viernes, 1 de noviembre de 2019

NOMINALISMO CRISTIANO...


REFLEXIONES SOBRE EL NOMINALISMO CRISTIANO.


HACIA UNA CONSIDERACIÓN FILOSÓFICO-TEOLÓGICA.


“La Gracia supone naturaleza y luego que es de esta forma el enunciado entonces los nominales suponen una idea que los originó y contempló en su extensión tanto metafísica como ontológica, nos referimos a la mente de Dios”. Cristoeseltema.blogspot.com


El Nominalismo y su impacto en el pensamiento universal suena muy bien en el contexto de una reflexión teológica de índole académica donde la libertad de los conceptos genera una analogía epistemológica desprovista de juicios apriorísticos y eminentemente religiosos (1). La concepción ontológica o también en algunos ámbitos metafísica de los universales se vale de los medios necesarios para suponer una reflexión conceptual que por definición se puntualiza en la percepción de la realidad vista en contraposición a los universales, aquí nos referimos al nominalismo. Si hablamos de nominalismo debemos entonces hablar de los universales que desde la postura de lo particular no existen por ser esta eminentemente nominalista. La lógica del lenguaje (2) nos aproxima a la realidad descrita con palabras y con las cuales elaboramos las imágenes de los términos ya conceptuados, dicho de otra forma, las palabras son las primeras en componer imágenes en nuestro intelecto y no por ello podemos suponer que lo que consideramos universal exista particularmente en la noción de lógica que asiste a nuestro pensamiento. Entonces el escepticismo no solo es una respuesta lógica a estos conceptos, sino que ubica la reflexión de los entes y toda su ontología en el terreno de lo demostrable, aquí tenemos la primera dificultad para suponer la existencia de entes abstractos como bien podría ser aceptado por el Realismo (3).  Este realismo de Platón no es el mismo de Agustín de Hipona. En Guillermo de Ockham (4) hallamos ya claramente un conceptualismo (Böhner); el acento se pone sobre las cuestiones acerca del condicionamiento y de la actividad humana en el proceso del conocimiento, es decir, sobre el lado de la subjetividad en general. En los detalles particulares divergen aquí las interpretaciones. El nominalismo influyó de manera persistente sobre la filosofía de la edad media e influye también sobre la moderna (5).

Todo pensamiento moderno, que parte de un empirismo crítico, está necesariamente en el horizonte de la perspectiva nominalista, y a menudo está también expresamente en el terreno del nominalismo en tal caso, con este título se indica abreviadamente la impugnación de la prioridad ontológica de la esencia en general (o de la idea, de la forma) y, a la vez, de la metafísica. La esencia de las codas no depende de la aceptación teórica de esta o de la percepción empirista de su realidad. La realidad construida sensitivamente es la percepción de la existencia por las manifestaciones de sus atributos, Un ejemplo sencillo de esto último podría ser: “El sol, aunque no le veamos en las noches sabemos de su existencia y no necesariamente porque le vemos o palpamos, pero si lo conocemos básicamente por los sentidos y su influjo intelectivo” (6). La percepción ontológica es universal y sus criterios también lo son, ver y palpar es una reacción empirista natural y conceptualizar es la intelección propia de nuestra racionalidad, luego y siguiendo a Abelardo el sofisma que nos distrae no aporta nada a la realidad percibida sino a la manera como nosotros la interpretamos.

Ockham aportó el concepto de nominalismo, según el cual no existen conceptos universales, sino sólo nombres universales (no existe el concepto universal hombre; sólo la palabra que utilizamos para nombrar al conjunto de los hombres. Pero el interés fundamental de Ockham no está en negar que existan conceptos universales, sino en negar que éstos tengan realidad extramental. No existe una esencia universal compartida por todos los hombres; sólo existen semejanzas entre unos hombres y otros, y en tales semejanzas está el único fundamento real de los conceptos universales. Estamos seguros de que este autor ingles se refiere a la naturaleza singular de la persona humana. Cristoeseltema.blogspot.com

Encontramos una paradoja histórica en el catolicismo romano frente a la posibilidad del nominalismo cristiano, y más que como hipótesis suponen que es responsable de la reforma teológica que dio origen al protestantismo. Pero si hablamos de Teologia entonces debemos definir que no se trata de la aseveración ontológica de la existencia del ser humano y su relación vital con el Dios vivo. Un nominalismo vital si es posible asumirlo desde la posibilidad de la creación como consecuencia de la mente de Dios activa y por ende creadora. No es el resguardo de conceptos preexistentes sino de la impronta creadora de Dios. Una huella o Vestigia que gira en orden a la manifestación material de la Voluntad de Dios (7). En algo si podemos estar conformes y es que gracias al nominalismo la metafísica regresa a la vida académica en la Iglesia y en los círculos teológicos comunes a confesiones religiosas. Si se mira, empero, a la marcha histórica del filosofar, no es difícil reconocer que el nominalismo, aunque sea como un fantasma ha sido y sigue siendo una fuerza estimulante y liberadora. De ahí la necesidad de llegar a una valoración positiva de la función del nominalismo o más exactamente, del conceptualismo, la critica anti-metafísica puede sostener que el concepto nominalismo no se ha terminado de gestar, algo que es verdadero en su aproximación teórica, pero no será totalmente terminado porque la percepción del ser racional varía en las circunstancias que este vive. La metafísica va más allá de la consideración netamente ontológica del ser y su s atributos, para suponer con sobrada verdad la existencia de la realidad percibida aun por sobre los objetos o seres mismos (8). El concepto es también fruto de la inmanencia intelectiva de la especie humana y nunca podrá agotarse porque en si mismo depende solo de la elaboración racional del ser humano. Es como la realidad nunca será vivida totalmente. La inmanencia se convierte en intrínseca a la realidad de las cosas y seres. Vemos pues un panorama que limita la existencia de los Universales como tal, ¿dónde los percibimos en la mente o en los sentidos? (9) podría ser una pregunta a priori o también elaborada desde la concepción nominalista de la realidad compuesta por eventos percibidos.

Para muchos los universales son percibidos directamente por la razón humana y si es de esta forma ¿entonces donde percibimos la realidad desde la óptica nominalista? (10) Será pues que la mente de Dios y su analogía con la humana es el origen de cuanto existe y no nos referimos al realismo platónico, más bien le apuntamos a la realidad construida por el acto de amor de Dios que en si mismo es Creador. Las razones seminales del Hiponense (11) podemos derivarlas dialécticamente de la mente creadora de Dios al ser Dios quien en su mente posee la razón de ser de cuanto existe, desde luego sin comunicar su esencia o sustancia Divina. La Voluntad creadora de Dios da realidad a la materia al crearla y convertirla en la base de los entes y cuerpos en general, las leyes de la naturaleza poseen en su estructura inmanente la información necesaria para su desarrollo. La vida se agota en las distintas formas que existen, solo Dios es quien posee plena y perfectísimamente la existencia, no se agota nunca de verse y amarse (12). Estamos pues ante una afirmación coherente y congruente de la realidad creada a partir de la nada. No hay posibilidad de contemplar un universal siquiera eterno o preexistente al acto creador de Dios. En cuanto a los nominales y su existencia condicionada por la mente de Dios si podemos asegurar que se manifiestan en la materia de las cosas creadas puesto que todo concepto nominal es creado a partir de la mente.

Entonces Pedro Abelardo encontró una salida entre medias, que llama de realismo moderado, o más explicativamente conceptualismo. “El conceptualismo mantiene que, aunque los universales (abstracciones o ideas abstractas) no tienen existencia en el mundo externo, existen sin embargo como ideas o conceptos en la mente y que allí implican algo más que palabras.” Para este autor los universales no existen de forma extramental, no tienen realidad objetiva, pero sí que existen como conceptos, como estructuras mentales y esto tiene mucha importancia, porque estos conceptos, formados por abstracción podemos reflexionar racionalmente. La tarea de la lógica se convertía así en fundamental, al ser la única disciplina que permitía adecuar el lenguaje al nivel de la abstracción, y por lo tanto al de la reflexión.

 Pedro Abelardo (13) asumirá un discurso profundamente lógico en el que desarrollará y justificará su postura frente a los universales, también refutó otras posturas, en todas sus facetas e incluso algunas variantes menos seguidas. Desarrolla también el concepto de especie humana, que es importante, ya que siendo la única con capacidad racional, será la única capaz de llegar a los Universales. Abelardo alega que los universales han sido elaborados por Dios, y los particulares los hacemos los humanos (Racionalidad) (14). Esto se debe a que los Universales se refieren a sustancias y los particulares, a su vez, a accidentes, porque los seres humanos siempre adquirimos el conocimiento a través de los sentidos, pero Dios no le son estorbo los sentidos y conoce las cosas a través de la inteligencia pura, ya que incluso él ha creado todo, y poseía el conocimiento antes incluso que existiesen los particulares. Y ¿Cómo funcionará la mente humana pensando universales y particulares? (15) Este proceso lo denomina abstracción, Abelardo determinará que todo elemento está compuesto de materia y forma, intrínsecamente (Esto le diferenciará de Platón, por ejemplo, que considerará una forma sin materia, aun no usando el mismo vocabulario), pero la mente humana puede percibir ahora materia, ahora forma, o ambas cosas simultáneamente, cuando “separamos” mentalmente uno de los elementos lo hacemos a través de la abstracción, cuando analizamos ambas cosas juntas se dará “conjunción”. Abelardo platea una posición lógica para dirimir sobre la realidad perceptiva de los universales y lo que es mejor para nuestra discusión inicial, catapulta la relación vital entre los particulares como accidentes, es decir, lo que sobreviene a la materia pero que al ser percibidos no la modifica sustancialmente. Si se presenta la cuestión de los particulares los asociamos inmediatamente a la inmanencia de la conciencia humana y su contenido racional ya que nosotros percibimos la realidad compuesta y no en el bloque de la misma, ya que percibimos cualidades que componen la realidad, ejemplo de ello podría ser: “El sol no lo vemos directamente en su composición química, pero podemos definir que es un compuesto de helio por su capacidad incandescente y en su  increíble calor de su combustión  (16) este breve y somero análisis no posee la capacidad lógica de hablar de su contenido formalmente pero si de los accidentes que percibimos de su materia.  (Tal concepción de los particulares pretende justificar los universales como la sustancia de donde se desprende nuestra percepción, claro está, esto último es solo mi análisis personal) (17).  

Los particulares son en síntesis la concreción individual de nuestra racionalidad frente a los fenómenos que percibimos tanto materiales como abstractos. El intelecto puede dimensionar la magnitud de los particulares y estos se convierten en reflejo de su contenido esencial. El contenido esencial de lo que percibimos dependerá de la razón en su análisis ye interpretación, aquí el intelecto es clave para conocer la diferencia entre un fenómeno de constatación inicial y otro de mayor elaboración. Solo la mente de Dios posee el conocimiento seminal de las cosas y sus funciones al ser, solo Dios llama del no-ser al ser perfectamente manifestado en sus operaciones (18). La mente de Dios es la razón de ser de todo cuanto percibimos del mundo en su corporalidad y desde luego de lo incorpóreo que por no ser visto no implica con ello que no sea un compuesto de materia ya que solo Dios es en términos aristotélicos Acto Puro (19). Los procesos intelectivos no afectan a Dios en cuanto a que su mente es una y no se agota en su conocer o discernir como la nuestra. Solo Dios es dueño de si y para sí. Los universales en las distintas concepciones filosóficas e incluso en algunas posturas teológicas es bien discutible.

Un universal llevado a la existencia particular: Si hablamos por citar un ejemplo del color negro en los objetos no podemos decir que es definitivamente universal e  independiente de la percepción de quienes lo observan ya que en cuanto a su conocimiento se hace particular en la medida en la que es asociado con la forma en donde este se manifiesta, bien puede entenderse como particular dado el proceso por el cual es identificado y pierde relación entre los objetos aunque podemos verlo como esencialmente el mismo pero recreado en formas distintas a la vez. Se plantea un problema para nosotros y es precisamente que si es universal entonces ¿dónde se origina tal color o manifestación en las formas que conocemos?, preferimos desde la postura Agustiniana asumir que su presencia es parte de la existencia de las cosas y se constituye en un accidente que sobreviene a la materia sin que con ello pueda implicar la existencia particular independiente de la realidad material en la que es manifestado el color como y en cuanto tal.  Una manifestación material que es percibida por nuestros sentidos, pero que se origina en la mente de Dios, siendo parte de la obra creadora al ser sacado como todo de la nada. (20).

Siguiendo esta línea y aún más radical nos enfocamos de nuevo en el maestro Ockham que en muy pocas frases niega la existencia de los universales por considerarlos simplemente el nombre de las cosas, el ente que existe depende del nombre para ser conocido y esto incluye también sus propiedades (21). Desde luego esta postura actualiza su visión empirista de la realidad perceptible por medio de los sentidos y la razón como causa ultima de todo posible análisis de la realidad compuesta por actos de toda índole. Este empirismo es moderno en cuanto a que la existencia de las cosas depende de dos conceptos muy claros y uno de ellos es el nombre que debe referirnos a sus atributos, existiendo nombre científico y otros arbitrarios para designar los objetos (22). Los universales como nombre de las cosas limita su concepción metafísica de la misma y única realidad de los objetos y en nuestro caso de las cosas creadas por Dios. Nuestro pensamiento metafísico de los objetos nos hace soberanos de cuantos hemos creado y manipulado, el intelecto que afronta el ser de lo que existe y mejor aún, los entes de lo material que percibimos.

Queda pues bien claro que es Dios quien como Creador da sentido a lo creado sin que aun nosotros tengamos claro el fin ultimo de cuanto existe, esto último nos lleva a convertirnos en una plaga para la obra de Dios contaminando y dañando a nuestra voluntad (23).  El nombre de las cosas debe coincidir con su perfecta naturaleza, sino es posible entonces conozcamos sus cualidades para saber precisamente para que sirven en nuestra vida y cual es nuestro compromiso con ellas. Una tal responsabilidad dialéctica y practica nos lleva a la praxis del amor aun sobre los conceptos universales y su versión intelectiva de lo particular (24). Por otra parte, esta misma doctrina de la creación da origen a una nueva suerte de realismo Agustiniano que situaba las ideas platónicas en Dios, identificadas con El, y que cumplían la función de servirle como modelo al crear las cosas; de ahí el nombre de ideas ejemplares. Estas ideas eran los arquetipos en la mente de Dios. Este concepto en cuanto al Hiponense, pero podemos ejemplarizarlo básicamente en la configuración de su doctrina sobre la creación y en ella las razones seminales, los arquetipos son fundamentos iniciales por medio de los cuales las cosas creadas poseen una razón que justifica esencialmente tanto la materia como la forma (aristotelismo) que los compone o define. En el pensamiento Platónico empleado por el Hiponense, los arquetipos no son preexistentes como si en Platón (25), aquí en el Hiponense no aparece un artesano o Demiurgo que ejecuta la materia y crea de manera intelectiva y supra racional todo cuanto existe, es a mente de Dios la que crea desde su sabiduría total y totalizante, la razón ultima de las cosas tiene pues en Dios su fundamento y razón de ser. No es la creación una extensión de su inteligencia sino un reflejo de esta ya que en la naturaleza no hay presencia esencial del Dios vivo, esto último, solo está reservado a las Personas Divinas (26). Es importante reconocer las Causas que definimos como:

Esencial
Ejemplar
Eficiente
Causa y efecto. A través de la experiencia, se conoce que ningún fenómeno surge sin causa, "de por sí”, sino que lo engendran el desarrollo precedente de dicho fenómeno u otros fenómenos. De la nada no surge nada. Todo fenómeno tiene su origen, lo que lo engendra. Es precisamente lo que se llama “causa”. Lo que crea, produce o da vida a otro fenómeno y lo antecede en el tiempo recibe el nombre de causa. Lo que surge bajo la acción de la causa se denomina efecto.
En la producción del efecto no influyen solamente el agente y el fin como causas extrínsecas, sino también otro principio exterior, denominado causa ejemplar. La noción y el nombre son de origen platónico; efectivamente, Platón llama arquetipos (y también paradigmas) a las Ideas del cosmosnoetós, de las que las cosas sensibles son copias, imágenes, participaciones. De los muchos sentidos en que se ha empleado el término (que, por otra parte, cada vez es menos usado), hoy parece subsistir únicamente la idea general y vaga de un modelo: ejemplar o forma que el agente intelectual se propone y sigue en la realización de una obra. De ahí la definición de causa ejemplar: «aquello a cuya imitación obra el agente». El ejemplar (que recibe también los nombres de idea, ideal, plan o plano, tipo, esquema, forma, etc.) puede ser exterior o interior, pero sólo el interior ejerce propiamente la causalidad ejemplar, que consiste en el ser-imitado y produce una semejanza no casual ni natural, sino intentada, pretendida. Ello preexige, por parte del agente, el conocimiento actual de la idea ejemplar, que debe ser interiorizada en su aspecto objetivo, y que equivale al efecto mismo en cuanto conocido con un conocimiento práctico, orientado a la acción. Así entendido, el ejemplar es verdadera causa, puesto que influye verdaderamente en el ser del efecto, aunque su influencia no es existencial, sino esencial, formal, especificativa (a ella puede reducirse la influencia de los objetos formales sobre sus potencias respectivas).
Con el término causa eficiente se designa aquella realidad que, con su acción, produce el ser del efecto. Aristóteles la caracterizaba como principio del movimiento. Y, desde luego, la mera consideración de la realidad del movimiento obliga a admitir, para explicar el paso de potencia a acto, la realidad de la causa eficiente. Son evidentes la existencia de cambios y causas eficientes.

Sin embargo, no han faltado algunos negadores de la causa eficiente. En la Edad Media, Avicena, Avicebrón y con más insistencia Algacel rechazaban la posibilidad misma de que los seres finitos ejercieran una auténtica causalidad eficiente, que quedaría reservada por derecho propio y exclusivo a Dios. Encontramos aquí un germen del ocasionalismo que después sostendría Malebranche, y que en cierto modo adaptó a sus propias ideas Leibniz, al explicar la comunicación de las sustancias por la «armonía preestablecida», basándose en que las potencias activas de los seres finitos no son sustancias, sino accidentes, por lo cual son absolutamente incapaces de producir sustancias. La debilidad del argumento se patentiza considerando que el accidente, así como tiene existencia por la sustancia, igualmente tiene eficiencia por ella, desapareciendo entonces la desproporción que se creía encontrar entre causa y efecto. Tampoco es concluyente la razón basada en la infinita distancia entre Dios y los seres finitos, ya que éstos, en cuanto tienen forma, poseen alguna actividad.


Final
Formal
Material.
La palabra fin ofrece múltiples sentidos: límite, cesación, acabamiento o perfección, objeto que se pretende realizar o conseguir, intención, dirección de una tendencia, destino, etc., reducibles todos ellos a dos principales: fin como cesación de un proceso en el tiempo o límite de un objeto en el espacio (por oposición a comienzo) y fin como objeto o intención (por oposición a medio); éstos, a su vez, son perfectamente integrables en la noción de causa final: aquello por lo cual se hace una cosa (id propter quod seu cuius gratia aliquid fit), dando a la expresión por lo cual un valor de motivación, y no de causa eficiente. En la acción de ésta, en cuanto orientada a un objetivo, se enlazan estos dos sentidos del fin: porque el objeto intentado por el agente no existirá hasta que haya acabado el proceso de su actuación; inversamente, la acción del agente sólo se desencadenará cuando exista un objeto al cual se oriente. En el orden de la ejecución (considerando el fin en cuanto efecto): fin de la obra, aquello a lo que tiende la obra, por su propia naturaleza (finis operis) y fin del operante, lo que el agente se propone al obrar (finis operantis), que puede no coincidir con el anterior; el fin del operante siempre es efecto formal de la causa final, mientras que el fin de la obra únicamente lo es cuando coincide con el del operante.
Las causas intrínsecas son la materia y la forma. De los múltiples aspectos que ofrece la forma, sólo nos interesa aquí aquél bajo el cual se presenta como causa. Puede definirse como «el acto que determina y especifica de manera intrínseca a la materia» (más ampliamente, por forma se entiende todo principio real de determinación). En el orden físico, cabe distinguir la forma sustancial, que es el acto de la materia prima, y la forma accidental, que es el acto de la materia segunda; en el orden metafísico, es forma todo acto metafísico que se recibe en una potencia.

La forma es verdadera causa, ya que ejerce una influencia real sobre el ser del efecto; dicha influencia consiste en comunicarse a la materia, especificando al compuesto; trátase de una unión efectiva, que recibe el nombre de información. La causalidad de la forma puede considerarse en dos planos: en el orden de la entidad, la forma recibe el ser de la existencia y limita a ésta. En el orden de la esencia (que no puede confundirse con la forma), da el ser a la materia, o mejor, hace a la materia ser en acto, la actualiza, aunque recibe de ella la singularización. Pero la forma no es un ser en acto, aunque sea acto; es solamente un principio o coprincipio del ser; en cuanto acto de la esencia, es principio de perfección. Por lo dicho se advierte que la forma dice una doble relación: al compuesto (especificándolo y determinándolo) y a la materia (actualizándola). Para que la forma ejerza su causalidad, se precisan condiciones: considerada en sí misma, la forma debe preceder en cuanto principio de existencia; con respecto a otras causas, debe darse aproximación a la materia y concurso del agente.
La materia, considerada en cuanto causa, es el «sujeto o sustrato permanente del cual y en el cual se hace algo». Juntamente con la forma, es coprincipio esencial del efecto. Ampliando la definición dada, puede considerarse como materia cualquier principio real de determinabilidad, cualquier potencia. Así se nos revela la oposición que hay entre materia y forma. La materia es pura potencia, principio de potencialidad y de singularidad, sujeto de la forma y, por lo mismo, relativa a ella. Pero es una verdadera causa, puesto que influye verdaderamente en el ser del compuesto.

La causalidad de la materia consiste en la comunicación de su misma (y mínima) entidad, comunicación que tiene dos vertientes: uniéndose a la forma, la materia individualiza el ser del compuesto resultante de ambas; además, de ella se educe la forma, que es recibida en y sustentada por la materia. Para ejercer esta causalidad, que podemos considerar también como un concurso pasivo del que depende el acto o forma (ya sea en el ser, ya en la información), han de cumplirse ciertas condiciones: debe existir la materia, aunque en el caso de la materia prima no se requiere su preexistencia, puesto que dicha materia sólo existe por la forma; se requiere también el concurso de otras causas, de las que la causa material depende en su causación; por último, en lo que concierne al efecto, se precisa la debida proporción entre la potencia y el acto y la aproximación de la materia a la forma; cuando se trata de la causa material de los accidentes (materia segunda), se requiere su preexistencia, ya que primero es la sustancia como existente en sí misma, y luego como receptora y sustentadora de accidentes.
(27).


El Realismo del Hiponense (28), se expresa convenientemente en las categorías de lo mudable como obra de Dios Creador, el origen mismo de las razones seminales y los nominales o ideas de su mente perfectísima. La dinámica intelectiva de la retorica Agustiniana plantea para  y en si la razón de la creación en el contenido de las causas que señalamos arriba, pero las delimita con el concepto del amor que introduce como el arquetipo de todo cuanto existe, es decir, Dios es el que crea porque ama y esta en posesión el amor pleno y perfecto que no se agota nunca puesto que lo relaciona con la misma esencia de Dios (29). El Motor aristotélico que mueve todo es el amor de Dios y los logos presentes en la creación (Orígenes) en su relación de necesidad se desprenden del plan amoroso del Padre de todo y de todos, nos referimos al Principaliter Agustiniano (30). Aquí hemos relacionado dialécticamente tanto a Aristóteles como a Orígenes y al Hiponense. Los logos de los que hacemos mención son aquellos que se convierten en vitales como las leyes naturales para la causalidad de la obra de Dios y la contingencia de la vida en todas sus formas. Una contingencia que es intrínseca a nosotros y la vida que nos rodea, solo así la razón de ser tiene un antes y un durante y en la evolución un después, no podríamos dejar fuera al naturalismo ingles de esta breve reflexión. La calidad real de los contenidos platónicos en su TeologÍa natural evolucionará hasta llegar al neoplatónico Plotino (31), en el pensamiento de Plotino podemos ver rasgos de un cierto “monismo” que lo abordamos como una relación de esencial igualdad entre lo material y lo espiritual, es más que una interpretación genérica es la tendencia de una  idea psicológica sobre la exactitud entre lo físico y lo espiritual, más que hablar de lo abstracto estamos haciéndolo de una calidad en la esencia de las cosas como igual entre la idea, el pensamiento y lo material que esta interpreta (32). El origen de la materia no está en discusión, pero si su postura metafísica sobre la génesis de la idea y la materia y su relación en la percepción de los objetos como tal. Preferimos el realismo Agustiniano para ubicar el proceso de la generación de la vida y toda la creación en la mente amorosa de Dios el Pater Principaliter (33) …

En cuanto a las Causas arriba descritas someramente son consecuencia de la causalidad y el origen de la creación y en ella de los seres y cosas tanto los materiales como los abstractos, el arquetipo si deseamos emplear el termino, la Forma ejerce su poder en la materia y la misma corresponde a la extensión de los cuerpos e incluso metafísicamente de las ideas y la razón humana, aquí es importante invocar la doctrina de Renato Descartes (34),  las causas son como la esencia que percibimos de la existencia delos seres y las cosas, si decimos esencia estamos afirmando que hay un constitutivo de las cosas y los seres. Hay una razón que supera las categorías inmanentes de la creación y es Dios como esencialmente nuestro Creador (35). Descartes y la extensión de los cuerpos o rex es clave para visualizar la razón metafísica de nuestra existencia y su ontología como epistemología ya que las operaciones de la mente humana son reflejo limitado de la mente de Dios (36). Este principio de comprensión para realidad por parte del ser humano es consecuencia de su conciencia y la capacidad para auto reconocerse y reconocer las cosas creadas sin su concurso o autoridad, aquí se ejemplariza perfectamente nuestra contingencia. Es posible deducir de la realidad todos aquellos procesos por los cuales nos damos cuenta de su existencia y de esta manera los particulares fruto de los nominales tiene todo sentido en la mente inquisidora del ser humano creado por el Dios revelado, aun la revelación es en arquetipo un nominal del amor de Dios por la humanidad (37).

Es una gran paradoja hablar de una existencia particular cuando fuimos todos creados de la misma manera y finalidad, la naturaleza singular de nuestra especie hace parte de la inmanencia de la creación en su totalidad y como extensión racional del Dios amor en la creación, esto último en términos figurados desde luego…Nosotros no percibimos la esencia sino los atributos de esta. O en términos metafísicos de la existencia más allá de la materia y sus operaciones. (38).

La percepción de la realidad por parte nuestra esta desprovista de contenidos no inteligibles (39), es decir, podemos percibir y hacer una idea real de lo que observamos sin que con ello se altere de la actualidad de los contenidos descritos posteriormente, el apriorismo de las ideas se contrarresta con la razón y su lógica. El criterio por el cual procedemos nos ubica en la esfera de lo cognoscible ampliamente definido por la razón y los accidentes de las cosas que componen nuestro arsenal de conocimiento y experimentación. Nuestra fenomenología nos permite ver con claridad los contenidos tanto racionales como su praxis en el fenómeno cognoscible (40). Una vez más los accidentes muestran los contenidos esenciales de los objetos (41). El nominalismo en su esencia nos dice que las cosas y su origen está también asegurado en la percepción de las mismas y aquellas que no percibimos en sus particularidades si lo hacemos en sus accidentes y causas, son sometidas tanto por la razón como por la necesidad intelectiva de conocerlas (42).  Conocer es una necesidad real del ser humano dado que con su conocimiento construye la realidad tal y como es vivida e interpretada. Aquí incluimos dialécticamente y en su praxis el realismo tal y como lo conocemos como interpretación concreta de la realidad y los fenómenos que de esta se origina (43). La ejemplarización de la realidad tiene todo que ver con la forma vital de la razón y su accionar en la creación. La Causa Ejemplar es en sí misma para Platón, la razón de las cosas, o los arquetipos de la realidad. Una realidad percibida bajo los ejemplares de las cosas y las ideas (44). Un principio genérico de los nominales más o menos similares a como los conocemos.

Navaja de Ockham: contradice la existencia de universales, al afirmar que no es necesario duplicar las entidades. En igualdad de condiciones la explicación más sencilla es casi siempre la correcta, no hay necesidad de multiplicar la realidad (45). Si no los conocemos, es sencillamente porque no existen. Deducimos fácilmente que la pluralidad no es necesaria sino no es necesaria, es decir, que multiplicar los entes sin ser estos necesarios sobra, la realidad compuesta por actos y percepciones se acerca velozmente al Empirismo, desde luego que el maestro ingles lo era. Este fundamento lo reconocemos como parte de su doctrina sobre la economía o Parsimonia de la realidad y los entes, lo que no existe no hay que buscarlo porque lógicamente no lo podremos encontrar (46). La singularidad no puede ser confundida con la particularidad de las cosas y los entes, aclarando este punto podemos agregar que lo singular corresponde a la naturaleza y lo particular a los objetos en sí mismos como individuales, este principio reza también pata la razón humana y su naturaleza (47).

“La Gracia supone naturaleza y luego que es de esta forma el enunciado entonces los nominales suponen una idea que los originó y contempló en su extensión tanto metafísica como ontológica, nos referimos a la mente de Dios” (48).

La interpretación de la realidad exterior bien podría servirnos para unir dialécticamente a la Escuela Agustiniana con Descartes, solo hay una realidad perfecta y es la de Dios, nosotros, por el contrario, percibimos débilmente la realidad de las cosas porque neciamente nos detenemos en los compuestos de estas, en su acto y potencia, retrasando la aprehensión de conocimientos más fieles a la realidad sentida o percibida (49) Los particulares hacen referencia a la existencia perceptible de las cosas y no por ello son de índole universales más allá de la subjetividad de quien los percibe. En cuanto a la mente de Dios sucede todo lo contrario a cono el proceso intelectivo de la persona humana conoce. Dios no conoce las cosas y sus formas por accidentes como acontece con el intelecto nuestro, Dios conoce el fin último de las cosas y su realidad percibidas en su conocer perfecto. La extensión de los cuerpos es fundamentalmente la ilustración metafísica de su realidad y no tanto el lugar que ocupan en el espacio o la forma como estos están definidos. En cuanto a la persona humana la extensión de su cuerpo, alma y espíritu es en sí y para si la racionalidad (50). La continuidad de la vida y su realidad no es asunto de universales y cosa equiparada para tales fines, es la disposición seminal de su Creador quien bajo el conocimiento que es lo mismo que amar y crear dispuso su realidad articulada en las formas vivas e inertes que conocemos cuya materia corresponde a la necesidad vital de los seres vivos y la densidad y estructura en el caso de los inertes. Somos pues el fruto de su pensamiento y arquetipo de todo cuanto existe, las ideas toman forma y son materia para ser cognoscibles. Aquí igualmente entendemos que nuestra forma es la capacidad de razonar como criaturas dotadas de las cualidades necesarias para producir ideas (51).

Pensamiento
Idea
Concepto.
El reconocimiento intelectivo de la realidad tiempo espacial que percibimos y a la conciencia de ser y existir. Es un aporte a la estructura de la persona humana como obra de Dios, imagen racional, que es lo mismo que el pensar y ser o existir como apunta el propio Descartes. La percepción sensitiva de la condición racional y los sentidos como ventanas de ese atributo…
Es la acción elemental del pensamiento y es básicamente de esta forma como la idea manifiesta la posibilidad concreta de pensar y entender los procesos intelectivos sobre los que brotan las ideas. Por medio de las ideas la racionalidad se hace comprensible en términos y categorías de conocer y saber lo conocido.
Está constituido por las ideas de nuestro intelecto. Es la elaboración conceptual de lo que percibimos y la información que podemos condensar. El discurso de un concepto explica su contenido y define su naturaleza, es racional y teórico, pero siempre aterriza en el quehacer de la persona que se interroga y explicita su relación con el entorno somático.
(52).

El lenguaje expresa sus argumentos lógicos y cada palabra o unidad lingüística posee el contenido necesario para ser reproducida en el intelecto, aquí el realismo es tal que los conceptos elaborados pueden manifestar la realidad en una gran proporción a como esta es percibida. Loa particulares no son generales ya que su extensión esta limitada por la esencia que los origina, no puede ser de otra forma entonces si pretendemos que lo sean se convertirían en universales, aunque estos últimos solo sean palabras y nada más que lenguaje abstracto. La racionalidad nos define en cuanto a la forma de la existencia y con ella la inteligencia asume el estatus formal de nuestro ser (53).  Los particulares están limitados pues en cuanto a su origen y la capacidad de producir imágenes mentales con ellos. Nadie puede pensar lo que antes no vio o comprendió. Los particulares son muestra de la dimensión básica del saber y de la existencia de los entes. La particularidad de las   cosas no es lo mismo que singularidad de las cosas. La razón nos hace particulares al pensar, singulares al poseer la misma capacidad y ser una Otredad (54) cada uno de los racionales humanos. Las diferencias vistas   también en los particulares que se manifiestan en sus nominales, es decir, un nominal que existe es anterior a la forma que vemos o a su contenido material. Esto último no supone preexistencia de ellos o de la materia sino el orden lógico en el que nuestro pensamiento los aborda y reconoce la preeminencia de las ideas sobre la materia que conocemos. A las cosas las reconocemos por la forma antes que por la materia así sobreviva en esta relación la necesidad y anterioridad a la vez (55). Solo la mente de Dios esta por sobre la anterioridad o génesis de los nominales y las ideas que los constituyen en su materia y forma. La doctrina aristotélica del Hilemorfismo (56), si bien vemos la razón esencial de las cosas no podemos desconocer que por sobre su razón de ser y constituirse se encuentra la mente de Dios.  La razón de un todo es muy tentadora, pero sabemos que como creyentes la razón esencial de las formas y su materia es Dios Creador (57). Hoy se torna difícil tal concepción y su enemigo más sobresaliente es el carácter subjetivo del pensamiento filosófico que todo lo ha revalorado según las eras del pensamiento, aquí hacemos mención por ejemplo del postmodernismo, enfrenta la muerte de los conceptos totalitarios y la doctrina acogida en la escolástica esta en esa triste categoría por considerarla precisamente objetivista-totalitarista (58).  La forma en los cuerpos la consideró Descartes como extensión para significar con ello que todo aquello que posee extensión inicia y termina básica y fundamentalmente en donde la naturaleza del ser si lo determina por la limitación de sus funciones.  

APLICACIONES TEOLÓGICAS ACTUALES.

La discusión, aunque parece traída del tiempo al presente no indica con ello que no tenga sentido plantearla ahora como siglos antes. La discusión sobre los universales esta más viva que nunca y sin darse cuenta sus interlocutores, estamos en un medio cultural donde las ilustraciones de la realidad son efímeras y cada tiempo aparece algo que reclama ser lo último en escena, llámese moda, licores, diversiones, etc. De esta manera se roba la atención a la trascendencia y valores que auténticamente forjan al creyente en su expresión de Fe e interacción con sus hermanos. La presencia de doctrinas que buscan esclarecer el origen teórico de los elementos y su conceptualización posterior sin duda son de importancia vital ya que nosotros debemos dar razón coherente a cuanto procede de nuestro intelecto y la historia que forjamos cada día. Se requiere de una dialéctica y su epistemología correcta y a la altura de nuestras circunstancias. No es raro encontrar discursos sobre un Dios lejano que básicamente se recrea en explicaciones de índole científicas sobre el universo y la naturaleza humana. Tal nivel de antropización llega a nosotros degastando la praxis doctrinal de un Dios Creador y presente en su obra. Hoy descubrimos una variante dialéctica del gnosticismo que sostiene “el universo es el padre de todos y cada uno se integrará a ese todo que místicamente” (59) asume la forma de la paternidad ya elaborada por nosotros en la historia vivida. Para muchos no hay diferencia en buscar a Dios en la creación y encontrarlo dentro de nosotros mismos, que capacidad de abstracción es esa que relaja gravemente el orden establecido por la Fe que hemos recibido desde tiempos apostólicos. La interiorización doctrinal esta reclamando de nosotros coherencia en la vivencia de los postulados que hemos recibido en la inmersión regenerativa del santo Bautismo. Una imagen de Dios sin misticismo solo movido por un exacerbado naturalismo que lo hace único con su obra, y no Señor en la más absoluta trascendencia de su ser siempre perfecto en su total posesión. Aquí la contingencia no solo toca a los seres humanos sino a su pensamiento convirtiéndonos en emancipadores del derecho de autogobernarnos y para ello que mejor concepto que reducir a Dios a una mera expresión intelectual sin asidero en la realidad percibida. (60). Pues Dios está y estará por fuera de tales categorías que no son más que un falso concepto de origen en el polvo de las estrellas como sostienen algunos. Un naturalismo ue se desprende de la razón lógica de su origen hasta convertirse en un argumentador epistemología al margen de la relación de necesidad y contradicción para centrarse únicamente en la exposición de su sistema plagado de sofismas. Dialécticamente el principio Aristotélico de la “no contradicción” (61) aplica para la posible ambigüedad entre los seres y los entes abstractos y la posibilidad de ser uno de los dos y no ambos a la vez como indicando tal existencia en el mismo tiempo espacial. La extensión de los cuerpos no permite ni tan solo epistemológicamente hablando, él plantear una hipótesis de dos existencias conscientes (62).

Estamos pues impedidos para suponer que la génesis de todo lo creado brota de la comprensión intelectiva de nuestro análisis lógico-ontológico y metafísico-ontológico, (63) el lenguaje como sabemos expresa las categorías que hemos conocido y las palabras que hemos convertido en imágenes, no siempre de una aprehensión inmediata apriorística, sino que media la reflexión.  Pues los universales son desechados por considerarse meros y solo nombres, muchas veces arbitrarios de los objetos e incluso de los mismos entes. Si miramos el realismo conceptual encontramos que el tejido llamado realidad es un proceso por medio del cual la lógica como quehacer dialéctico-epistemológico se aplica a la realidad conceptuada como tal. Los particulares que se abren camino hacia la conceptualización Nominalista centran su existencia en el lenguaje lógico que compone nuestras imágenes como tejidos de la realidad, decíamos antes (64) … Nuestra teología debe y tiene el derecho de reciclar estas concepciones y dialécticamente producir una yuxtaposición con el concepto de la realidad redimida y ofrecerlo al mundo en imágenes activas de lo que profesamos y decimos creer abiertamente. El paso inmediato de tal postura inmanente es liberado por la lógica que argumentamos como lo que en sí creemos y hemos elaborado después de 2000 años de historia eclesial (65). La comprensión de esta lógica de índole teológica nos obliga positivamente a perfeccionar el discurso sobre la realidad que edificamos desde la Gracia como el motor que actúa en lo supra y en lo concreto de la materialidad de nuestras acciones, es decir, de su abarcante posibilidad de construir y redimir en un mismo acto amoroso de Dios, Dios nos ama y amándonos edifica en nosotros lo que nosotros podemos y debemos amar.

La postura teológica actual puede olvidar que la obra de Dios es perfecta por su fuente más no por nosotros sus depredadores, vivamos una expresión teológica que acuda a la fuente misma de la vida para valorarla y promoverla. El materialismo dialéctico puede y de hecho lo hace, convertir la obra de Dios en expresión de un cognoscitivo poder racional de la humanidad que percibe cuanto existe y le da forma. Pues ella como forma de vivientes no necesita el ser reconocida en categorías intelectivas para existir y mucho menos de ser vista subjetivamente mediante los fenómenos que esta produce, se trata pues de una visión más amplia que reconoce la comunión vital de todas las formas vivas con su Creador (66). La connotación de los vivientes se aglutina bajo la mano de Dios y su amor por ella, solo para citar un ejemplo de ello acudimos al Texto Sagrado de Tradición:

6. Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;7. tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido, 8. y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio,9. por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo.10. Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:11. riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.12. Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;13. destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;14. las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones (Salmo 65 versiculos 6-14). (67).

 Es un Dios amoroso que cuida de su obra como una bella extensión de su amor y no como quien obra y se desprende de lo obrado, Dios es fiel a su creación y amoroso para atender sus necesidades y para ello como sabemos estableció las leyes naturales, la causalidad, efecto, y contingencia de los seres vivos y los inertes. Es pues, la manera como la inmanencia brota de la necesidad misma de la obra de Dios para llegar a nosotros y nuestra limitada percepción de la materialización de la Bondad de nuestro Dios (68). Es importante reconocer la presencia de Dios en la historia paralela del ser humano y la naturaleza, es importante ver la mano de Dios y su total y necesaria Justificación para su obra, la creación no es dueña y soberana de si misma y nosotros tampoco, por esta razón, Dios presente sostiene segundo a segundo cuanto existe. De esta expresión decimos que el daño producido al medio ambiente es directamente al amor misericordioso de Dios que sostiene la vida en todas sus formas (69). La concepción de una historia pensada a partir del obrar humano se convirtió en esclavista de la vida al suponer su existencia a partir de la supra reflexión humana.

Si la percepción de la obra de Dios depende de nuestros sentidos y razón entonces el inmanentismo nuestro triunfará sobre el amor que dispuso todo en todos (70). Hoy las películas y en general el cine nos muestran como contrarios a la vida y destructores del planeta, cosa que no está muy alejada de la realidad si miramos el estado de los mares y suelos de los continentes y la depredación de todos los recursos para sostener una vida tecnológica y egocentrista como la estamos viviendo en el presente. Henos desplazado la necesidad del amor por el poder tener y dominar todo bajo nuestros pies, el señorío de la vida racional debe ser la primera defensora de todas las formas vivientes. Es pues la existencia una condición propia pero no innata en nosotros, es obra de Dios y su sabiduría no limitada por expresiones temporales como la nuestra (71).

La actualización critica de la noción de vida creada debe ser renovada ya que los vicios introducidos por la concepción de una obra siempre dispuesta a recibir el influjo de nuestra categoría racional permitieron que el paradigma creacional cambiará por la definición antropocentrista que exoneraba al ser humano de compromiso y responsabilidad en su defensa y cuidado (72). Con esta categoría de la admiración concienciada se quiere recuperar ante todo un dato común a toda la historia del pensamiento, que encuentra precisamente en la “admiración” el comienzo de toda conciencia que sabe percibir lo existente. Es la admiración que surge en el sujeto en el momento en que está presente a sí mismo en el acto de reflexionar y de descubrirse a sí mismo como un sujeto pensante, presente en la historia, en el mundo, como proyectador de sí y del mundo (73). Es la admiración la que le permite auto comprenderse como sujeto activo de la historia, por ser capaz de volver sobre sí mismo una vez que ha salido de sí para la averiguación y el conocimiento de lo real, la persona dueña de su condición racional percibe bajo la figura de su conciencia el acontecer de la vida y con ello se establece una relación  vital que nos une como parte de la vida que conocemos y de aquellas formas que sirven también  a nuestro  propósito existencial. Si el bautizado episcopal no se conoce así mismo ¿cómo obra de Dios entonces como este podrá reconocer a Dios y su Señorío vital? (74) La verdad de la obra de Dios no es una siempre especulación de nuestro pensamiento puesto en imágenes intelectivas o suposiciones para explicar lo que no se conoce, es más que ello es la auto relación y auto conocimiento necesarios para caminar de la mano con otros seres vivos.  no es incondicionalmente científica; sin embargo, la teología cristiana tradicionalmente se entiende y organiza preferentemente al estilo de una ciencia (apoyándose en diversos conceptos científicos, aunque con competencia teórico-científica propia). Mas no es una ciencia basada en principios de razón (secundum rationem), sino una ciencia que parte de los principios de la revelación bíblico-cristiana (secundum revelationem), y por tanto una ciencia de 1a fe. Tiene a la Fe cristiana (y primordialmente a la palabra de Dios en la fe cristiana) como base, como objeto y como fin de su quehacer científico, que debe seguir en sus métodos las reglas de un discurso racional si quiere adquirir el carácter de ciencia. La expresión ciencia de la Fe (scientia fidei) como designación de la teología cristiana no se refiere primariamente a la relación de la fe cristiana con las ciencias ni indica el influjo de la fe en las ciencias, sino el carácter originariamente científico, cientiforme, de la autorreflexión y auto articulación de la Fe cristiana. Por eso en el concepto mismo de ciencia de la Fe se condensan tensiones irreductibles, pero absolutamente fecundas, entre revelación y razón, Fe y saber, religión y ciencia (verdad religiosa y método científico), y por lo mismo también entre eclesialidad y libertad de la investigación teológica, ambas esenciales para la teología, aunque en un sentido muy preciso (75).

Por supuesto, los vínculos provenientes de la nota de su eclesialidad científico-teórica se mantienen y se los puede urgir. Además, la autoridad de la Iglesia puede también tomar disposiciones en cuestiones de la praxis científica que tienden a obtener la “obediencia religiosa”. Asimismo, de lo dicho antes sobre la normatividad de la palabra de Dios, por una parte, y de la naturaleza de la ciencia, por otra, se deduce la existencia de ciertos límites internos (76).


ANÁLISIS DEL TEXTO CITADO COMO FUENTE.

Solo mediante la conciencia y su ejercicio de reconocimiento explicita el valor intrínseco de la vida en todas sus formas, solo en la praxis de la razón el ser humano se hace parte del todo existencia y logra individualizar su ser en actitud de relación con el Dios viviente. Desde la perspectiva de una relación en los parámetros dialécticos y naturales de causa y efecto podemos nosotros sentir tanto el origen como el quehacer de la existencia compartida. La revelación como principio no es ajeno al principio racional por medio del cual es percibida y configurada como praxis por los bautizados (77).

 La lógica en el discurso nos dice detenidamente que la intelección de los fenómenos naturales reconoce un principio antecesor a la misma praxis racional que es la causalidad por medio de la cual la obra de Dios es una Vestigia de su Creador (78).  El estatuto creacional es definido por el antecedente primordial que es su Creador. Este antecedente inmanente en cuanto a su estatuto nos otorga un lugar tanto en lo material de su obra como en lo espiritual de su Reino. Es pues, la creación una antesala a la gloria misma de Dios por parte de nosotros sus hijos adoptivos. Pues tal finalidad implícita en lo crudo supone un estatuto de Gracia para lograrlo que mecánicamente se recrea en la perfección de los procesos por los cuales las leyes naturales actúan en el universo.

Los nominales son en concreto y concreción intelectiva la obra misma de Dios que brota de su sabiduría y posesión plena, total y totalizante de su Ser Dios. Nuestro conocimiento científico brota de la experiencia de los distintos fenómenos consecutivos en la creación y no solo en la razón y lógica de nuestro pensamiento, luego la ciencia describe la lógica viva en los organismos y fenómenos y tal descripción habla radicalmente de la presencia de su Creador (79).

Un método científico que no se aparta de la primicia de la existencia de un Dios Creador que entrega de su vestigio o imagen un adelanto vivo y perfecto en su obra en el tiempo, es una causalidad pura que en el tiempo actúe quien esta fuera de este. ¿Cabe tomar como científica la explicación darwinista de la evolución de las especies? Recordemos que esta teoría explicaba la evolución como mero fruto de mutaciones genéticas fortuitas, consolidadas por la selección natural que elige aquellos cambios beneficiosos para la supervivencia del organismo. Los defensores del Diseño Inteligente se atreven a afirmar que ese principio darwinista tiene mucho más de postulado ideológico que de teoría científica. ¿Cabe recurrir a la casualidad cuando nos enfrentamos a una extraordinaria complejidad en los distintos organismos de la naturaleza? Michael Denton, conocido biólogo molecular, señala que la complejidad de la ordenación de los aminoácidos en una macro proteína es tan abrumadora, que la probabilidad de su formación por puro azar, es prácticamente nula. Sería tanto como pensar que la voluminosa novela de El Quijote de Cervantes haya sido escrita, con puntos y comas, por una combinación casual de letras, sin necesidad de que una inteligencia humana haya intervenido para redactarla. ¿Habría alguien capaz de creer tal cosa? Sin embargo, el cálculo de probabilidades de que una casualidad así llegara a producirse, es mínimo en comparación con el que se necesitaría para que este mundo hubiese sido producto de una evolución ciega. Tengamos en cuenta que se calcula que el Bing-Bang pudo tener lugar hace 15.000 millones de años; y que, por lo tanto, el número de oportunidades de alcanzar el orden actual no puede ser infinito.

En cualquier caso, el gran logro del Diseño Inteligente ha sido el de resistirse ante uno de los mitos de nuestro tiempo: la teoría darwinista. La casualidad no existe. La casualidad es el nombre que damos a nuestra ignorancia. Más que casualidad, lo que existe es “causalidad”. El revuelo en torno a la sentencia judicial de Pensilvania no es más que un intento de sofocar la rebelión iniciada contra uno de los mitos contemporáneos. Cayó el mito de la profecía marxista, está herido de muerte el de la psicología freudiana, la crisis actual de natalidad reduce a mero alarmismo el mito malthusiano, ahora le toca el turno a Darwin... ¿Es esto irracional? ¿O no será irracional, más bien, el llamar azar a nuestra ignorancia? (80).

El arquetipo del diseño cristiano es la mente de Dios y no la naturaleza que es ante toda consideración obra en el tiempo y por ende compuesta de materia y forma (81). Lo importante de resaltar es el valor de la ciencia por adelantar las investigaciones y generar con ello un campo enriquecido para la discusión y planteamiento de hipótesis que afirman la soberanía de un orden que supera el natural.  El diseño de los organismos basado en sus funciones es natural y corresponde también a su fisiología y nosotros como organismo viviente también podemos definir los procesos por medio de los cuales generamos la vida y la sostenemos.  La sabiduría esta presente también en los medios por medio de los cuales los organismos se reproducen haciendo de ello un proceso natural y necesario para la existencia sin que aquí medie distinción alguna según el grado de perfección de los organismos. La conciencia historia por el contrario nos obliga a responder de manera coherente con la vida en sus formas no humanas viviendo por medio de su accionar el cúmulo de necesidades satisfechas que no pueden implicar dominio sordo y mudo sobre la obra de Dios. Los seres vivientes tienen un Dios que cuida de ellos como lo hace de nosotros, luego, el vinculo es una especie de parentesco real en cuanto a las razones y funciones para conservarla vida como expresión amorosa de Dios Creador (82).



HACIA UNA REFLEXIÓN CREACIONISTA DE LA OBRA DE DIOS Y LOS NOMINALES PRESENTES EN ELLA.


Para asumir y dilucidar sobre el tema en cuestión es necesario a nuestro parecer presentar nuestra Tesis sobre la vida y su origen desde nuestra perspectiva de Fe y Trascendencia. Para nuestra exposición partiremos desde la “construcción simbólica de los relatos del Libro del Génesis” donde en el primer capítulo se describe el “paso a paso” en un contraste que describe la realidad Creada en un tiempo curiosamente no definido como tal sino marcado por días de los cuales no hay certeza de su variación como duración, es pues plausible hablar de un Tiempo cuántico. En la “mecánica cuántica” el tiempo no es lineal o solo en una dirección, en el modelo de esta teoría o Hipótesis el tiempo corre tanto al pasado como al presente bien lo podríamos usar para aproximarnos a una obra especialísima de Dios que definimos como Creación. Puesto que sus pilares son la Acción de la Voluntad de Dios que en su Mente genera las ideas de cuanto existe y al pensarlas obra en sí la Creación (principio nominalista cristiano) en síntesis la Vida como la conocemos es fruto de la Evolución cuya Potencia como Acto se encuentra en la Mente de Dios, luego Dios es el Creador en un momento puntual desglosado en la Historia de la Creación.  Es decir en la Inclusión Tiempo-espacial  o como prefieren muchas personas Creó de la nada cuanto existe… Retornando a la cuestión anterior, el Pentateuco o Torá  en su primer Libro (Genesis) inicia con la presencia de Dios  en la caótica tierra, es el comienzo de la simbología por medio de la cual la presencia sistemática de Dios ordena tanto los eventos como lo Creados según el grado de su Dignidad esencial, por esta razón o principio la vida o existencia humana es puesta en el último escalón creacionista… (82).

  Sobresaliendo por los dones y gracias preternaturales que Dios informa al alma y Espíritu racional del ser humano. Esta habilidad da fundamento a su posterior reflexión sobre su origen (potencia) es decir, la posibilidad de que el tiempo opere es inexacta desde la naturaleza de la revelación de nuestra postura Creacionista, pero si desde la perspectiva de la Evolución bajo la Bendición de Dios que explicita la creación en las categorías cognoscibles y aprehensibles para nosotros. En este panorama el relato cobra aun mayor fuerza puesto que se cumple su Intención de ubicar a Dios en la centralidad del mismo como inicia precisamente el Génesis: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un Viento de Dios aleteaba por encima de las aguas este relato se atribuye a la Tradición Sacerdotal (cuya data en tiempo la veremos más adelante) el Viento es una alusión directa a la presencia de Dios que se hace Total y Totalizante en busca de una finalidad, en este segmento el orden de la obra de su creación. Cabe señalar que es una simbología primitiva, arcaica en cuanto a los estilos y maneras de comunicar su mensaje (argumento ingenuo si se quiere) pero de una marcada profundidad teológica al suponer la Preexistencia de Dios por sobre la materia. En cuanto al “caos y confusión” es una alusión de carácter Metafísico al señalar que la oscuridad y la confusión no serán parte del ser creado ya que si bien existe su noción se debe a la ausencia pasajera de su Estética la misma que solo la proporciona la Mente de Dios y su Pensamiento Perfectísimo. Luego la primera cualidad que resulta de la visualización en Potencia de la obra de Dios es la armonía que supone ausencia de caos y confusión como indicará en lo sucesivo el relato. (83).

 Los cielos y la tierra son en si la definición del orden que Dios determina para su obra la misma que no es arbitraria sino pensada y expresada en su Voluntad. Es importante que consideremos que la obra de la Creación parte de la “nada” es decir, de la ausencia de materia y posterior forma ya que solo Dios obra así haciendo literalmente que todo brote de la Nada, estamos enfocando la cuestión para que en esta perspectiva podamos introducir el concepto de una Creación EXNIHILO  puesto que la Creación es un “comienzo absoluto” y nada existe antes que ella es decir, no es preexistente (a diferencia del modelo clásico) para fundamentar la exposición de la Creación de la nada partimos de (2 Macabeos capítulo  7 versiculo 28) miremos el Texto: “Te ruego hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios”. Podemos acudir a (Isaías capítulo 44 versiculo 24) exaltando la Omnipotencia de Dios: “Así dice Yahveh tu redentor, el que te formó desde el seno, Yo Yahveh, lo he hecho todo, Yo solo, extendí los cielos. Yo asenté la tierra, sin ayuda alguna” …   El Texto Inspirado establece una concordancia en cuanto a los Nominales Predicados del Padre (Yahveh) que son indispensables en la composición de una Cosmovisión donde solo Dios Es el que Es como Creador y Señor de la vida como de la historia. Este señalamiento nos muestra la fuerte convicción de Fe de estas personas y sus nociones sobre el origen de su propia existencia estableciendo un Señorío puntual de Dios sobre ellos y sus familias como también sobre su Pueblo (Isaías capítulo 45 versiculos 6-7) en la misma dirección mirando el ultimo relato del (Genesis) sobre la Creación encontramos la aparición del ser humano (1,26) Hagamos al ser humano, a nuestra imagen como semejanza nuestra… El texto se contextualiza en el Plural de la Humanidad, el relato continuo y la “Autoridad” entregada al ser humano no descansa sobre una u otra persona en particular sino sobre el colectivo humanidad al punto de describir este dominio como parte de la obra de Dios lo que sin duda alguna comporta una gran responsabilidad del ser humano sobre la obra de Dios. El autor inspirado cuando nos habla sobre Imagen deja fuera la noción de Igualdad que podría suponer la “exactitud de referencia de la Imagen con respecto al ser humano”. La imagen la resumimos en las cualidades que el ser humano posee y que sin duda son constitutivos de su ser persona donde la naturaleza es en grado similar en cuanto a cualidades más no lo supone en la dirección de su origen (Singular- Inteligencia- afecto- Voluntad) son solo algunos de los componentes que implica el Ser Persona Humana. Para resumir la referencia es posible en cuanto a la participación en la Gracia que nos dispone a la vida sobrenatural y por ende a la trascendencia: “Señor nos hiciste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.  Hiponense. (84).

La segunda alusión a la Creación de la humanidad emplea términos menos formales para descansar sobre la necesidad lógica de perpetuar la especie como cualquier otro ser vivo.  El Código Sacerdotal que compone toda una liturgia para establecer el orden de la Creación. Mientras que el Yahvista asoma dejando a salvo la Majestad de Dios cuidándose de no emplear termino alguno relativo a la Divinidad que pudiera descansar sobre la humanidad, miremos: Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a Imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó.  pero sobre todo a partir del (Capitulo 2). Dios establece un orden y pide al ser humano ser coherente con su plan de vida el cual dignificará grandemente la más excelsa de sus creaciones la humanidad.  La creación en la visión de este Pueblo (hebreo) marca el inicio de una nueva era donde el orden y la armonía simbolizada en la luz creada por Dios.  Esta nueva era está relacionada con la futura redención en la que el amor de Dios se manifestará no solo como Creador sino y sobre todo como el gran conservador de su Obra. Las aguas en el relato creacionista son símbolo del desorden reinante en el mundo que clama por ser ordenado y recuperar así la finalidad por la cual fue creado… La creación es vista como el comienzo absoluto y del que el ser humano tendrá conciencia de ser parte de ella. El utilitarismo al que la creación viene siendo sometida por parte el ser humano y su depredación total es también consecuencia del pecado introducido posteriormente por Adán y Eva. Es bueno tener presente que en un principio no hablamos de pecado sino de la necesidad del orden para manifestar con ello que la presencia de Dios es en si el orden total y totalizante como signo vivo de su Perfección absoluta. Dijo Dios tácitamente le añade a la Creación el carácter de acto por parte de Dios que de su Voluntad opera cuanto fue necesario para la existencia de todo. Esta introducción nos muestra que en cuanto al orden prima la Acción Volitiva por medio de la cual Dios llamó lo que no era para que fuese y lo que no existía para que existiera. (86).

El nombre de los astros es omitido intencionalmente, recordemos que en los pueblos vecinos y en general la antigüedad eran considerados divinidades (Sol, luna, estrellas, meteoritos) es la intención del autor inspirado asegurar la total relación de lo Natural y Sobrenatural con Dios su Creador. El Génesis está muy interesado en establecer diferencia con respecto a la carne que se convierte en el vehículo por antonomasia de la vida natural y el ser humano cuya existencia biológica está animada por la presencia de Soma o referencia unidireccional al espíritu, tanto la racionalidad como el alma. De esta forma queda claro la diferencia sustancial entre las especies con la humana, sin descartar las palabras posteriores del Hiponense sobre el tema: “Algunas especies animales poseen participación en alguna medida del alito de vida del ser humano y por ende de algún grado de racionalidad o inteligencia “ (87) , sin duda muy adelantado a su época cuando ya está demostrado que en la naturaleza algunas especies poseen inteligencia en alguna medida comparada con ciertos estadios de nuestra evolución—contemporaneidad--. Esta Gradación de los seres vivos nos permite asumir que la presencia de las leyes naturales no es arbitraria sino necesaria en la conservación de la vida en todas sus formas. El ser humano desarrolla una concepción muy particular sobre la valía de su existencia al unirla con la trascendencia y convertirla en fruto de la intervención de Dios. Nuestra conciencia de la eternidad nos lleva a asumir un rol en la sociedad y el cual se instrumentaliza en la perspectiva salvífica. El Génesis tiene dos intereses compartidos el primero de ellos sin duda es la exposición comprensible de la Imagen de Dios Creador y Señor Soberano de su obra (precisamente el primer pecado u original) consiste en la Soberbia que atenta contra esta soberanía esencial de Dios por ser la Causa Eficiente y Formal de la Creación. (85).

 La referencia del  ser humano es su origen divino y también en la primera gran paradoja de la especie humana su castigo al doblegarse delante de otras opciones que no son Dios o explicitadas por este (Genesis capítulo  3 y ss) La serpiente era el más astuto de los animales (inicio de este capítulo) desde luego en su simbología es un “disfraz” de un ser hostil a Dios  asunto que más tarde en el (N.T) tomará la identidad nominal o “diablo” (Job capítulo  1 versiculo 6) ese enemigo de la obra y su perfección (sería mucho elevarlo a la categoría de enemigo de Dios) por lo que simplemente lo designaremos como lo hicieron los santos PP. De la Iglesia y especialmente el Hiponense como “ausente de identidad esencial” y por ende producto de lo que en si contradice el bien o mejor aún como ausencia de bien… Esta ausencia es sustancialmente el vacío de no poder ir en pos de la Perfección a la que la obra fue llamada (tampoco el diablo quiere estar solo y busca siempre quien le acompañe en su eterna frustración). El Texto hebreo es claro a la hora de indicar esta rivalidad matizada por la inclusión antropológica comprensible que habla de la relación entre criaturas de Dios pero que existe contradicción en el ejercicio de su Opción Fundamental por su Creador, superando el Eufemismo, estamos hablando de la humanidad representada en la mujer y el mal en la figura descrita en el (Capitulo  3) y que llega a (3,15) para contextualizarnos tengamos presente que la “serpiente” es un animal venerado en muchas culturas y es tomado como signo de trascendencia y ocultismo (como  los felinos y grandes reptiles en la época de los faraones en Egipto) la serpiente es un animal enigmático que se mueve sin extremidades inferiores que olfatea empleando su legua bífida, que al cazar puede alimentarse cada mes o incluso cada tres meses y más gracias a su metabolismo, son solo algunas condiciones que hacen de este animalito un atractivo referente de los sobrenatural, solo para citar un ejemplo  Quetzalcóatl es el dios serpiente emplumada de los Aztecas en la cultura Mesoamericana (México actual y gran parte de Centro América). El segundo punto lo referimos a la condición sobrenatural del origen del ser humano, es decir, que la humanidad es fruto de una muy personal intervención de Dios sin descartar que el Todopoderoso está presente en su Creación y la convierte en una huella de su accionar salvífico. Dios crea al ser humano para la trascendencia y le da una serie de gracias que son en sí sustanciales a nuestra Naturaleza la que a la vez está informada por su amor y misericordia. La vida está destinada a la trascendencia y nosotros a supererogar la limitación del pecado original. Cada uno de nosotros es creado en el tiempo y destinado a la total ausencia el mismo como signo de perfección, puesto que la muerte se introduce como consecuencia del tiempo y este por el pecado.    Lo anterior configura cada célula de nuestro ser biológico, pero está sometido al imperio de la redención solo que en este mundo es imposible por definición y naturaleza emparentar la carne mortal con la eternidad (88).

·        La vida en todas sus formas es fruto de la intervención de Dios y particularmente el ser humano se constituye en su obra por excelencia, es decir, dotados de atributos y cualidades que tienen su origen en la presencia de Dios y su Amor personal por cada uno de nosotros.
·        Reflexión a la luz del Salmo 8.
·        Cada ser humano es un universo. Platón
·        Cada ser humano es una cada-unada. Psicología moderna.
·        La vida es sagrada porque se constituye en una vestigia de Dios Creador particularmente la existencia humana.
·        Genesis capítulo 1 versiculo 26 Dios es el Creador de la humanidad y le imprime el carácter de su Imagen y lo dota de cualidades que se convierten en su semejanza.
·        La vida es:
·        Creada
·        Evolucionada
·        Agraciada
·        Inalienable
·        Insustituible
·        In-depreciable
·        In-cuestionable
·        Naturaleza vital
·        Sustancia del Amor del Creador
·        Dotada de Atributos
·        Configurada
·        Histórica
·        Incalculable
·        Con propósito
·        Dinámica
·        Innovadora
·        Proclive a la Gracia
·        Se santifica
·         Se bendice y es bendecida
·        Racional
·        Biológica
·        Concreta
·        Categórica
·        Sublime
·        Trascendente
·        Asociada
·        Meritoria
·        Don de dones entre nosotros preciosa
·        Metafísica
·        Ontológica
·        Redimida
·        Restaurada
·        Sanada
·        Liberada
·        Edificada
·        Templo del Dios viviente (humanidad) (89).
·        Inviolabilidad de su dignidad
·        La vida está ligada a la Historia de la Salvación
·        La vida humana es amada personalmente por Dios
·        Somos el fruto de la comunicación amorosa de las Procesiones Intra-Trinitarias siendo la vida digna y receptáculo de Dios lo que sin duda la hace Sagrada
·        LA VIDA NO TIENE EQUIVALENTE POR LO TANTO TAMPOCO A ELLA PUEDE SER APLICADA LA CATEGORÍA DE PRECIO O VALOR MATERIAL.
·        Toda acción contra la vida es inmoral
·        Los DD-HH como expresión de la vida son absolutos y no existe sobre ellos peso limitante que pueda pervertir su naturaleza
·        El ser humano no puede ni podrá ser tratado como una “cosa o artículo” puesto que posee personalidad y conciencia de sí mismo. El ser humano es digno por definición.
·        Una persona es más valiosa que todos los Universales.
·        El ser humano como criatura posee valores y cualidades axiológicas que son en sí Universales.
·        La praxis del Amor es absoluto en cada uno de nosotros
·        La vida humana biológicamente es similar a otras especies no humanas, pero se distingue por la capacidad de actuar y delinear su carácter a partir de la Conciencia que posee sobre sí mismo y sobre su espacio vital o entorno somático que conjuga el valor de lo espiritual y material en su ser consciente.
·        El Acto Humano es consecuencia de los atributos y cualidades que definen íntegramente la existencia humana. Somos dueños de nuestros actos por ser Persona Racional de Naturaleza Singular.

·        El agradecimiento
·        El perdón
·        La fraternidad
·        La felicidad (90).

Son algunos de los elementos que constituyen la exposición de nuestro contenido Moral permitiendo a la humanidad el desarrollo de los componentes de su Ser Social por Antonomasia. La libertad se expresa no solo como un atributo de la existencia humana sino y sobre toda consideración como el ejercicio de su esencia y racionalidad puesto que la persona humana no tiene estadios evolutivos sobre su valía, sino que a pesar del pecado somos y seremos lo que la Gracia transforma, pero aun esta parte del recurso precioso que supone nuestra existencia. La libertad es por ende consecuencia de nuestra naturaleza singular y aterriza en la categoría optativa que define el proceder de cada uno de nosotros. El Acto Humano no es proporcional a nuestra libertad es la expresión de esta. La dignidad y origen Divino de nuestra vida está asegurada sin necesidad de establecer diferencias entre la vida creada y la engendrada puesto que la segunda forma no es independiente de la primera (91). El ser humano puede ser considerado como Cocreador al poseer en si la naturaleza para perpetuar su especie sin que ello implique la exactitud metafísica de su capacidad de Engendrar ya que sobrevive al acto de engendrar la naturaleza Singular que es comunicada independientemente del parecer humano. La información de la vida humana es biológicamente compartida el Don de ser Persona es fruto solo de la Voluntad de Dios, con ello estamos afirmando que no depende de nosotros el comunicar la sustentabilidad esencial de nuestra especie…  El amor como proceder y expresión de lo trascendente en nosotros une por así decirlo lo natural como sobrenatural que unimos a nuestra racionalidad. La persona en la dignidad de su vida asume la historia como parte activa de su proceder y une todos sus momentos con las causas y consecuencias que se generan de su praxis, somos seres históricos y cada uno posee no solo una noción del pasado como el presente sino un espíritu deseoso siempre de luchar y ser dueño de su Porvenir (92). El cielo es el referente temático que condiciona nuestras aproximaciones a la trascendencia y desde la antigüedad su manifestación física creó gran cantidad de imaginarios sobre el “lugar de la divinidad” hasta convertirlo en un anhelo de vida.

El Renacimiento nos definió como un Microcosmos y nos hizo componer de los elementos que estructuran el Universo ampliando así la materia de nuestro origen y la Sustancia de nuestro existir racional (93). Somos parte de un todo y como tal no podemos sustraernos al ejercicio de serlo y agradecer al Creador por escogeré esta forma de vida y recrearla en su Mente Perfectísima. La sacralidad de la vida no es un simple enunciado de ribetes dogmáticos, es la manifestación de una conciencia que se reconoce Creada. Nuestra única opción es paradójicamente retornar a donde se originó todo, es decir, al corazón de Dios. El Libro del Génesis tiene una finalidad bien definida y busca precisamente aterrizar lo que el ser humano interpreta como su origen al saber que la Ciencia con toda su sabiduría no puede dar vida y menos racionalizarla como entenderla plenamente. La Ciencia es parte de la revelación de Dios y su Voluntad Santísima. El ser humano como creación encarna la comunicación a Extra del amor de Dios y sus Procesiones Trinitarias, Dios nos creó por amor y solo amor es lenguaje en su Creación… El ser humano sublima y eleva el amor al vínculo de la generación de la vida (el sexo materializa el amor esponsal).  Y se convierte en principio singular de la Creación.  El sexo no es solo pasión, el sexo es comunicación esencial de la especie humana (94).
 

CIBERGRAFÍA Y ARTICULOS, FUENTES.


1-      Nota del autor.
2-      El análisis lógico del lenguaje no constituye un estudio reciente y superfluo, sino que tiene larga tradición en el campo filosófico. A lo largo de la historia los análisis lógicos se han ido haciendo más profundos y estructurados, de manera que se ha consolidado como una ciencia válida para la estructuración del pensamiento, de manera que ha tenido un lugar fundante en la filosofía.
3-      Realismo: Acepta los entes abstractos y los materiales.
4-      Guillermo de Ockham Filósofo escolástico y escritor polémico del siglo catorce, nacido en o cerca del pueblo de Ockham en Surrey, Inglaterra, aproximadamente en el 1280; probablemente murió en Munich, alrededor del 1349. Se dice que estudio en la Universidad de Merton, Oxford, y tuvo a Juan Duns Scotto por maestro. A temprana edad entró en la Orden Franciscana. Hacia el 1310 fue a París dónde puede haber tenido a Scotto una vez más por maestro. Aproximadamente en el 1320 se desempeñó como profesor (magister) en la Universidad de París. Durante esta porción de su carrera compuso sus trabajos sobre física aristotélica y lógica. En 1323 él resignó su silla en la universidad para consagrarse a la política eclesiástica.
5-      Nota del autor.
6-      Nota del autor.
7-      Nota del autor.
8-      <nota del autor.
9-      Nota del autor.
10-  Nota del autor.
11-  Nota del autor.
12-  Nota del autor.
13-  Pedro Abelardo. Polemista, filósofo y teólogo, nacido en 1079; muerto en 1142. Pedro Abelardo (también escrito Abeillard, Abailard, etc., mientras que los mejores manuscritos ponen Abaelardus) nació en la pequeña aldea de Pallet, a unas diez millas al este de Nantes, en Bretaña. Su padre, Berengario, era el señor de la aldea, su madre se llamaba Lucía; ambos abrazaron más tarde el estado monástico. Pedro, el mayor de sus hijos, estaba destinado a la carrera militar, pero como él mismo nos cuenta, abandonó a Marte por Minerva, la profesión de las armas por la del saber. Así pues, a temprana edad, dejó el castillo de su padre y buscó instrucción como estudiante itinerante en las escuelas de los más renombrados maestros de aquellos días. Entre esos maestros estaba Roscelin el Nominalista, en cuya escuela de Locmenach, cerca de Vannes, Abelardo pasó con seguridad algún tiempo antes de continuar a París. Aunque la Universidad de París no existió como institución organizada hasta más de medio siglo después de la muerte de Abelardo, florecían en su época en París la Escuela de la Catedral, la Escuela de Ste. Geneviève, y la de St. Germain des Prés, las precursoras de las escuelas universitarias del siglo siguiente. https://filosofatuexistencia.wordpress.com › 2017/05/11 › Pedro-Abelardo-.
14-  Nota del autor.
15-  Nota del autor.
16-  Nota del autor.
17-  Nota del autor.
18-  Nota del autor.
19-  Acto Puro: Que no posee compuestos.
20-  Nota del autor. Seguimos el pensamiento Agustiniano sobre el problema de los universales y su meta-reflexión en el contexto idiomático de los particulares, ejemplo vivo del Nominalismo cristiano.
21-  Nota del autor.
22-  Nota del autor.
23-  Nota del autor.
24-  Nota del autor.
25-  Nota del autor.
26-  Nota del autor.
27-  Summa Theologiae, 1 q33 a1. 28- Metafísica/ 29-           J. de Finance, Connaissancedel´étre, Traitéd´Ontologie/ 29-       J. de Finance, Connaissancedel´étre, Traitéd´Ontologie… http://es.catholic.net/op/articulos/13913/causa.html
28-  Nota del autor.
29-  Nota del autor.
30-  Nota del autor
31-  Nota del autor. Plotino (203-269), que se caracteriza por un fuerte rasgo monístico: el uno es la primera hipóstasis, la razón suprema y el origen primero de todo ente y, a la vez, como idéntico con el bien, el fundamento y fin universal de todo movimiento del ente. Como absolutamente simple es transcendente respecto de la multiplicidad de los entes, y está también más allá del pensamiento, pues la reflexión sobre sí mismo pondría en él una diferencia y, por tanto, una multiplicidad; es nada de todo lo que viene de él y, por tanto, está fuera de él. Puesto que no es «ningún ente», por su esencia sólo se hace cognoscible y enunciable via negativa para el pensamiento humano, marcado por la pluralidad y la finitud. Sin embargo, a pesar de su transcendencia, el Uno es el fundamento de la existencia que opera en todo ente («está en todas partes y en ninguna») y hace posible el retorno inteligible desde la variedad a su fuente originaria.
32-  Nota del autor.
33-  Nota del autor.
34-  RENATO DESCARTES: Filósofo y científico, nacido en La Haye Francia, 31 de marzo, 1596, muerto en Estocolmo, Suecia, 11 febrero 1650. Estudió en el colegio de los Jesuitas de La Fléche, una de las escuelas más importante de la época. En 1613 se traslada a París, entra en contacto con el P. Mersenne, O.F.M. y establece amistad con el matemático Mydroge. Se alista en el ejército de Maurice de Nassau y, del Duque de Bavaria. El 10 de noviembre, 1619, experimentó un fuerte impulso que le llevó a abandonar sus prejuicios de la niñez y de su entorno, y a dedicar su vida a la restauración del conocimiento humano, que estaba entonces en decadencia, para él esta misión adquiere una impronta mística.
35-  Nota del autor.
36-  Nota del autor.
37-  Nota del autor.
38-  Nota del autor.
39-  Nota del autor.
40-  Nota del autor.
41-  Nota del autor.
42-  Nota del autor.
43-  Nota del autor.
44-  Nota del autor.
45-  Nota del autor.
46-  Nota del autor.
47-  Nota del autor.
48-  Nota del autor.
49-  Nota del autor.
50-  Nota del autor.
51-  Nota del autor.
52-  Nota del autor.
53-  Nota del autor.
54-  Nota del autor. Reconocer en el otro las diferencias y el derecho esencial que posee en su naturaleza para serlo.
55-  Nota del autor.
56-  Hilemorfismo: constituye una parte esencial de la doctrina aristotélica sobre el ser; en efecto, se desprende inmediatamente de la doctrina del acto y de la potencia. A raíz de observaciones cotidianas, Aristóteles llega a esa visión de la unidad de las cosas en medio de un doble elemento. A cada paso podemos observar transformaciones: p. ej., en el terreno del arte, un bloque de mármol se transforma en una estatua; en el terreno de la naturaleza, el agua se convierte en «aire». Pero, como tales transformaciones, no son una creación, completamente nueva, o una aniquilación, pues, evidentemente, siempre hay en ellas algo que existe previamente o que permanece; consecuentemente, en todo cambio debe haber un substrato común a las cosas que se mantiene permanentemente. Esta materia prima es en sí misma completamente indeterminada y sólo recibe su determinación por la forma correspondiente y la causa configurante, que la hacen ser este o aquel cuerpo. Aristóteles llega a la misma conclusión a base de una reflexión sobre el juicio. Siempre se predica alguna cosa de algo. Y también aquí todas las afirmaciones deben tener como fundamento un último substrato, completamente indeterminado, que en sí mismo es pura indeterminación, pero se halla en potencia respecto de todas las posibles determinaciones (formas).
57-  Nota del autor.
58-  Nota del autor.
59-  Nota del autor.
60-  Nota del autor.
61-  Nota del autor.
62-  Nota del autor.
63-  Nota del autor.
64-  Nota del autor.
65-  Nota del autor.
66-  Nota del autor.
68-  Nota del autor.
69-  Nota del autor.
70-  Nota del autor.
71-  Nota del autor.
72-  Nota del autor.
74-  Nota del autor.
76-  Nota del autor.
77-  Nota del autor.
78-  Nota del autor.
79-  Nota del autor.
81-  Nota del autor.
84-  Nota del autor.
85-  Nota del autor.
86-  ATENTADOS   CONTRA   LA VIDA SUBLIME DE   LA   ESPECIE   HUMANA.   PRIMERA PARTE DE TRES. DELIMITACIÓN Y CONTEXTO. http://cristoeseltema.blogspot.com/2017/01/atentados-contra-la-vida-sublime.html
87-  <<<<<nota del autor.
88-  Nota del autor.
89-  Nota del autor.
90-  Nota del autor.
91-  Nota del autor.
92-  Nota del autor.
93-  Nota del autor.


           



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