jueves, 9 de marzo de 2017

SEGUNDO DOMINGO EN CUARESMA...

Segundo domingo en Cuaresma. Año A Marzo 12. Libro del Génesis capítulo 12 versículo 1 a 4ª. Salmo 121. Carta a los Romanos capítulo 4 versículo 1 al 5 y 13 al 17. Evangelio de Juan capítulo 3 versículo 1 al 17. 



La vocación de Abraham  marcará el futuro de Israel como nación escogida por Dios. Todo dependerá de este supremo acto de Fe de un hombre que siguiendo su llamado emprende la empresa más difícil de su vida iniciando un recorrido tanto geográfico como espiritual. Sale de la tierra de los caldeos en compañía de su familia y llevando consigo sus bienes. Este movimiento es sobre toda consideración un abandono total a la Providencia y Voluntad de quien le llamó para constituirle en “padre de muchos” e inspirador de una de las religiones más antiguas del mundo. Más adelante en el capítulo 15 versículo 5 al 6  el Señor le ratifica o renueva la promesa de constituirlo en “Padre de muchos”, tengamos presente hermanos que la familia que más hijos tenía se consideraba muy bendecida ya que los hijos asumían el cuidado de los plantíos, ganado y demás posesiones del Clan o modelo primitivo de familia. Este hombre confió y fue recompensado, es la actitud que el bautizado debe cultivar en su vida y no dejar que las dificultades “minen” se Fe en Cristo… Somos también modelos y padres en la Fe de muchos con nuestro testimonio de vida y compromiso eclesial como quiera que la Iglesia sea el Nuevo Pueblo de Dios. Nuestra  Fe se constituye en el contenido trascendente de la auténtica  opción por Cristo y su Evangelio como en su momento lo fue de Abraham.

El apóstol Pablo en Romanos capítulo 4 versículo 1 al 5 y 13 al 17. Reconoce las cualidades del Creyente y más cuando a imitación de Abraham vive la fidelidad de su Fe en el Resucitado. Pablo va más allá al asumir que el Sacramento del Bautismo es el signo de nuestra Fe y que por medio de él encarnamos en nosotros las promesas de eternidad manifestadas por Cristo “Camino, Verdad y Vida que conduce al Padre Dios”… El santo bautismo contiene todas las gracias que nos hacen hijos de dios por adopción. Ya no es la Ley Mosaica la que impera en el corazón del Creyente, Cristo Nuestro Señor nos liberó de su carga y la transformó en la promesa de su amor y Misericordia. Solo así el cristiano es libre para amar y ser amado bajo el signo vivo de la Gracia. Esta experiencia nos conduce a encontrarnos con nosotros mismos y fortalecer nuestra experiencia con el Resucitado.

La visión Joanica  expresada en el capítulo 3 versículo del 1 al 17. Encarna la misma verdad que nos deja ver en potencia el Texto del Génesis y que ratifica Pablo pero agrega un toque de absoluta necesidad como de validez total en la vida de quien aceptando a Cristo recibe el santo Bautismo. Juan visualiza la presencia del Espíritu Santo clave en la “renovación” espiritual del Creyente y deja en claro que esta presencia es una gratuidad amorosa de Dios. Nacer una vez más es la concepción del “hombre viejo” que distante de Dios está impedido para reconocerle y vivenciarle.  Solo Cristo es el Hombre Nuevo y solo su Gracia puede edificar donde antes no había estructura alguna. El nacimiento definitivo del cristiano es el Bautismo y como tal se convierte en fuente capaz de transformar vidas y realidades… Somos criatura nueva lo que implica actitudes de vida coherentes con la Fe que expresamos en nuestra cotidianidad. El mundo reclama de nosotros el testimonio que solo los hijos de Dios pueden dar y solo así el misterio de su Gracia toma carne y hueso en nuestras acciones. El bautizado es Alteridad en el mundo. Juan observa en el Sacramento de nuestra Iniciación el nacimiento espiritual tan ansiado por todas y todos. Solo el Bautismo transforma esencialmente a cada persona redimida al punto de convertirnos en testigos de Cristo sin siquiera verle como pretendía Nicodemo en el juicio de su aproximación al Redentor  fuente de vida eterna. Juan vive en su Evangelio el proceso que lleva a Jesús a morir en la Cruz y más tarde  le contemplará glorioso en los coloquios pascuales. Dios en su absoluta Libertad mira al ser humano y contempla su vida como sus ideales y nos alienta a vivir de cara a su presencia en una clara actitud dialogante o consciente de lo que somos, creemos y vivimos.  Para Juan la auténtica Fe consiste en recibir a Jesús y en conocerle como enviado del Padre. En síntesis el cristiano está llamado a vivir en el mundo pensando con sus acciones en la trascendencia  que fundamenta su Esperanza. Es  Cristo  nuestra Verdad absoluta vivificante y vivificadora como total y totalizante.


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