domingo, 19 de noviembre de 2017

LA FRUSTRACIÓN DEL SER...

ENSAYO… CONTRA  LA  FRUSTRACIÓN  DEL  SER…  REFLEXIÓN  ACADEMICA.

INTRODUCCIÓN.

El ser humano reconoce la frustración y la define intuitivamente sin siquiera verla en una composición  académica pero que su experiencia le dice a gritos que es y se convierte en la incapacidad como imposibilidad de ser feliz o concretar las fundamentaciones de su existencia plenamente reconocida y realizada. Los modelos antropológicos al respecto son supremamente expresivos y más aún cuando de cara al entorno en el que existimos conscientemente encontramos una serie de concepciones de la realidad tanto material como espiritual que no facilita para nada el ser feliz. La frustración en el cristiano se viste con ropajes de frivolidad y superficialidad en la pérdida total de la Esperanza. El ser que se frustra simplemente es incapaz de percibir la realización plena de su ser por encontrarse víctima y esclavo de las alienaciones que como expresaría el Hiponense envilecen su ser redimido, haciendo pequeño y cautivo de situaciones y mentalidades que no tendrían autoridad si este no hubiera renunciado a su felicidad, esta renuncia puede ser formal o inconsciente. En este esquema de total frustración en palabras de  Karl Rahner (teólogo alemán perteneciente a la compañía de Jesús o Jesuitas, siglo XX) “Dios aparece como un dique que evita que la frustración invada al ser humano señalando un camino de Esperanza.  (1).

FENOMENOLOGÍA DEL PROBLEMA Y CONNOTACIÓN ANTROPOLÓGICA.


Este es, pues, el punto decisivo del aporte pedagógico que debemos reconocer en la impronta antropológica que, sabemos, Rahner postuló que era necesario imprimir a toda la teología dogmática.           En lo esencial, su intuición básica radica en su concepción trascendental de la revelación y de la Gracia y, con ello, del acontecimiento global de la salvación Y, recordemos, el adjetivo trascendental tiene ante todo la connotación de que lo decisivo acontece no en la aprehensión del objeto del conocimiento y de la Fe, considerado en su sola mismidad, sino en el sujeto y más exactamente, en las condiciones de posibilidad de tal conocimiento o encuentro; condiciones que se dan a priori en el sujeto cognoscente mismo. Pero se entiende, además, que se dan como necesaria apertura, es decir, en orden a ese encuentro, preparado y gestado por la pura gratuidad del don de Dios. Por eso Rahner insiste en que en la relación…entre la subjetividad apriorística, trascendental, y el objeto del conocer (y de la libertad), el conocimiento de las condiciones apriorísticas de la posibilidad del conocimiento en el sujeto significa también un momento del conocimiento del objeto mismo (1.1). La disertación teológica alemana del siglo anterior tiene por objeto formal de su investigación el conectar la Gracia con todos y cada uno de los principios de realización esencial de la persona humana particularmente los bautizados. Lo apriorístico da paso fundamentalmente al accionar de la Gracia. La antropología trascendental reconoce que la proyección de la humanidad debe superar los problemas de su estancamiento producto del pecado que limita en gran medida su ascenso a la eternidad… La frustración desde la perspectiva de Rahner posee una connotación de rechazo sistemático del plan de Dios para el creyente y tal rechazo se  relaciona con los modelos antropológicos que en nada favorecen la realización del ser en cuanto tal. El rechazo de Dios es una realidad cuando en la perspectiva relacional no “asoma” su presencia gracias a la capacidad humana de desvirtuarla y reemplazarla por modelos de marcada realización antropológica como inventiva.

 El ser humano desde esta realidad puede contrarrestar el influjo presente abriendo vocacionalmente su ser al Dios revelado y lo que implica con ello es buscar solo su centralidad. Tal definición pasa por la configuración de su conciencia a la luz del evangelio. La conciencia es indiscutidamente el lugar y estado más íntimo de la criatura, donde se producen las reacciones al entorno y la complejidad de los valores y principios así reconocidos. La supra-valoración de los fundamentos existenciales puede hacer creer al ser humano que la realidad trascendente es solo una percepción  del intelecto desconociendo la vinculación esencial con lo espiritual. Nuestra teología se centra en el discurso del dogma como lo creíble y vivible, esta connotación es fácilmente relacionada con la trascendencia lo que no garantiza que todo creyente tenga certeza sobre su vida espiritual. Muchas veces en nuestras congregaciones enseñamos oraciones y rutinas heredadas pero pocas veces se produce una completa y autentica relación con la espiritualidad que enarbola la Iglesia cuya cabeza y centralidad es Cristocéntrica.

Rahner ve  con optimismo la posibilidad de limitar la paradoja de nuestra propia frustración conteniéndola en la manifestación del amor de Dios. Sobre la conciencia quiero citar brevemente una reflexión de Tomás de Aquino (siglo XIII)   El hombre posee libre albedrío; de lo contrario, serían inútiles los consejos, las exhortaciones, los preceptos, las prohibiciones, los premios y los castigos. Para explicar esto, adviértase que hay seres que obran sin juicio previo alguno; una piedra que cae y cuantos seres carecen de conocimiento. Otros obran con un juicio previo, pero no libre; así los animales. La oveja que ve venir al lobo, juzga que debe huir de él; pero con un juicio natural y no libre, puesto que no juzga por comparación, sino por instinto natural (2). Aquino establece una clara diferencia entre el juicio nuestro y la respuesta animal que es guiada solamente por el instinto, tal sentimiento nos indica que no es la frustración propiamente hablando un estado emocional que convenga a los animales mientras que entre nosotros la comparación entre acciones y situaciones  permite al criterio decidir, y según esta sentencia, incluso hasta la misma frustración es consecuencia de la voluntad y libre albedrio de nuestra especie. La posibilidad real de alcanzar la felicidad se constituye en un  elemento contenido incluso en el derecho natural, es como afirmar que nuestra condición natural es la felicidad. Tal categoría cognoscible permite al ser humano optar entre ella (felicidad) y frustración reconociendo que el entorno  que hemos construido puede orientar  la felicidad o confundirla al punto de hacer pasar por felicidad lo que nos destruye radicalmente (vicios, alienaciones, esclavitudes, dependencias, entre otros tantos factores de anti-determinación segura). La frustración atenta contra el estado ideal del ser humano redimido, es decir, la realización plena y totalizante de su proyecto de vida. Miremos un ejemplo de Locke (empirista Ingles).

Supongamos ahora que un hombre profundamente dormido sea llevado a un cuarto donde está una persona que él desea ver con vehemencia y con quien desea conversar, y supongamos, además, que se cierre con llave ese cuarto de tal suerte que no le sea posible salir. Al despertar ese hombre, se mostrará feliz al encontrarse en compañía tan deseada, y permanecerá voluntariamente con ella, es decir, preferirá quedarse en el cuarto en lugar de salir de él. Ahora bien, pregunto si no, acaso, es voluntaria la permanencia de ese hombre en ese cuarto. Creo que nadie dudará que sea voluntaria, y, sin embargo, como está encerrado, es evidente que no está en libertad de no quedarse; carece de la libertad de salir. Es así, entonces, como la libertad no es una idea que pertenezca a la volición o a la preferencia de la mente, sino que pertenece a la persona que tiene la potencia de obrar o de abstenerse de obrar, según que elija o determine su mente (3). Recurriendo a esta reflexión para animar nuestro ensayo sobre la frustración, es importante no olvidar que también ella se constituye en un ejercicio volitivo ya que solo en la voluntad del ser humano, así se nublada, por otros juicios supervive la capacidad de optar por aquello o ello según sea su convicción. Locke como buen empirista enfoca su reflexión básicamente sobre la primicia de su teoría del conocimiento, es decir, la evidencia de la libertad es latente aunque los medios de diferenciarla de la limitación sean explícitamente introducidos en su ejercicio. Somos auténticamente libres cuando tenemos la posibilidad de elegir o tomar algo por sobre otra cosa con implicaciones idénticas o distintas, queda a salvo el criterio del ser humano para optar. La frustración es sin duda una dinámica que se enraíza en la voluntad que escoge como seguro su camino o ausencias.

Locke acude a esta figura (libertad) para materializar la  competencia optativa del ser humano y la forma como explicitamos o dinamizamos nuestra libertad está en la misma dirección e implicaciones que la respuesta contraria a la felicidad, es decir, la frustración. Otro empirista nos puede ayudar en nuestra reflexión del que me parece interesante su postura sobre la naturaleza humana (John Dewey Estadounidense Siglos XIX y XX) La naturaleza del hombre ha sido vista con sospecha, con temor, con desagrado y, a veces, con entusiasmo por sus posibilidades, pero sólo cuando éstas se hacían contrastar con sus realidades. Se le ha hecho aparecer tan malignamente dispuesta que la labor de la moralidad consistía en recortarla y someterla; sería mejor si se la pudiera sustituir por alguna otra cosa (4)… Es una paradoja  intelectiva que el ser humano sea presa de sus cualidades que le distinguen precisamente de la vida en su entorno. No es una opción renunciar a la naturaleza humana y sus implicaciones serían tanto como escapar de la mente y sus constantes recuerdos. Si la naturaleza humana aterrizada en la conciencia no es educada o formada convenientemente se constituye en la primera gran aliada de la frustración. Entendemos que para Dewey el poder  escapar a la equivocación  no es propiamente una opción para el ser humano pero si consecuencia de su formación.  La frustración que en la dimensión teológica superando la presente antropología nos dice concretamente que la imposibilidad esencial  y no solo existencial de la persona humana para entrar en la presencia de Dios le conduce a un estado definitivo que le impedirá ser absolutamente feliz. No se producirá su definitivo Vaciamiento (termino de Rahner) y en estas dimensiones no será posible que Dios entre y transforme totalmente al ser humano aun redimido. La relación en la que se explicita la vocación fraterna del ser humano puede ser altamente afectada por estas posibilidades recordemos que las relaciones de la persona humana se expresan en:

A-    YO… El sujeto consciente de si y de su relación personal como individual en el colectivo social y con la capacidad de ser testigo de su propia individualidad. La misma que se atestigua básicamente en la conciencia de sus acciones y en la posibilidad de su ubicación tiempo-espacial.  

B-    TU…  La persona humana es consciente esencialmente hablando de su existencia y la ve proyectada en el otro y su intríngulis, la salvación es una fuerza que vincula y relaciona positivamente las diferencias y similitudes de la persona humana. El descubrir al otro lo hace sujeto de salvación partiendo de la conciencia del Yo.  El otro se materializa en el TU. Deja de ser extraño y se hace parte viva de nuestra realidad y sus connotaciones salvíficas.

C-    NOSOTROS…  El ser humano se reconoce así mismo y reconoce a sus congéneres tanto como sujetos de derechos como en vocación salvífica. El colectivo humano se nutre de estas relaciones. El Nosotros apunta   a la  vinculación real del Yo personal y su proyección en el Tu del otro que como Yo, es importante y vital en el medio relacional. El nosotros dimensiona en la persona la importancia tanto de sí misma como de los demás.

Estas definiciones que se enmarcan en la antropología trascendente son indispensables para construir relaciones con los demás y aun con mayor radicalidad cuando se trata de la realización de cada uno de los bautizados cuya vida se convierte en una constante relacional dialogal con el Dios de la vida. La posibilidad de reconocer al otro es siempre fundamental y nos permite ver en ellos lo que hay también en  nosotros, se establece un fundamento de Solidaridad de Especie. La cultura que se desprende de la conciencia de la vida y realidad del otro solo podrá en consecuencia ser la Cultura de la vida. La muerte tuvo éxito sobre nosotros porque dialécticamente hablando individualizó a la persona humana conduciéndola por sus caminos y frustraciones. La sociedad no sólo continúa existiendo por la transmisión, por la comunicación, sino que puede decirse muy bien que existe en la transmisión y en la comunicación. Hay más que un vínculo verbal entre las palabras común, comunidad y comunicación. Los hombres viven en una comunidad por virtud de lo que tienen en común; y la comunicación es el modo en que llegan a poseer cosas en común. Lo que han de poseer en común con el fin de formar una comunidad o sociedad son objetivos, creencias aspiraciones, conocimientos,  una inteligencia común, una afinidad, como dicen los sociólogos. Tales cosas no pueden pasarse físicamente de unos a otros como ladrillos; no pueden compartirse como varias personas comparten un pastel dividiéndolo en trozos. La comunicación que asegura la participación en una inteligencia común es la que asegura disposiciones emocionales e intelectuales semejantes, como modos de responder a las expectativas y las exigencias (5). Retomando la línea anterior Dewey nos aporta su antropizacion sobre el ejercicio antropológico centrado en la respuesta del colectivo y materializado por los individuos. El ser humano posee no solo una estructura mental, afectiva y emocional en común sino que opera bajo las mismas categorías de su inteligencia, individualizando sus potencias como  Memoria, Voluntad, Inteligencia. Un ejercicio de esta naturaleza solo puede arrojar una percepción común de la realidad que a pesar de ello se ve afectada por la manera como el individuo asume y cuestiona, igualmente, como determina su entorno en la complejidad de sus relaciones.

 Lo verdaderamente lamentable es cuando el ser humano posee solo en común la frustración que se universaliza con las acciones del colectivo. La Gracia es la tesis fundamental en la que tienen cabida todos los seres humanos y la creación mientras que el pecado  materializado y visibilizado en la Frustración es la némesis o antítesis de esta relación salvífica. El ser humano es libre y tan libre es que puede optar a conciencia por este fenómeno que le retiene en su perspectiva de felicidad y realización plena. La tesis de la Gracia es la única posibilidad de relación directa y revelada con el Dios de la vida. La salvación es la infinita misericordia de Dios transformada dialécticamente en una tesis que llamamos Gracia. La frustración se viste de tragedia en la humanidad, basta asentir los acontecimientos generados por las guerras mundiales y los conflictos étnicos en Europa, África y Asia con la perdida de millones de vidas inocentes, es pues un Signo fehaciente del impacto destructivo de la némesis (contraria) de la Gracia. Paradójicamente el pesimismo de los existencialistas como Sartre sobre la vida y la libertad fueron conectados dialécticamente con la Náusea que como postura de la realidad nos dice en su lenguaje que la humanidad es capaz de ser feliz o destructiva sean sus convicciones. La frustración en su esencia renuncia a toda posibilidad de ser feliz o plena en cuanto a cambiar o transformar sus inclinaciones destructivas. De lo anterior se desprende que la frustración es un producto acabado porque no posee la Gracia tan solo como posibilidad… El pecado no es natural en el ser humano pero sus consecuencias pueden definir la identidad esencial del ser en una peligrosa como definitiva tendencia ontológica, es decir, quien sale de este mundo así rechaza la Misericordia de Dios y no retorna a su Señor, en palabras del Hiponense sería: Tú Señor nos hiciste para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en Ti. Dios no se alegra con la muerte de sus siervos pero la muerte puede no reconocer a Dios y buscar una configuración definitiva alejada de Dios. El Hiponense plantea la relación esencial con el Creador como el acercarnos a la Luz cognoscible, es decir, Dios se deja encontrar. Nuestra Fe es tanto metafísica como sobrenatural y Cristo es su fundamento.

 La raíz de la salvación se espiritualiza en el accionar del Señor y en su evangelio. No podemos decir que la Gracia se aparta de la verdad absoluta que reposa en la revelación del subsistente y trascendente absoluto Dios. Trascendemos porque no estamos hechos para abandonar esta realidad que supera con creces nuestra actual inmanencia y podemos volvernos sobre nosotros mismos reconociendo la presencia de Dios y superando nuestra Mismidad que nos retienen en la concepción material de una realidad delimitada por la perspectiva existencial. La frustración se detiene ante nuestra relación con el Subsistente Absoluto Dios y configuramos una condición que supera los obstáculos que una percepción limitada de la realidad ofrece.

Nuestra reflexión Antropológica en el presente Siglo se encamina a la Restauración de la Persona Imagen del Dios vivo y  al empoderamiento de la Gracia como Realidad Escatológica de presencia Histórica cierta y fenomenológica, de esta raíz surge la necesidad de una “Evangelización” que rompa con el vínculo que  mediatizó  la respuesta Emocional de los Ritos Atajo en la Doctrina y Pastoral Eclesiológica (Practicas Sincretistas mezcladas con nuestra Liturgia). Es sobre todo nuestra Antropología Trascendente la que a diferencia de Grecia y Roma puede Sublimar la condición Humana y restituir la Gracia Intrínseca a su Dignidad sin demeritar o fustigar manifestaciones de la Inmanente Libertad de la Persona Redimida que son catalogadas como pecado y que a la hora de discutirlo desde la postura de las Leyes de los Estados son vistas ahora si como un Accidente de la Esencia de la Persona y maliciosamente si es un Accidente no altera a la Esencia de la Persona Creada (Cogita Extensa y Ratio) pero si permite viciar sus Derechos y relegarlos a la Voluntad de las llamadas Mayorías (Massa ) Bien diría el Hiponense: Aunque todo el Mundo diga lo contrario a ti, no significa que ellos tengan la Razón, o que tu estés equivocado, y añade, en el Interior del Ser Humano habita la Verdad, consideramos que los Derechos de la Persona expresan con argumentos los componentes esenciales de la Verdad (Razón, parte del Trípode de nuestra Fe). Nuestra Antropología vivió de cerca las tendencias consignadas después de la Primera y Segunda guerra mundial en Europa y EE-UU y asumidas por: La  Escuela de Fráncfort y su Relativismo… El Personalismo y el Individualismo, merece especial atención en lo que toca nuestro interés señalar a Emmanuel Mounier (1905-1950) su Doctrina sobre el Personalismo desde la óptica cristiana supuso la Identidad del Individuo y la Persona, esto es, la Conciencia de Ser y Existir unida al Colectivo de la misma Humanidad implícita en Uno y Uno en todas y todos (Existir es amar) su Transpersonalismo sitúa a la Persona Creada en la perspectiva del Ser Comunitario, Rahner tomará este principio para definir su Teología de la Persona y su connotación en el Nosotros, al punto de hablar de la actitud y postura dialogante del Ser Redimido ante Dios, por Analogía nuestra postura asume con certeza cartesiana que las relaciones de la persona ante sus congéneres le llevan también a Dios presente Inmanente en sí mismo (Sujeto) y en cada uno de los redimidos (Massa). La Modernidad tiene en su esencia la capacidad de precipitar al ser humano a nuevas experiencias y estas a su vez son capaces de transformar su vida y entorno, nosotros como Anglicanos reconocemos como ninguna otra Catolicidad la necesidad de adaptarnos a los tiempos y propiciar cambios fundamentales en la concepción de la Humanidad y sus imaginarios que aunque no reales en muchos casos generan más oposición que la Realidad como tal… Nosotros no nos asustamos ante los cambios de la sociedad, por el contrario, buscamos darles respuesta a sus interrogantes y hacerlo de forma dinámica y si se desea Proactiva (6). La frustración solo reconoce un modelo de incidencia que fundamentalmente se aproxima a la condición de la persona que sin vivir el estado de Gracia determina eminentemente su existencia con la verdad del mundo y sus categorías de absoluta intrascendencia.

Reivindicar a la persona humana por fuera de su relación con la trascendencia es la renuncia formal a la beatifica visión de su Creador. El hombre y la mujer, son sujetos conscientes y responsables de sus actos y capaces de perfeccionarlos. Obviamente, dentro del ejercicio de su autonomía, pueden hacer todo lo contrario, también. La clave está, en el hecho de que el ser humano se ubica generalmente, en un plano superior al de su mundo circundante. Un mundo que tal vez no entiende, pero sin embargo, lo percibe, lo intuye y busca comprenderlo. El hombre y la mujer, no sólo son-lo-que-son cada uno, sino que son-capaces-de-hacerse y de lograr tener-lo-que-necesitan. Otra vertiente de esta realidad de búsqueda de la trascendencia, incluye la necesidad de encontrar explicación a tantas cosas que el hombre no llega a comprender y que lo sobrepasa (7).

 Normalmente la trascendencia remite a la condición de lo que se halla más allá de la experiencia. Tiene también el sentido, sobre todo en la fenomenología, de la acción con que el sujeto se orienta hacia lo exterior o hacia el Trascendente. En esta línea del pensamiento, entramos en el desarrollo de las explicaciones dadas por los diversos pueblos al origen de la vida, la fecundidad y la formación de la familia (comunidad), la enfermedad y la muerte, los ciclos clave de inicio y término de cosechas, solsticios y equinoccios. Obviamente, dependerá de las comprensiones de su entorno, la búsqueda de esos bienes estará condicionada a otros mecanismos de coerción y competencia con sus congéneres y los demás seres vivos que cohabitan un biotopo. Luego, surge la necesidad del diálogo y de la comunicación asertiva con los de su misma especie, para tratar de acceder a sus propósitos. No es un camino sencillo para las generaciones nuevas el abrirse camino, pero siempre lo logran para garantizar la continuidad. Luego, cada ser humano forjará su camino y logrará satisfacer sus necesidades básicas, a través de su inteligencia, conciencia y ejercicio de su libertad. Cada persona, está abierta y ordenada a ser-lo-que-es, de estar y hacer presencia de sí-mismo. Obviamente, los momentos y actos adversos, causan estrés o encierran al ser en-sí-mismo y lo someten al determinismo causal. Las relaciones interpersonales se afectan poderosamente con el rompimiento de la Gracia en el ser humano… La capacidad de establecer relaciones por medio del respeto y la tolerancia como con el cumplimiento de los mínimos éticos y en otros casos de los máximos nos aseguran una contundente respuesta de cara a la redención del orden social y Psico-afectivo del creyente o bautizado. El Ethos como producto neto de las relaciones del ser humano es también clave para desterrar la frustración ya que sin espacios para pervertir la conciencia del creyente su crecimiento espiritual será realidad. La corrupción es también un principio que frustra los valores y la correcta praxis social e institucional  del bautizado

 En esta comprensión de la teología es básica la convicción de que no hay una oposición real entre lo teocéntrico y lo antropocéntrico, dado que lo antropológico, el ser humano en cuanto tal o por naturaleza, es concebido como el ser de la trascendencia hacia el mundo y hacia Dios trascendencia que se traduce en su esencial y definitiva apertura. La comprensión del hombre como esencialmente abierto es la base de este, para Rahner (8) necesario giro de la teología, pero además es lo que le permite distanciarse del peligro de una mera reducción antropológica de la misma. Puesto que el hombre está, en tal visión, esencialmente referido a Dios y dado que, por otra parte, él no puede decir absolutamente nada de este Dios fuera de la posibilidad gratuitamente recibida de una tal referencia esencial, lo antropocéntrico y lo teocéntrico, bien entendidos, no son ni podrían ser conceptos opuestos en la teología cristiana.

 Por lo mismo, menos aún puede haber en tal perspectiva una oposición entre este centramiento antropológico de la teología  y el necesario centramiento cristológico de la misma. Bien entendidas, antropología y cristología se sostienen mutuamente en la dogmática cristiana, por cuanto una antropología solo puede ser cristiana si en ella el hombre es concebido como potentia oboedientialis para la unión hipostática y, por su parte, la cristología, para evitar toda sospecha de una lectura mitologizante de dicha unión como ocurriría en una cristología meramente aposteriorística, (9) requiere de la comprobación de un horizonte trascendental en el ser agraciado del hombre y de su historia para la idea del hombre-Dios. Este enfoque antropológico se aplica ciertamente a la dimensión individual-subjetiva del encuentro humano con Dios que se auto-comunica, pero no menos a la dimensión intersubjetiva (estructural-social, comunitaria) de tal acontecimiento, la cual influye y se manifiesta de un modo decisivo en la concreta autorrealización de la Iglesia y, con ello, en la realización de su función sacramental de la salvación en cada momento de su despliegue histórico. Esto aparece así a partir de la convicción cristiana de que el destinatario de dicha misión mediadora de la Iglesia, que es el ser humano. La humanidad, tiene como una determinación fundamental  el ser, concretamente, co-humanidad  histórica… La  reflexión de Rahner se centra en el descubrir la realidad que se emparenta con la exposición teológica en su momento, ver al ser humano como producto de la naturaleza meramente configurado como especie le quita la posibilidad de la trascendencia a todo nivel, lo anterior puede implicar en nosotros la concepción de una relación con Dios egoísta desprovista tanto de la Iglesia como de los hermanos en el Bautismo y en el colectivo social. Dios se auto-comunica plenamente y en categorías que solo bajo la expresión concreta de una autentica vida espiritual puede hacer el creyente, no es un Dios que se revela simplemente como creador sino y sobre todo como el más grande amor que ni la humanidad redimida puede contener.

  Dios no se revela a un grupo aislado de personas sino que lo hace desde la percepción comunitaria cuyo epicentro asegura la comprensión del colectivo. El ser humano no puede presentarse solo ante Dios ya que hace parte de un todo asociado a la creación. La realidad que se percibe activa en cada uno de nosotros es de naturaleza vinculante. Tal realidad construye una faceta nueva de comunidad redimida cuya presencia de la Gracia santifica todo modelo de integración o convivencia. La reflexión posterior a la Resurrección marcara definitivamente la concepción sobrenatural de los creyentes, Pablo predicaba un inminente regreso del Señor ahora y después de 2000 años entendemos que la revelación busca acentuar la opción salvífica de cada bautizado antes que marcar la inminencia del encuentro definitivo. Todavía encontramos presente la frustración en todas las estructuras sociales y culturales lo que sin duda retrasa la manifestación Total y Totalizante del Señor. Un medio social y cultural no santificado es un gran obstáculo para la  revelación amorosa plena de Dios. La gratuidad de su amor implica no obstante una respuesta viva y eficaz como comprometida y sincera de nuestra parte. Sigamos luchando por hacer posible el seguimiento del Señor en todos los escenarios donde como personas de Fe y clérigos hacemos presencia.

Somos la Sal del Mundo y como Sal, nuestras vidas son necesariamente productivas y tendientes a afectar positivamente a los demás, es la intención de Marcos (Conf. Marcos capítulo 9 versículos 38-50)… (10)  Al dejar este pedazo de Evangelio al final del Discurso de Jesús, bien podríamos responder si “Somos Sal para nuestras vidas y familias o por el contrario hemos compartido con otros este don y riqueza” La ausencia de solidaridad evangélica, hace de muchos de nosotros, aun en la Iglesia misma, de Saleros personales que solo salan su Plato y vidas, aunque Cristo nos llenó de Sal para el Prójimo (11).  La frustración puede ser erradicada en la vivencia integral de nuestra solidaridad la misma que responde activamente a las relaciones que establecemos tanto al interior como al exterior de la Iglesia en perspectiva siempre salvífica. Estas relaciones se acuñan convenientemente en la instancia de la participación salvífica de todos y cada uno de los bautizados. Las relaciones salvíficas  dejan a un lado la frustración de la imposibilidad de unidad y acuerdo, cosa que se vive cuando nos identificamos con el otro como portador también de la buena noticia de salvación. La frustración es signo de pérdida de unidad, ausencia de identidad y como si eso fuera poco de rechazo total de la Gracia.  Dios  no rechaza al ser humano por el contrario siempre está dispuesto a escucharlo y bendecirlo más allá de su propia limitación (persona humana)  pero cuando la frustración se convierte en el alimento de su ser espiritual, entonces el ser humano rechaza  frontalmente el influjo de su presencia alejándose de su luz y por ende del plan salvífico encarnado por Cristo. La comparación con el entorno social es determinante ya que en este medio el ser humano explicita su vida y funciones y lo convierte en su discurso y hermenéutica, un conocer social implica un acondicionar el discurso con la coherencia relacional necesaria y por ende madurez optativa. Cuestionar el medio es fácil pero asumir la responsabilidad con la estructuración de la justicia y la paz es verdaderamente un reto grande para el creyente.

 La dialéctica antropológica se viste de cotidianidad introduciendo auténticas formas de redención cuando actuamos en consecuencia con la vida y la Fe que profesamos.  La Gracia es dinámica y su influjo toca absolutamente todas las configuraciones de realidad que el ser humano percibe. Nada escapa a la posibilidad concreta de salvación pero como es apenas lógico todo parte de la gratuidad de Dios y la plena aceptación de nuestra parte. Estamos concretamente dialogantes delante de Dios y en la aceptación de nuestra vida.

BIBLIOGRAFIA.

(1).  Veritas No 26 (marzo 2012) 187-196, Pedagogía en Teología: El Aporte de Karl Rahner, Fernando Barrios Medel. Pontificia Universidad de Católica de Chile.
(1.1).  Veritas No 26 (marzo 2012), p. 196. 
(2).  TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica (1226-1274) trad. Francisco Barbado, Biblioteca de Autores Cristianos, 1959, p. 359, (I,q 83 a 1).
(3).  LOCKE JOHN. Ensayo sobre el entendimiento humano. México, Fondo de Cultura Económica, 1956, pp. 219-220.
(4).  DEWEY JOHN, Naturaleza Humana y Conducta, Op. Cit, p. 13.
(5).  DEWEY JOHN, Democracia y Educación, trad. Lorenzo Luzuriaga, Buenos Aires, 1967, p. 12.
(6). cristoeseltema.blogspot.com/2015/07/ensayo-sobre-antropologia-anglicana-y.html-Revdo.Diego Sabogal, Bogotá D.C.
(7).  Revista de Bioética Latinoamericana / 2012/ volumen 10 / Pagina 53-99 / ISSN: 2244-7482. Rev Bioet Latinoam 2012; vol 10: 53-99.
Versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295
Teol. Vida v.45 n.2-3 Santiago  2004
(9).  Cf. K. Lehmann, "Karl Rahner. Ein Porträt", en: K. Lehmann _ A. Raffelt (eds.), Rechenschaft des Glaubens. Karl Rahner-Lesebuch, Freiburg i. Br. 1979, 13*, 53*, 35*s. 
(10)…https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/marcos/9/

(11).  cristoeseltema.blogspot.com/2013/05/el-que-no-esta-contra-nosotros-esta.html



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