y las privaciones de la existencia terrenal. El mal busca cualquier debilidad en el ser humano especialmente en los bautizados para enseñorearse y mostrarse victorioso, por esta razón las pruebas son difíciles de afrontar. La vida que se gana es aquella que se vive para Dios y se centra en su amor y en la esperanza. Ganar en el mundo no necesariamente implica ganar para Dios algo, no es lo mismo ser exitoso en el mundo que serlo para el Reino de Dios. Aquí aparece la radicalidad del anuncio y la contundente necesidad del compromiso en la vivencia del Evangelio. Sin amor no hay auténtica experiencia de Dios en la vida de los bautizados. Pedro nos invita a responder desde nuestra praxis de Fe y sobre todo a vivir lo que creemos con entrega y compromiso, cuando Dios es realmente lo más importante en nosotros entonces será también el determinador de mis actitudes y comportamientos.  Solo el amor puede dar sentido a nuestra identidad como cristianos y solo amando la vida de Dios podremos vivir no solo para e mundo y sus afanes sino también para la eternidad en un mundo complejo y finito. Somos recipientes finitos de un rico contenido con sabor a eternidad.

 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

DÉCIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS...

 

DÉCIMO QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. Proverbios capítulo 22 versículos 1-2,8-9, 22-23. Salmo 125. Santiago capítulo 2 versículos 1-10 (11-13) 14-17. Marcos capítulo 7 versículos 24-37.

 

El Libro de Proverbios comparte una enseñanza que se asemeja grandemente al espíritu cristiano de servicio y respeto por el otro, así como el reconocimiento de su propia realidad y circunstancia. También es fácil leer entre líneas el modelo de una Fe religiosa que busca en Dios la transformación de todas las cosas que pueden afectar la vida del creyente. Sin duda estamos ante la evolución del concepto judío de la Retribución hacia la esperanza en la intervención de Dios (Yahveh) Las cualidades del bautizado son sin duda su mejor carta de presentación ante el problema, la privación, o una gran necesidad, y es precisamente el sentirnos parte del plan salvífico de Dios lo que nos hará fuertes y dispuestos ante los retos de la vida. La realidad percibida de esta forma es dinámica y totalmente teonoma, es decir, puesta en las absolutas bondades de Dios. Dios defiende la causa de los justos y actuará en su favor, nos recuerda aquel episodio narrado en los evangelios que describen la perversidad de un Juez inicuo pero que aún él actúa para su beneficio y termina haciendo justicia a la viuda (signo de toda privación y necesidad) cuanta mayor será la presteza de Dios en hacer justicia a los suyos que a Él claman.

Las Obras de Misericordia como ayudar al necesitado contribuyen en este contexto a sensibilizar la relación con los demás. Una relación que necesita de la respuesta amorosa y generosa de los bautizados para mitigar un poco la realidad de injusticia que estamos viviendo, donde la pobreza y privación son consecuencia de los pecados estructurales. Los mismos que desdibujan el rostro de Dios en la sociedad presente. En este sentido el Libro de (Pv) nos orienta en la consecución de una realidad redimida donde la injusticia sea cosa dejada a un lado para construir un orden más humano y menos tirano entre los bautizados.  Los demás consejos son propios de este género literario. Queda en el ambiente la necesidad de aproximarnos conscientemente a las verdades de nuestra Fe y relacionarlas con nuestras actuaciones de cada día.

El Salmo 125, Dios protege a los suyos, es el título del contenido del presente Salmo y encaja perfectamente en la vocación de la lectura anterior. La confianza en Dios es el eje de toda esta oración, es el motor que mueve al creyente para vivir su absoluta dependencia del Dios vivo (Teonomia) La realidad del creyente no puede ignorar las condiciones de la existencia presente y por ende de Dios como la centralidad de sus experiencias y vivencias. La maldad y la impiedad no poseen poder sobre la vida del bautizado al menos si este decide vivir de cara a Dios, pero si abandona su camino salvífico entonces el mal alimentará su proceder. Dios hace el bien a los rectos de corazón es el deseo y oración del Salmista.

Este trozo de su Epístola (Santiago) está dirigida a judíos convertidos al cristianismo, y el apóstol Santiago desea dejar en claro que la Ley como ellos la vivieron necesita de la plenitud que solo se alcanza en el mensaje del resucitado. El invocar el Nombre de Dios era para el (A.T) signo de bendición con las limitaciones de su Fe y cultura. En la visión del apóstol Santiago es signo de salvación lo que llevó a la Iglesia primitiva a asociarlo en su liturgia, particularmente en el Bautismo. A diferencia de la visión judía que ejecutaban el juicio lapidando a sus congéneres por las faltas cometidas a la Ley, el apóstol observa que solo Dios puede hacerlo y no el creyente. En cuanto a la polémica que en lo sucesivo se presentará entre los defensores de la Fe y los amantes de las Obras en sentido salvífico (Pablo y Santiago) es bueno aclarar que la polémica no tiene fundamento manifestarla ya que Santiago afirma su punto de vista sobre aquellos creyentes que creían que podía existir algún tipo de obra que nos mereciera la Salvación. Sin duda su pensamiento concilia tanto la necesidad de la Fe como la importancia de las Obras para testificar la calidad y vocación de vida del bautizado y su forma nueva de ver el mundo y sus relaciones. Pablo no rechaza las obras sino la falsa suposición de la existencia de obras que nos ganaran la salvación, en sentido estricto su vida es una imagen que habla por sí sola de las obras y su valor. Para Santiago las obras son signo de Fe y en Pablo la Fe se manifiesta en las obras.

Las obras no nos merecen la salvación, pero nos ayudan a manifestarla al mundo. Si fuera solo cuestión de obras entonces olvidaríamos nuestra condición débil ante el pecado y con el accionar creeríamos estar libres de toda falta, y en cuanto a la Fe es obra de Cristo en nosotros, y la forma de vida debe ser coherente con la Gracia y la caridad que nos define como hijos y hermanos entre sí y con Cristo el Hijo de Dios. Es pues un llamado a una Fe activa y viva que sirva por amor al otro y no solo al portador. Una Fe de carne y hueso que sienta al otro en sus necesidades y condición. En Santiago la Fe se vive también en las obras que a su vez nos definen como creyentes y confiados en el amor de Dios para con su obra. Una de nuestras obras debe ser el cuidado de la vida en todas sus formas. La Fe necesita de la materialidad de nuestras vidas y por ende de las acciones con las que enfrentamos la cotidianidad y manifestamos en ella el triunfo de la vida redimida. De aquella maravillosa posibilidad que solo Dios en su infinita misericordia nos concede sin mérito alguno de nuestra parte, pero si por el amor de su Adorado Hijo y su entrega en la Cruz, en palabras del Hiponense recordamos: “Oh feliz culpa que nos mereciste tal Redentor”.

El capítulo 7 de Marcos se centra en los viajes del Señor fuera de Galilea, y este derrotero nos mostrará este domingo su encuentro con la mujer siro-fenicia, es decir, no era de nacimiento griega sino por adopción cultural, el término pagano corresponde no a la calidad de la persona sino a sus concepciones religiosas. Culturalmente durante las comidas el pan era empleado también como una “servilleta” para retirar el aceite de las manos en la ingesta habitual. Pero en cuanto a las palabras del Señor encontramos la realidad de necesidad y pérdida de conciencia que vemos hoy en nuestras congregaciones cuando muchas personas asisten a los servicios religiosos por algún interés así sea social y no auténticamente como bautizados en Cristo.  Aquella mujer se expresó en la misma dirección de los interrogantes del Señor que buscaba así en el corazón de aquella una respuesta que superará la intención básica de los no creyentes como era la de sacar provecho de su trato con el Señor ante sus necesidades. La Fe de aquella mujer es signo de la universalidad salvífica del Señor y su Evangelio. Un Mensaje que no posee límite alguno y que si el ser humano lo permite puede trasformar todas sus estructuras. Una vez más la Fe aparece para actuar en el creyente sin miramiento alguno ante su necesidad.

La otra curación se mueve en la misma dirección apareciendo como es de esperarse el “secreto mesiánico”, cuyo conocimiento estará reservado para el auténtico creyente. Para aquellos cristianos dispuestos a fundamentar una relación autentica con Cristo desde su perspectiva de Dios y Redentor nuestro. Todo lo obrado por Cristo es signo de su Reino entre nosotros y para tal realidad no podemos ser indiferentes ante el dolor y ausencias del otro. Como episcopales debemos trabajar mucho más por la caridad y el amor congregacional. Las obras de Jesús solo pueden ser catalogadas como materialización de su amor por la humanidad, entonces la Fe y las Obras sin amor no tienen sentido alguno. Es pues un imperativo categorico al que estamos bellamente supeditados a vivir y explicitar el amor como signo de Fe y Obras redimidas.

 

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