sábado, 20 de noviembre de 2021

VIVA CRISTO NUESTRO REY. ADORADO SEÑOR DE SU IGLESIA.

 

ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS.  DIA DE CRISTO REY. Año B. 2 Samuel capítulo 23:1-7. Salmo 132:1-13 (14-19). Apocalipsis capítulo 1:4b-8. Juan capítulo 18 versículo 33-37.

 La celebración de Cristo Rey enmarca el espíritu de estas lecturas y sus consideraciones, el Reinado de Cristo es prefigurado en el (A.T) y si tomamos la lectura de Samuel encontramos su lucha contra la idolatría y los seudo-dioses que cautivaban la atención de los israelitas. Desde el rey hasta el menor de los sacerdotes todos caminaban a la casa de Dios como denominaban al templo o lugar del encuentro. Se proclamaba la ley, se hacían las promesas y se ratificaba la alianza en cabeza del rey cuya finalidad era mantenerse fieles a Dios (Yahveh).  Recordemos que el Libro del Deuteronomio conserva el código de esta alianza que el rey y el pueblo recordaban y vivían como consagración de sus vidas y acciones al Dios vivo.  Aquí el segundo sacerdote era el que después del sumo sacerdote ejercía autoridad sobre el pueblo y podía reemplazarlo de ser necesario. El título es posexilico y tiene que ver con la jerarquización necesaria del servicio en el templo y en toda la liturgia restaurada en Israel. La celebración de Cristo Rey es fruto de la aceptación universal del mandato evangélico de llevar su nombre y enseñanzas. La misión es el mayor de los tributos a ese Rey que se revela en todas las situaciones que vive la Iglesia y los bautizados en ella. Aquella lectura solemne de la Ley es el primer paso que ellos dieron en la configuración de una identidad nacional donde la centralidad fuera el Dios inspirador de tal código. El corazón retiene lo que considera posee auténtico sentido de valor. La realidad de las manifestaciones de Fe nos motiva a confesar y vivir conforme hemos confesado su Voluntad salvífica.

La Fe de Israel se mantuvo durante mucho tiempo activa en el exilio, pero la connotación cultural de sus “anfitriones” influyó poderosamente en la memoria religiosa de Israel. El culto a otros dioses como es el caso de Baal (deidad de origen cananeo, también adorado por los fenicios) era llamado “señor” en estos pueblos, lo que contrastaba con el Señor Dios de Israel. El recuperar los escenarios de adoración para Yahveh era la meta del relato que estamos analizando. 

El Salmo 132, es considerado un Salmo Mesiánico por su contenido y figura del rey David, las promesas de Dios a su pueblo son consecuencia en primera instancia de la promesa de David y su fidelidad. La alianza con el Dios vivo, es la generadora de esta conciencia en Israel y en sus gobernantes. El ungido desciende de David, es la manera de relacionar el advenimiento mesiánico con la realidad de Israel y su Fe en el único Dios (monoteísmo). Su gobierno se une estrechamente con los sacerdotes como indicando la influencia de este en el pueblo y en una nueva liturgia que ya no solo hace memoria de sus peripecias y deportaciones sino en la restauración gozosa de su pueblo.  El Mesías se convertirá en la Luz que guie las naciones como en una marcha procesional que nos recuerda el traslado del Arca y la felicidad expresada en sus cantos, danzas y oraciones. 

Juan en el Apocalipsis, emplea una formula ya conocida por la literatura judía, lo interesante es la calidad de los nombres entregados al Señor, la misión y las consecuencias para los bautizados de su obra salvadora. El Testigo fiel, el Primogénito, el Príncipe de los reyes, designa una serie de atributos que en Cristo alcanzaron su máxima y profunda expresión hasta convertirse en su realidad revelada. Un reino de sacerdotes, es alusión a la liturgia celestial que en su perfección solo puede ser ofrecida para el Dios glorioso, solo Cristo es el Sumo Sacerdote pleno y potenciador de toda expresión ministerial en la Madre Iglesia. El dominio universal es solo de Cristo por sobre sus enemigos, sobra decir que el pecado y sus estructuras son el enemigo del Señor y precisamente con su gloriosa resurrección logra derrotarlos.  El Reino de Dios es la manifestación plena de su Voluntad. Una Voluntad salvífica totalmente para la creación y nosotros en ella. El Alfa y la Omega, reúne la totalidad de la obra y el poder que solo puede reposar en el Señor Resucitado. Solo Cristo es antes y después y todo fue hecho por Él y para Él, expresión conocida ya en el (N.T) particularmente en la cosmovisión Paulina. Es la cualidad revelada de Dios como principio y fin de todo, los griegos lo expresan mediante la primera y última letra de su alfabeto (Alfa y Omega).

El Evangelio de Juan, haciendo eco del Señorío de Jesús lo presenta como Rey, precisamente durante el desenlace de su Pasión, aquí la Verdad queda expuesta y es atacada frontalmente por los poderes del mundo reinante. La Verdad de Dios entre nosotros no puede ser silenciada ya que habita en el corazón de cada uno de los bautizados. Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores, es decir, nada hay por sobre su soberana autoridad, pero reconocer su autoridad es todo un ejercicio de renuncia a la voluntad egoísta del ser humano que quiere reinar en todos los escenarios posibles y para ello se vale de la injusticia que hace campear por doquier. La Verdad de Dios pretende ser acallada por el materialismo y el sensualismo, por el tener “siempre la razón”, aquí encontramos una definición antropológica del contenido de la verdad y la cual debe ser aun defendida de nosotros mismos.

Reconocer su autoridad no es tan simple, no se trata de un ejercicio de competencias alegremente dibujado en el Ethos religioso de los episcopales, reconocer la Verdad de Dios implica vivir bajo estos nuevos fundamentos y valores, implementar una axiología distinta al mundo y sus estándares de éxito y calidad.  Bien dice el Señor que su Reino no es de este mundo, si fuera de aquí y ahora, entonces seriamos hijos de la desesperanza que agobia al creyente en un mundo materializado en sus relaciones y cotidianidad. El Reino de Dios en cabeza del Resucitado implica un modelo nuevo y definitivo de existencia y relaciones. Confesar nuestra Fe es un acto maduro de asimilación de su autoridad y reinado, Cristo es el Señor y su gobierno es la más concreta esperanza en el alma y psique de los bautizados, la Santidad de Dios es su Adorado Espíritu Santo, y su Trono pavoroso y todopoderoso nos aguarda a su tiempo, pero la misericordia de Dios se llama Cristo Hijo Adorado y Señor de su Iglesia, aquí está nuestra esperanza.     

miércoles, 10 de noviembre de 2021

DOMINGO XXV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS...

 

DOMINGO XXV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. 1 Samuel capítulo 1 versículo 4-20. Salmo 16. Hebreos capítulo 10 versículos 11-14 (15-18) 19-25. Marcos capítulo 13 versículos 1-8.

La escena con la que inicia el primer libro de Samuel es un estereotipo conocido de otros relatos cuyo modelo es similar, digamos que un recurso literario que describe un evento determinante para el pueblo de Israel. Ana una mujer que no podía dar a luz y por ende tener un hijo que la constituyera en ciudadana reconocida en su pueblo, y el conflicto que esta situación genera en su vida son un factor que mueve su propia experiencia de Fe. La misión de su futuro hijo no estará siendo determinada por los hombres y sus tradiciones, sino que ese niño (Samuel) será escogido por el propio Dios para su obra, el hijo de Ana será el último de los jueces de Israel.  La Voluntad de Dios pasa por sobre cualquier apreciación amañada de la realidad personal de los creyentes y lo hace como gesto amoroso de absoluta libertad. Samuel será el hijo dado por Dios a una mujer estéril que nos recuerda a personajes como Isaac, Sansón, Juan el Bautista, entre otros. Las acciones salvíficas reclaman condiciones excepcionales en los bautizados y una de ellas es la Fe, la misma que expresó Ana al consagrar su hijo al servicio de Dios sin interesarle el conflicto social por su ausencia. La respuesta es clara, el creyente se consagra a Dios y lo hace de forma aleatoria con todo lo que es y posee y guarda en lo más íntimo de su alma.

Dios destina misteriosamente el curso de nuestras vidas y acontecimientos y cuenta desde luego con nosotros para ratificar tales eventos, Dios vio la amargura de Ana y no demoró su intervención en tal situación, pero sobre todo vio su corazón y lo que era importante para aquella mujer, el hacer la Voluntad de Dios era para Ana el motor que hacía que deseara tener un hijo. Nosotros tenemos prioridades como es apenas natural, pero estas deben estar supeditadas al misericordioso amor de Dios en Cristo. Para Dios nada es imposible y menos cuando un corazón humilde se dirige a Él. Ana ya no era la misma porque tocó literalmente el amor de Dios en su vida y fue suficiente para vivir la certeza y plenitud de su Fe y Esperanza en el Dios de su pueblo. No somos nunca más los mismos cuando le creemos a Cristo y vivimos de su Palabra. La certeza es fruto de una profunda relación con Cristo a eso estamos llamados todos y cada uno de los bautizados.

El Salmo 16, nos relata como Dios es y se constituye en la herencia de los creyentes, en una herencia que trasciende hasta darnos la plenitud de todo cuanto creemos y esperamos de Dios en nosotros y en nuestro entorno o espacio vital. Aquí la reciprocidad es necesaria, no podemos correr tras las esperanzas del mundo y buscar en Dios su complimiento, no es fácil ser cristiano, pero tampoco imposible. El Salmista nos invita a vivir la confianza en la misericordia de Dios y no claudicar en la espera señalada. Una relación de profunda espiritualidad es la clave para percibir su amor activo en nosotros y en cada una de las historias tejidas por los bautizados. La conciencia es iluminada por Dios mediante su Gracia, pero para alcanzarla es indispensable configurar nuestras vidas según su mandato, creer en Dios implica vivir esa creencia de forma coherente.

El Texto a los Hebreos continua en la misma dirección de los domingos anteriores, exaltando las cualidades del Sumo Sacerdocio de Cristo y a diferencia de los seres humanos, su sacrifico es suficiente de cara a la salvación de la humanidad y la creación. Es suficiente como solo Cristo podía hacerlo en la plenitud de su amor por la obra del Padre Dios. Hebreos es una contundente declaración de Fe que llega como estímulo para nosotros los bautizados. El Sacerdocio de Cristo es pleno en su Iglesia, nosotros, los ministros ordenados vivimos esa participación como parte de su mandato y Voluntad salvífica.  Los ministros laicos licenciados a su vez reciben el compromiso por medio de su Bautismo como manifestación del servicio cristiano en las congregaciones y misiones de la Iglesia.  El sacrificio de Cristo es definitivo lo que implica que la Iglesia perpetúa su obra en su misión llevando la esperanza que brota de nuestro gran Sumo Sacerdote. Tenemos acceso a Dios en su Adorado Hijo, es una condición escatológica que brota de la Cruz del Redentor, Cristo hace posible que entremos a su presencia y seamos recibidos como hijos del Padre Dios, es una adopción filial que significa la plenitud de nuestro ser como bautizados. La obra de su sacerdocio no se quedó en la Cruz, sino que trasciende hasta los mismos cielos inaugurándose una liturgia de adoración y alabanza eterna. Ser fieles a la Iglesia es una condición necesaria para todos los creyentes y esa fidelidad asegura en nosotros el cumplimiento de sus promesas, el ser asamblea de bautizados es ya una condición saludable de nuestro destino final. Somos hijos de la esperanza que anida en nuestros corazones y la cual es una constante invitación a vivir los valores del Evangelio y su contenido trascendente. La vocación es gratuita como la Gracia para concretarla, Dios conoce nuestras limitaciones así que dispuso un alivio efectivo como la Gracia para encaminarnos correctamente.

El texto Marcano, nos presenta una visión perturbadora que nos aproxima al tiempo fuerte del Adviento, estamos ante una serie de acciones que son descritas de manera aleatoria que hacen parte del sentido interpretativo de los tiempos y sus propios afanes, recordemos que las crisis son patrimonio de la actividad humana. El mensaje del Señor se sintoniza con esta realidad.  Desde esta perspectiva también diremos conforme a la tradición interpretativa que el Texto citado se ubica en el contexto más primitivo de las palabras del Señor o Logion, aunque no sea del todo claro esta aseveración, está sosteniendo la inevitable ruina de Jerusalén. Tampoco es descabellado ubicar este contenido en el ámbito apocalíptico particularmente de Daniel. La crisis señalada se puede ubicar tanto en el tiempo descrito arriba como en el acontecer de las distintas culturas y sociedades que padecieron conflictos destructivos a lo largo de su historia, es también posible conectar estos sucesos con el tiempo presente y sus problemas más álgidos. De este panorama de tragedias y sufrimientos sobresale el triunfo del Señor, su Resurrección cambia este panorama y lo llena de esperanza. 

La espiritualidad nos debe centrar en una manera de apreciar nuestro entorno con los ojos puestos en el Señor, el sensualismo hace que los bautizados vivan más atentos a como se disfruta el tiempo en el mundo, donde pasar vacaciones, y que consumir en determinadas fechas, dejando de lado el contenido espiritual de la personal expresión de su Fe. Los discípulos maravillados con la belleza de la arquitectura y la nobleza de los materiales empleados, pero desconociendo lo más importante y duradero, buscando a Dios fuera y con Dios en lo más íntimo de su ser. Como que es más fácil mirar al exterior que a su propio interior, sentimientos y corazón. Marcos nos invita a ver en el fondo de nuestro ser y palpar el encuentro con el Dios amoroso del que más tarde afirmará el Hiponense: “Dios es lo más íntimo que hay en mí… y también, el amor es mi peso”. Aquí la novedad es el amor como razón de ser de nuestro diario devenir. No busquemos por fuera lo que reposa en nosotros desde antes de la creación del mundo.

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

DOMINGO XXIV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS...

 

DOMINGO XXIV DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. Año B. Rut capítulo 3 versículos 1-5; 4:13-17. Salmo 127. Hebreos capítulo 9 versículos 24-28. Marcos capítulo 12 versículos 38-44.


El Libro de Rut, continúa en la dinámica del domingo anterior, es decir, presentando a Rut en relación con su opción de Fe al continuar al lado de Noemí no obstante que los vínculos familiares quedaron rotos por la pérdida de su esposo, la fidelidad de esta mujer es de admirar, La escena que sigue es la recreación de la entrada en sus vidas de su Goel o pariente político israelita que asumía la responsabilidad de velar por estas mujeres. Históricamente la figura del Goel simbolizó un contenido más universal al ser relacionado con el propio Cristo quien nos rescató en la Cruz. La figura de este pariente es clave para asegurar la descendencia de Noemí y explicar el origen del Rey David (en lo sucesivo de este relato). La decisión de Rut asegura también continuidad histórica de la descendencia futura de su pueblo y la manera como es incrustada en la visión universalista del futuro Mesías.  Rut atenta a la situación no da marcha atrás, sino que asume las tradiciones de su suegra y las consecuencias de estas son vistas como en una perspectiva salvífica que requiere de su decisión y capacidad para confiar en su nueva familia. Sus cualidades son equiparadas a las de los bautizados hoy, especialmente la confianza en las promesas de Dios por medio de su Adorado Hijo. Las medidas de los productos de la tierra son parte de la simbología de la prosperidad que acompaña a quienes decididamente hacen la Voluntad de Dios y por ende siguen sus planes. Estos planes son eminentemente salvíficos y tienen todo que ver con la condición confiada del creyente que reconoce en Dios su absoluto y pleno proveedor como lo relatará seguidamente el Salmo propuesto para este domingo.

El Salmo 127, específicamente asume la connotación de una autentica Teonomia, es decir, confianza total en el Dios providente, que cuida de la naturaleza y provee todo cuanto esta necesita para ser y existir. El Salmo citado para este domingo sin duda, entra perfectamente en la visión del libro de Rut, deja todo en manos de Dios sin dudar sobre su desenlace. Miremos un ejemplo de ello: En vano madrugáis a levantaros, el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatigas, cuando él colma a su amado mientras duerme (Versículo 2). Solo nuestro trabajo dará su fruto si es fecundado por el amor de Dios, de lo contrario solo será esterilidad queriendo fecundar y pobreza pretendiendo riqueza. Dios en su infinita misericordia puede hacer prosperar el fruto de nuestros afanes y así lo hace con creces en una relación espiritual madura y confiada, signo vivo de santidad.

La Carta a los Hebreos, aborda una vez más la temática de Cristo como Sumo Sacerdote convirtiendo este título en exclusiva designación del Redentor del mundo. El sacrificio de Cristo es irrepetible lo que significa que estará siempre delante de Dios moviendo su infinita misericordia por nosotros y su creación entera. La entrada de Cristo en el mundo supone gracias a su Encarnación una relación con el pecado, pero en la más grande de las paradojas “el pecado sirvió para tenerle entre nosotros” como lo expresaría atinadamente el propio Agustín de Hipona “Oh feliz culpa que nos mereciste tal Redentor” o también: “O Félix culpa, quae tantum meruit habere Redemptorem meruimus” el pecado sirvió para la manifestación plena del Hijo de Dios entre nosotros y el autor de la carta a los Hebreos lo sabe. Esta relación con el pecado nunca le puso bajo su dominio, sino que la vivió de esta forma por nosotros. La presencia de Cristo en nuestra historia es totalmente salvífica, no existe posibilidad alguna de ser contraria a nuestra necesidad, pero todo ello por amor a la creación, Dios no ha dejado a su obra abandonada, está allí a   nuestro lado. Tal relación era necesaria porque solo Dios podía actuar como Dios y amar como Dios, es decir, plena y totalmente perfecto. El orden establecido por el triunfo de Cristo es también el nuestro, pero solo si nuestra relación con Él es vital y auténtica, de esta manera su plan salvífico llega a la perfección en cada uno de los bautizados.

El texto Marcano, nos muestra una escena muy conocida y es la de aquella mujer que a pesar de su condición social y pobreza real entrega sus ofrendas en el templo, asumiendo tal acción desde la perspectiva de la Providencia de Dios. La pobreza no es natural en la vida de las sociedades y mucho menos debe ser considerado como parte de una herencia en determinado grupo social o colectivo.  La pobreza limita poderosamente el crecimiento de los pueblos y mientras más pobreza existe en una nación esto es indicativo de sus elevados niveles de corrupción. El presente siglo tiene retos bien interesantes y uno de ellos es luchar contra tanta desigualdad social. Tanta limitación que hace de las ciudades expresiones de su autismo fraterno y sobre todo de modelos bizarros que funcionan en un espacio determinado. La mujer que depositó en el tesoro del templo cuanto tenía era consciente de sus necesidades, pero también ella podría haber necesitado de la solidaridad social tan perdida hoy por hoy. No todo es asunto de nuestra Fe también de estructuras justas y humanas al servicio del otro y del reconocimiento de sus circunstancias. El tesoro estaba por sobre el judío y sus compromisos personales e incluso familiares.  El diezmo como tal solo fue producto de la ley Mosaica por su exagerado deseo de exaltar la ley y el valor intrínseco de su cumplimiento, situación está que el propio Señor derogó al introducir el amor al otro a pesar de su condición de vida.

Marcos ve en el cumplimiento de estas leyes una paradoja que permite so pena por no cumplirla el ignorar a los demás en su praxis de vida a nuestro lado. Si el bautizado solo se queda en el término financiero corre el riesgo de perder la dimensión de su propia espiritualidad y haber creado así otra ley no evangélica. Agustín de Hipona afirmó: “No es más feliz el que mucho tiene, sino el que menos necesita y en esta dirección también dijo, Toma solo lo que necesites, deja un poco que otros también necesitan”. La Providencia de Dios es una realidad no sujeta a las finanzas estrictamente, es por demás, expresión de su amor por nosotros sus hijos adoptivos. Vivir de su amor y misericordia nos ubica en el nivel más alta de esta relación de absoluta Teonomia y/o dependencia de su Gracia.

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